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01/09/21
Crece la necesidad de Trabajo, Tierra, Techo, Salud y Educación
Por Sergio Ortiz

No todas son pálidas en la Argentina golpeada por la pandemia y antes y durante esa crisis sanitaria por las políticas del imperio y los monopolios, en particular en los cuatro años de sus representantes políticos en el gobierno (2015-2019).

MEJOR DOS DOSIS

No todas son pálidas en la Argentina golpeada por la pandemia y antes y durante esa crisis sanitaria por las políticas del imperio y los monopolios, en particular en los cuatro años de sus representantes políticos en el gobierno (2015-2019). Los datos del último sábado, donde los contagios fueron 3.725 casos y las muertes 54, consolidaron una caída apreciable en esa estadística de la que la gente está tan pendiente como de la inflación mensual.

Es alentadora aquella baja (no ésta, que sigue en el 3 por ciento mensual). El mejoramiento de la situación sanitaria tampoco fue magia. Es el resultado del cuidado de la gran mayoría de la población, que no festejó cumpleaños en los tramos más duros del 2020.

Y también es fruto de la campaña de vacunación, porque hay 30 por ciento de población vacunada con las dos dosis. Si bien no se cumplió exactamente el plan del ministerio de Salud de Carla Vizzotti, de que el mes de los vientos sería el de la segunda dosis, sí se ha avanzado. Las demoras no fueron responsabilidad del gobierno nacional ni de los provinciales, en lo esencial, sino de los laboratorios, de un cumplimiento laxo de los contratos firmados y en buena medida pagados.

No hay que relajarse ni bajar la guardia frente a la variante Delta, si bien hasta ahora ha tenido poca circulación. Además no hay mucho para festejar, porque los 5.171.458 argentinos y argentinas contagiadas y el recuerdo de los 11.324 fallecidos nos lo reprocharían, con toda razón.

Además de seguir cuidándose y vacunándose a mayor velocidad, hay tres conclusiones políticas sobre esta batalla sanitaria y para que otras pandemias nos encuentren en mejor situación.

La primera es que nunca más se debe admitir un ajuste neoliberal en Salud, su ministerio, sus planteles y salarios de médicos y personal de Salud, hospitales e insumos, etc. Sería muy estúpido tropezar dos veces con la misma piedra macrista.

La segunda es que el país debe tener sus vacunas, nacionales y producidas por el Estado, no por monopolios privados asociados a multinacionales (caso de Insud subordinado a AstraZeneca). Vacunas pensadas, probadas y fabricadas por los investigadores del Conicet, Hemoderivados, Universidades nacionales y un laboratorio estatal a crearse urgente. Hubo y hay proyectos en marcha con científicos del Conicet, pero el Estado y el gobierno del FdT no les dieron suficiente apoyo ni presupuesto, con la antelación suficiente.

La tercera necesidad es un nuevo sistema integrado de Salud, donde el sector público sea hegemónico y no las prepagas dirigidas por Swiss Medical. Podrá haber un segmento privado y obras sociales, pero éstas no como colectoras de dinero de las privadas y de las cúpulas cegetistas.

¿Un proyecto así es viable? Por supuesto que sí, pero no está en los planes albertistas, tibios y claudicantes en su ADN.

TRABAJO,QUIERO TRABAJO

Así cantaba Atahualpa Yupanqui: “Trabajo, quiero trabajo. Las entrañas de la tierra, Va el minero a revolver, Saca tesoros ajenos Y muere de hambre después”.

Esa canción pinta el contraste entre la riqueza patronal, de la minería, y la pobreza de esos trabajadores. El tema de don Ata no figura en los medios hegemónicos de la oposición ni en los oficialistas. Al contrario, en las visitas electorales del presidente a San Juan y Catamarca se reiteraron sus panegíricos de la minería y el proyecto extractivista que tiene a Chubut como el Messi de la categoría. Eso va en contra del grueso de la población que vive allí y sufre en la salud propia las consecuencias de esos negocios.

Las estadísticas son relativas: si un pollo fue comido por una persona en una mesa de cuatro, dirán que cada uno masticó el 25 por ciento. Y así el gobierno en campaña agita números de una recuperación económica seudo vigorosa.

Algunos ejemplos que expone, y que amplifica Página/12, dan risa. Por ejemplo que la cadena de pizzerías estadounidense Sbarro va a abrir varias sucursales de acá a 2025. Primero, que ese es un largo plazo y en él “estaremos todos muertos”, como dijo John Maynard Keynes. Segundo que ahora abrió una pizzería y tomó 45 empleados con una módica inversión de 15 millones de pesos. Tercero, las pizzerías grandes que cerraron en esta pandemia fueron más y hubo miles de emprendimientos familiares que florecieron, no tanto por el amor a la muzzarella sino por necesidades. Y eso es más importante que la cadena norteamericana que llega como si fuera salvadora del empleo. Por último, los argentinos saben hacer y comer una gran variedad de pizzas; Sbarro no aportará ninguna tecnología de punta.

Otro caso polémico de patrones que emplean más gente es el de Mercado Libre, que tomaría 1.200 empleados. Se omite lo denunciado por Juan Grabois en 2019: Marcos Galperín engorda sus ganancias al no pagar impuestos por actividades que calificaban como financieras y bancarias. Ahora el súper millonario luce como un patriota. Según Forbes es el más rico de acá, con 6.100 millones de dólares, en el puesto 440 del ranking mundial.

Hasta el ministro Matías Kulfas admite que la recuperación económica, que él infla mucho, va por delante de la recuperación del empleo. Según el INDEC (24 de junio pasado), la economía creció el 2,5 por ciento en el primer trimestre de 2021. Y la tasa de desempleo sólo disminuyó 2 centésimas, al bajar en ese mismo lapso del 10,4 al 10,2 por ciento. En la industria se habían perdido 160.000 empleos en los últimos años y según Kulfas se recuperaron 25.000. Nada que festejar.

A partir de allí se abrió un debate, incluso al interior del oficialismo, con el proyecto de diputados de origen sindical, como Hugo Yasky y el precandidato de los bancarios, Sergio Palazzo, de reducir las horas de trabajo sin achicar salarios, para ofrecer más puestos y paliar el desempleo.

Kulfas, Martín Guzmán y líderes del FdT como Sergio Massa, le bajaron el pulgar, cediendo ante la resistencia de la Unión Industrial “Argentina” de Daniel Funes de Rioja. El proyecto quedará “para más adelante”. O sea, otro asunto vital reservado al largo plazo, con el riesgo de que estemos todos desocupados sino muertos. Y el tema de Atahualpa no sonará completo en Radio Mitre ni siquiera de breve cortina en TN.

NO SÓLO DE PAN VIVE EL HOMBRE

Este debate sobre cómo aumentar el empleo es un asunto de vida o muerte, sin olvidar que la realidad es mucho peor que las cifras meneadas por el INDEC pues se ciñen a los trabajadores registrados. Quienes se desempeñan en la economía informal, hacen changas o cobran el Potenciar Trabajo de 12.636 pesos, están mucho más sumergidos en la pobreza. Y eso explica los 2.400 piquetes habidos entre enero y julio de este año; para ese vasto universo la recuperación es brisa o burla.

Bajar las horas de trabajo con igual sueldo es una buena iniciativa, aunque sin viabilidad por la resistencia de las grandes patronales y la cobardía gubernamental.

Y aún si prosperara, ojalá, sería un paliativo. Los laburantes que trabajen menos horas seguirán cobrando en promedio 40.000 pesos cuando la canasta básica total es de 67.000. Y los nuevos trabajadores percibirán aún menos y en condiciones de precariedad, que podrían acentuarse si prosperan proyectos de reforma laboral. Una ya cuenta con el visto bueno del ministro Juan Zabaleta, de Desarrollo Social: productores agropecuarios tomarán a empleados del Potenciar Trabajo y pagarán sólo una parte del salario pues el Estado seguirá con lo suyo.

Florencio Randazzo ha propuesto algo igual para las Pymes: que el fisco siga pagando esos planes sociales y los empresarios tomen a esos laburantes y les saquen toda la plusvalía, con el extra de aquel salario afrontado por el Estado.

Una grandísima pena que estos asuntos tan importantes no sean debatidos en la campaña a las PASO, salvo por algunos candidatos trotskistas minoritarios o por kirchneristas que en este punto no se subordinan al discurso de AF y los silencios de Cristina.

Bajar las horas trabajadas sería positivo, a condición que la economía que surja no sea la misma de hoy, dominada por los monopolios. Ese futuro no sería tal si Galperín, Magnetto, Rocca, Toyota, Molinos, Carrefour, Arcor, Edenor, Aceitera General Deheza, Macro, Santander y otros pulpos siguen dominando la escena. Seguiría la tragedia, sólo que ellos tendrían más empleados y ganancias que hoy. Las penas seguirían siendo nuestras y las vaquitas, las minas, las fábricas y los bancos, ajenos.

No sólo de pan vive el hombre. La cultura y las ideas alimentan el alma y pueden orientar mejor la actuación política. Y eso demanda medios públicos y comunitarios de difusión, con canales, radios, diarios, redes, Internet, cine y libros que no sean dominados por Clarinete y Cía.

En esto hay un gran retraso e incluso retroceso respecto a gobiernos kirchneristas anteriores, donde se intentó avanzar con la ley de servicios de comunicación audiovisuales, pese a la oposición de la derecha política, mediática y judicial.

Ahora ni siquiera hay eso. El viernes 27 las radios comunitarias marcharon a la sede de la ENACOM para reclamar licencias, pagos de FOMECA y puesta en práctica de aquella ley mutilada por el macrismo.

El gobierno está en deuda con esos medios, esa gente y hasta sus propios intereses, porque es uno de los lesionados por la insidiosa y/o mentirosa campaña de esos medios concentrados. Los Fernández ponen la otra mejilla y reciben una piña más, aunque les apuntan al corazón. Esta película ya la vimos. Será cuestión que los espectadores se levanten de sus asientos y salgan a la calle a exigir una solución antiimperialista. Como se decía en la crisis del 2001: apagá la tele y salí a la calle.

Fuente:
plsergio.wixsite.com

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