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27/10/23
Desestabilización, elecciones e intervención
Por Stephen Sefton

La presencia por invitación de miles de efectivos militares estadounidenses en Perú y Ecuador señala la profundización de una crisis de la soberanía de los países latinoamericanos y caribeños que se manifiesta en diferentes formas en toda la región. Ha sido evidente desde hace muchos años que las élites occidentales pretenden compensar el declive de su poder e influencia por medio de su capacidad de provocar y manipular el caos social y económica. Luego, se ofrece para manejar el caos, muchas veces por medio de recursos militares. En el caso de Perú, Estados Unidos ha apoyado el golpe contra el Presidente Pedro Castillo y el régimen golpista que se instaló después. En mayo, por autorización del Congreso golpista, empezó a llegar un contingente de hasta 900 tropas en apoyo a las operaciones de las fuerzas armadas y policías peruanas en el contexto de amplias manifestaciones populares contra el régimen golpista de la presidenta de facto, Dina Boluarte.

En Ecuador, las autoridades han autorizado la entrada de cientos de efectivos militares estadounidenses supuestamente para operaciones contra el narcotráfico, la pesca ilegal, el contrabando y el crimen organizado. Bajo los gobiernos del corrupto traidor Lenin Moreno y del corrupto banquero Guillermo Lasso, entre 2017 y 2023, los niveles de violencia en Ecuador han subido a niveles sin precedentes. En 2022 la cifra de personas asesinadas alcanzó 26 por cada 100,000 habitantes, casi cuatro veces la cifra para Nicaragua. Se esperan niveles todavía más altos para el año en curso que ha sido caracterizado por nuevas mortíferas motines en las cárceles, balaceras callejeras, y violencia política. Este último ha culminado con el asesinato no solamente del candidato presidencial Fernando Villavicencio sino también de seis de las personas detenidas y acusadas de su asesinato. Para votar en las elecciones de este domingo pasado, ambos candidatos en el balotaje llevaron chalecos antibalas.

En algunos países, Estados Unidos ocupa una modalidad de intervención por medio de la cooptación institucional como hicieron con el sistema de justicia penal en Brasil para encarcelar a Lula da Silva y facilitar el golpe contra el gobierno Dilma Rousseff. A veces aprovechan la intervención de las Naciones Unidas por ejemplo en temas como la migración o la corrupción como han hecho en Guatemala y Honduras con las comisiones de la ONU contra la impunidad y la corrupción. Han sido notorios los abusos en diferentes países de la región como México y Colombia por la Administración de Control de Drogas (DEA por sus siglas en inglés). Y la explotación de condiciones de violencia e inseguridad es otro pretexto para la intervención armada, por ejemplo en el caso de Haití, disfrazado como una misión multinacional. Otra modalidad de intervención favorecida por las élites occidentales ha sido el abuso de las instituciones financieras internacionales, más notoriamente las intervenciones desleales del Fondo Monetario Internacional en Argentina.

Aquí en América Central, para el momento, Guatemala es el país de mayor inestabilidad con masivas protestas en contra del gobierno del Presidente Giammattei por motivo de los constantes conflictos entre diferentes instancias de las autoridades legales y también con el Tribunal Supremo Electoral. En las elecciones generales en junio de este año, con una participación de 60% del electorado, dio como resultado la victoria de Sandra Torres y en segundo lugar Bernardo Arévalo. Otros partidos acusaron al partido de Arévalo, Semilla, de haber cometido irregularidades, y estas impugnaciones avalados por el Ministerio Público atrasaron la emisión de los resultados oficiales. El Tribunal Supremo Electoral suspendió el partido Semilla pero la Corte Constitucional revirtió la suspensión, que permitió a Bernardo Arévalo participar en el balotaje del pasado 20 de agosto.

Arévalo ganó con una ventaja abrumadora pero con una baja participación de solo 45% del electorado. Sin embargo, el Ministerio Público ha persistido en más de diez investigaciones contra el Tribunal Supremo Electoral y sus magistrados, con el apoyo del Procurador General de la República. En una acción insólita el pasado 23 de septiembre oficiales fiscales retiraron de las oficinas del Tribunal Supremo Electoral las urnas con los votos depositados. Luego, el pasado 5 de octubre la Corte Constitucional confirmó la suspensión de la personería jurídica de Semilla. Sus 23 diputados elegidos en las elecciones generales de junio ahora son categorizados por el Congreso como independientes. El conflicto entre los poderes del estado ha intensificado la inseguridad política en el país y provocado una crisis en el proceso de transición entre el gobierno del Presidente Giammattei y el presidente electo Bernardo Arévalo, quien ha acusado al gobierno de promover un golpe de estado preventivo contra su persona y su partido.

Desde el Acuerdo de Paz Firme y Duradera de diciembre 1996, Guatemala ha mantenido altos índices de desigualdad y pobreza. Se estima que actualmente casi 60% de la población vive en la pobreza. Este sistema político, sin posibilidades de progreso socioeconómico o cambio estructural a favor de la población empobrecida, es el fondo socioeconómico de las protestas que han montado hasta 150 cortes de carreteras en los 22 departamentos del país. Los manifestantes exigen la renuncia de los jefes del Ministerio Púbico y de la Fiscalía Especial Contra la Impunidad por haber intervenido en el proceso electoral. La Corte Constitucional ha autorizado el uso de la fuerza para despejar los bloqueos, con la ayuda del ejército si fuese necesario.

Por su parte, el Presidente Giammattei ha solicitado la mediación de la Organización de Estados Americanos. Aunque lo más probable es que Bernardo Arévalo va a asumir como presidente en el próximo mes de enero, no tendrá mayoría en el nuevo Congreso y quedarán a resolverse los profundos problemas que enfrentan el país, como la migración, la corrupción, el crimen organizado y el narcotráfico, la crónica inestabilidad política y el racismo contra los pueblos indígenas. Ha sido un factor constante la intervención estadounidense en el desarrollo de esta crónica e intrincada crisis política social y económica en relación a lo cual las elecciones resuelven poco o nada. Si Estados Unidos y sus aliados locales no logran impedir la elección de candidatos comprometidos con el combate a la pobreza y la desigualdad, trabajan sin descanso para desestabilizar su gobierno y hacer imposible la implementación de su programa.

Este patrón ha sido evidente en Ecuador donde el gobierno de Guillermo Lasso y sus aliados de la oligarquía hicieron todo lo posible para favorecer el candidato de la derecha neoliberal, Daniel Noboa, contra Luisa González de la Revolución Ciudadana. Se hizo circular la grotesca calumnia que fueron dirigentes de Revolución Ciudadana los autores intelectuales del asesinato de los individuos acusados de haber matado al candidato Fernando Villavicencio. La falsa acusación se dirigía principalmente a la figura de Rafael Correa para perjudicar a Luisa González y su partido. Con la victoria de Daniel Noboa, Ecuador ahora camina sin duda a una prolongación de la crisis en que se ha sumergido desde la traición de Lenin Moreno en 2017, porque las políticas neoliberales de Daniel Noboa solo van a empeorar la crisis socioeconómica del país.

El caso de Argentina confirma la futilidad de los procesos electorales en un contexto de la permanente intervención. El gobierno vendepatria de Mauricio Macri de 2016 a 2020 hundió la economía del país con políticas neoliberales que aumentaron la deuda externa a niveles prácticamente impagables. En paralelo, llevó el abuso de sistema judicial con fines políticos a extremos para intervenir en elecciones regionales y eliminar la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner como posible candidato en las elecciones del próximo domingo. Firmó de manera desleal e ilegal un acuerdo sin precedentes con el Fondo Monetario Internacional por US$50 mil millones principalmente para asegurar el pago de la deuda pública argentina en manos de la misma élite nacional apátrida y sus homólogos extranjeros en Estados Unidos y Europa.

Presidente Alberto Fernández y su equipo que asumió el gobierno en 2020, no ha podido cuadrar el desastroso círculo financiero y económico heredado de las corruptas autoridades anteriores. Así que, en las elecciones de primera ronda del próximo domingo se perfila un resultado inconcluso y una probable victoria de uno de los candidatos de extrema derecha. Aun si se logra una victoria de Sergio Massa, Ministro de la Economía en el gobierno del presidente Alberto Fernández, la configuración del poder legislativa y del poder judicial hará prácticamente imposible la implementación de las políticas necesarias para defender los derechos socio económicos de la mayoría del pueblo argentino.

Se puede observar el mismo patrón en Colombia, donde el Ministerio Público promueve un espurio caso alegando un financiamiento ilícito de la campaña electoral del presidente Gustavo Petro quien ha alertado del montaje de un posible golpe contra su gobierno. La derecha colombiana rechaza elementos fundamentales del programa del presidente Petro, especialmente su plan para la paz total en el país por medio de diálogo con todos los grupos armados en el territorio nacional. El presidente Petro no tiene apoyo mayoritario en el Congreso y puede esperar una intensificación de los ataques contra su persona y su gobierno por motivo de su categórica condena del genocidio sionista en Gaza. Bajo sus gobiernos derechistas anteriores Colombia siempre ha brindado su fiel apoyo a Israel. Entonces, queda a ver el impacto de este desafío a una política fundamental de Estados Unidos y sus aliados de la OTAN sobre la estabilidad política y económica del gobierno de Gustavo Petro.

Los acostumbrados patrones de la intervención estadounidense en la región siempre han sido la injerencia en la política interna, la presión financiera y económica, el chantaje y extorsión en relación a la política exterior y la presencia de sus fuerzas armadas como recordatorio de la Doctrina Monroe. Ahora la jefa del Comando Sur de las fuerzas armadas estadounidenses ha planteado la necesidad de controlar hasta las fuentes de información disponibles en la región. Declaró en un evento titulado “El desafío de China para América Latina” que es necesario restringir las actividades de medios como Telesur, RT y Sputnik. Richardson comentó que estos medios “…difunden la desinformación. Socavan las democracias en todo el hemisferio y tenemos que hacer mejor en este sentido. Tenemos que hacer algo muy específico en la región que promueve las democracias y los beneficios de las democracias para la gente.”

Es lógico que la General Richardson plantea la necesidad abre otro frente por medio de aplicar a los países de América Latina y el Caribe la misma censura antidemocrática que prevalece en Norte América a Europa. Así va a profundizar su capacidad de manipular el caos de las pseudo-democracias que resultan de los ejercicios electorales que de manejan para hacer imposible resolver las urgentes problemas de las mayorías. Confirma de la manera más clara el argumento de largo dato que, para Estados Unidos, el frente psicológico ha asumido la misma o mayor importancia que sus ofensivas diplomáticas, financieras, económicas y militares. Su influencia económica y comercial disminuye e iniciativas como la ampliación del grupo BRICS a once países este próximo mes de enero amenaza de manera progresiva su control financiero a nivel global y al nivel regional. Excepto en el caso de México, China ya desplazó a Estados Unidos como el socio comercial más importante de la región.

Es apropiado en este contexto recordar las palabras de nuestro Presidente Comandante Daniel en homenaje al Comandante Fidel después de su tránsito a la inmortalidad en 2016, Comandante Daniel dijo, “Héroes como Fidel, Pensadores como Fidel, Revolucionarios como Fidel, van continuando la Batalla… ¡No dejan de luchar! Sus Ideas siguen ahí, Vivas, como bien lo decía, en la Batalla de las Ideas que hoy se convierten en una Batalla fundamental. En todos nuestros Pueblos, y en todo el Planeta, siguen vivas, latentes las Ideas en la Lucha por la Justicia, por la Libertad, por la Soberanía, por la Defensa del Medio Ambiente, por la Defensa del Planeta, y están ahí, donde hay un Hombre, una Mujer, un Joven, y una Joven, están comprometid@s con esas Ideas.”

Fuente:
Cuaderno Sandinista

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