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03/10/22
El ballotage en un contexto de polarización y crecimiento del bolsonarismo
Por Ana Dagorret

Más allá del resultado de la disputa presidencial, la elección para diputados, senadores y gobernadores muestra un panorama sombrío, con el bolsonarismo creciendo en número de representantes.

Tras una jornada electoral que mostró un país completamente dividido, Brasil se encamina a una segunda vuelta electoral entre Lula Da Silva y Jair Bolsonaro. Si bien las encuestas de intención de voto mostraban una posibilidad de victoria de Lula ya en primera vuelta con más de diez puntos de ventaja sobre el actual presidente, el crecimiento en la recta final de Bolsonaro y el buen desempeño de varios de sus candidatos lograron acortar la distancia a cinco puntos y forzar una segunda vuelta.

El resultado, a pesar de mostrar una victoria de Lula, deja una sensación amarga. No sólo porque empuja al país a cuatro semanas más de campaña política, en donde Bolsonaro intentará revertir la tendencia para reelegirse, sino porque la elección para diputados, senadores y gobernadores muestra un panorama sombrío, con el bolsonarismo creciendo en número de representantes.

En el sur del país, el ex juez de la lava jato y ex ministro de justicia de Bolsonaro Sergio Moro, logró elegirse senador por Paraná. En San Pablo, el ministro de Ciencia y Tecnología del actual gobierno Marcos Pontes también alcanzó una silla en el Senado. La ministra de la Mujer, Familia y Derechos humanos de Bolsonaro, la polémica Damares Alves, fue electa también para el senado por Brasilia, al igual que el pastor Magno Malta, muy cercano al presidente, por el estado de Espiritu Santo. A su vez el vicepresidente Hamilton Mourão hizo lo propio por Rio Grande do Sul.

Con estos nombres en la cámara alta, el Partido Liberal de Bolsonaro pasa a tener la bancada más grande del Senado, mientras que el resto de los escaños quedan en manos de una mayoría conservadora y de algunos nombres de la izquierda.

Además del senado, el bolsonarismo consiguió una elección expresiva en el Congreso. Gran parte de los candidatos a la reelección del llamado centrão lograron el objetivo mientras que nombres como el del general Eduardo Pazuello -ex ministro de salud que en plena pandemia dejó a la ciudad de Manaos sin oxígeno, ocasionando decenas de muertes por asfixia- fue el candidato a diputado más votado del estado de Rio de Janeiro.

Río también fue escenario de la victoria del gobernador bolsonarista Claudio Castro en primera vuelta, en lo que las encuestas prevían como una disputa cabeza a cabeza con el candidato de la izquierda Marcelo Freixo, que quedó más de 30 puntos por debajo del actual gobernador. En San Pablo la disputa también resultó en sorpresa. El candidato del bolsonarismo Tarciso de Freitas logró el primer lugar contra todos los pronósticos y disputará la segunda vuelta con el candidato del PT Fernando Haddad, en lo que se prevee como una de las elecciones más difíciles para la oposición.

Si bien la posibilidad de alcanzar la victoria en primera vuelta parecía difícil de alcanzar y el resultado logrado por Lula fue por demás expresivo, el panorama visible tras la elección genera una enorme confusión. Tras cuatro años de aumento de la desigualdad, crecimiento de los índices de pobreza, desmonte de los sistemas de educación y salud pública y de una política sanitaria negacionista que llevó al país a contabilizar unos 700 mil muertos durante la pandemia, que Bolsonaro haya logrado 51 millones de votos (2 millones más que en 2018) habla de una tendencia. A su vez, que varias figuras de su gobierno vinculadas al ala más ideológica hayan conquistado cargos legislativos habla de una profundización de la onda conservadora que se instala como respuesta a los intentos de la izquierda de ganar más terreno.

Todo esto anticipa un escenario complicado independientemente de quien asuma la presidencia a partir de 2023. Si Lula consigue una victoria el próximo 30 de octubre, deberá gobernar con un Congreso que amplió su base conservadora. Más allá de su incuestionable capacidad de articulación política, Lula podría verse sometido a negociar cargos y presupuesto para asegurar su gobernabilidad, lo cual lo limitaría aún más en un contexto donde las alianzas con sectores de centro y de derecha para ganar la elección ya expresan ciertos condicionamientos.

A su vez, de alcanzar la victoria Lula se verá en la tarea de gobernar una sociedad profundamente dividida, donde el discurso de odio y la violencia política se han convertido en factores claves de la política actual y de la campaña a la reelección de Jair Bolsonaro.

Con menos de 30 días por delante para que se dispute la segunda vuelta, el desafío para Lula y el Partido de los Trabajadores es consolidar la victoria numérica obtenida en la primera vuelta. Si bien no hay registros de un repunte que le haya permitido al segundo colocado alzarse con la victoria en el ballotage en la historia democrática brasileña, el proyecto de poder de Bolsonaro y la utilización del Estado a su favor para lograr la reelección a cualquier costo muestran la dificultad de prever un resultado.

Fuente:
PIA Prensa Internacional Alternativa

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