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23/01/22
El camino hasta octubre en el laberinto político brasileño
Por Ana Dagorret

Entre acusaciones de fraudes por parte del gobierno, el favoritismo de Lula y la búsqueda de una tercera opción, Brasil define este 2022 el rumbo de su democracia.

Las elecciones presidenciales de octubre en Brasil se presentan como uno de los eventos políticos más importantes de este 2022. Lo que pareciera ser una disputa tradicional entre candidatos en una democracia representativa para definir quién será el próximo mandatario, en el país gobernado por Jair Bolsonaro se presenta como un escenario tenso en donde la continuidad democrática podría estar en juego.

Las aspiraciones de reelección del actual presidente no parecen acompañar el ánimo social que muestran las encuestas.  Según publicó este viernes Poder Data, el ex presidente Luis Inácio Lula Da Silva aventaja a Bolsonaro en 14 puntos.

Allí, Lula aparece con un 42% de intención de voto sobre el actual presidente, que llega a 28%. Por detrás, los candidatos Sergio Moro con 7% y Ciro Gomes con 4% se disputan la representación de una “tercera vía”, donde también aparecen figuras como el gobernador de San Pablo João Doria (4%) y la senadora Simone Tabet (1%).

Considerando estos resultados y teniendo en cuenta solamente los votos de cada candidato, si la elección fuera hoy, Lula y Bolsonaro se enfrentarían en una segunda vuelta, donde el ex líder sindical vencería al actual mandatario. A su vez, de darse una segunda vuelta sin Bolsonaro, Lula también vencería a los otros candidatos. Por otro lado, si la segunda vuelta fuera entre Bolsonaro y otro candidato diferente de Lula, el presidente sería derrotado en cualquier escenario. La dificultad del mandatario en crecer en las encuestas se da principalmente por su alto índice de rechazo, que oscila entre el 55% y el 60% y es el más alto entre los candidatos al palacio del Planalto.

Ante ese contexto y las dificultades económicas, sanitarias y sociales que se plantean durante el año electoral, empiezan a peligrar los apoyos que hasta ahora mantuvieron en el cargo al presidente. Hacia dentro del centrão, grupo de partidos con importante representación parlamentaria con los cuales el ejecutivo negocia cargos importantes del gobierno a cambio de apoyo para la aprobación o bloqueo de pautas claves, ya no hay consenso acerca del apoyo al presidente en los próximos comicios.

“Los partidos Centrão hacen su propio juego” explica Ignacio Pirotta, politólogo especialista en política brasileña. “Hay que marcar que de los cuatro principales partidos del llamado Centrão, el PP y el PL están con Bolsonaro, el PSD de Gilberto Kassab ya no, y el Republicano diría que está tironeado entre Bolsonaro y Moro. Lo que ellos van a buscar es elegir una bancada numerosa para el Congreso. El número de diputados define el tiempo de propaganda en medios y el monto del fondo partidario, y desde luego una buena elección mejora su poder de negociación durante el próximo gobierno”

Si bien la campaña no comenzó de manera formal y restan más de nueve meses para la disputa electoral, los sondeos de opinión sumados a las declaraciones recientes de Bolsonaro acerca de la confiabilidad del sistema electoral brasileño -algo ya habitual en los discursos del presidente- vaticinan un escenario complejo para el país sudamericano. 

Amenazas de fraude anticipado

Luego de que las primeras encuestas de 2022 fueran publicadas, Jair Bolsonaro volvió a hacer uso de ataques a la justicia electoral y a las urnas electrónicas. En un discurso pronunciado en el estado de Amapá, Bolsonaro se refirió al atentado que sufrió en 2018, al cual calificó como obra de “un militante del PSOL” y apuntó que al llegar al poder Brasil estaba “al borde del comunismo y sumergido en la corrupción”. A su vez y sin presentar ninguna prueba, Bolsonaro dijo que de no ser por el fraude perpetrado en la primera vuelta de las elecciones en 2018, hubiese alcanzado la presidencia sin necesidad de disputar la segunda vuelta.

Las acusaciones sobre fraude del presidente son una constante a lolargo de su gestión. Tras los actos del siete de septiembre de 2021, cuando miles de personas fueron convocadas por el gobierno y aliados con consignas anti democráticas y amenaza de golpe de estado en Brasilia y San Pablo, un acuerdo mediado por el ex presidente Michel Temer logró disminuir los ataques del presidente a la justicia y a las urnas. Sin embargo, con la popularidad en caída libre y las chances de reelección cada vez más lejanas, Bolsonaro retomó su estrategia de ataques en pleno comienzo del año electoral. 

“Meses atrás, el juez de la Corte Alexandre de Moraes ya le dio una durísima advertencia, que no iban a permitir mentiras sobre el funcionamiento de las urnas” explica Pirotta. “También le advirtió que los responsables de difundir fake news podrían tener el registro electoral suspendido y con ello no podrían ser candidatos”.

Con las presiones para moderar el discurso y la popularidad difícil de remontar, no son pocos los analistas que prevén una desistencia de Bolsonaro para disputar la reelección. “No sería descabellado considerar seriamente un escenario en el que Bolsonaro renuncie a ser candidato a la reelección, busque protegerse en un mandato de senador por Río de Eneeiro (ocho años de mandato), y deje la veta de la derecha más libre para el crecimiento de una candidatura capaz de enfrentarse a Lula” sostiene Vitor Marchetti, politólogo y profesor de grado y postgrado en políticas públicas en la Universidad Federal de ABC.

Para Ignacio Pirotta es difícil prever los movimientos del mandatario de cara a la disputa electoral por lo que cada opción implicaría: “Si va a desistir, en abril tendría que renunciar a la presidencia de la República, de acuerdo a la legislación”. La misma establece que en caso de concurrir como candidato a un cargo legislativo (diputado o senador), el presidente debe renunciar a su cargo hasta seis meses antes del pleito. 

Para Pirotta “ese parece un precio bastante alto. Pero si el escenario actual no cambia de acá a marzo/abril, el futuro para Bolsonaro es malo, y si empeora lo económico y social veo difícil que se sostenga como segunda fuerza”.

La “tercera vía”

Desde que el ex presidente Lula recuperó sus derechos políticos, el mapa político brasileño cambió completamente su configuración. Lo que hasta el momento eran especulaciones acerca de quién sería el candidato capaz de derrotar a Bolsonaro en 2022, con la vuelta de Lula y la intención de voto que muestran las encuestas dicho debate parecía haber quedado enterrado.

Aún ante este panorama, la insistencia por una candidatura de tercera vía por parte de las elites y sectores del mercado financiero que escape a la disputa entre el actual y el ex presidente, ya empezó a ganar espacio de debate en los principales medios de comunicación del  país. Meses atrás, el empresario Pedro Passos -presidente del consejo de administración de la empresa Natura- llegó a declarar en una entrevista que “hay que luchar por una alternativa que salga de la polarización entre lo inaceptable, la reelección de (Jair) Bolsonaro (PL), y lo indeseable, la reelección de Lula”.

Desde la lógica empresarial, la reelección del actual presidente sería inaceptable debido a los arrebatos antidemocráticos, al tiempo que la elección de Lula da Silva sería indeseable debido al supuesto riesgo de una política económica intervencionista, que generaría pérdidas para el sector.

Según explica Ignacio Pirotta, la polarización actual entre Lula y Bolsonaro al momento no tendría el potencial de inviabilizar otras candidaturas. “El gran clivaje brasileño sigue siendo el de petismo y antipetismo, o lulismo y antilulismo y no entre Lula y Bolsonaro”. 

“En 2018, Bolsonaro unificó al antipetismo detrás de él, pero luego lo dividió. Y la división que ha generado Bolsonaro dentro de la propia derecha, del antipetismo, de los sectores conservadores, o como lo quieras definir, es tal que muchos prefieren a Lula antes que a Bolsonaro, o bien votar el blanco, como dijeron desde el MBL, lo cual lo beneficiaría a Lula” sostiene el analista.

Quien aparece como representante de esa tercera vía es el ex juez federal Sergio Moro, autor material de las condenas que dejaron a Lula por fuera de la contienda electoral en 2018 donde las encuestas lo mostraban como claro favorito. Tras viabilizar con esta condena la elección del entonces candidato Jair Bolsonaro, Moro aceptó el cargo de ministro de Justicia del gobierno entrante, al cual renunció luego de un año. 

Tras lanzar su candidatura a fines de 2021, Moro ganó apoyo por parte de sectores que hoy se oponen al actual mandatario y que rechazan la posibilidad de acompañar al ex presidente Lula. Con una intención de voto del 9% según los últimos sondeos, la apuesta de la tercera vía consiste en correr a Bolsonaro hacia el tercer lugar y conseguir así disputar una eventual segunda vuelta con el petista. “Moro no le robó suficiente intención de voto a Bolsonaro” sostiene Ignacio Pirotta. “Marzo y abril van a ser meses claves, por el calendario electoral y porque para entonces la economía va a mostrar señales en un sentido u otro”.

Los militares y el apoyo al presidente

Uno de los interrogantes que más expectativa genera de cara a la elección presidencial que tendrá Brasil es el rol que tendrán las Fuerzas Armadas. Con más militares en el gobierno que durante la última dictadura y una serie de beneficios concedidos por el ejecutivo desde 2018, la posibilidad de que embarquen en una aventura golpista encabezada por Bolsonaro no parecería tan descabellada.

Además de las prestaciones de las funciones públicas, los beneficios a policías militares, bomberos y miembros de las Fuerzas Armadas suman aumento de salarios, cargos comisionados en el ejecutivo y programas habitacionales. A su vez, la categoría quedó fuera de la reforma previsional que flexibiliza las condiciones de retiro de los trabajadores asalariados.

A su vez, el vínculo estrecho con las policías militares de la familia presidencial en medio de un escenario de tensiones provocadas por las propias amenazas del presidente, contribuye con las dudas sobre cuál será el rol que las fuerzas de seguridad tendrán ante un eventual intento de ruptura. 

Según explica Ignacio Pirotta, “la salida de los tres comandantes de las Fuerzas Armadas en marzo del año pasado mostró una ruptura entre Bolsonaro y los militares. Qué tan profunda es esa ruptura no lo sé, porque claramente también hay distintas posturas dentro de las fuerzas”. 

La diferencia de posturas queda en evidencia ante respuestas de autoridades militares. Un ejemplo concreto es la respuesta en tono desafiante del presidente de la Agencia de Vigilancia Sanitaria (ANVISA), Almirante Antonio Barra Torres, a Bolsonaro tras declaraciones provocativas del presidente sobre la autorización a la vacunación contra el covid en menores de edad. 

A su vez, el documento firmado por el Comandante del Ejército Paulo Sergio Nogueira de Oliveira que determina la exigencia de vacunación, uso de máscara e impedimento de divulgación de fake news por parte de miembros de la fuerza y sus familias -vigentes desde el tres de enero de este año- también puede ser entendido como parte de esa ruptura. La medida generó incomodidad en el Ejecutivo, que no se manifestó al respecto.

Ante ese panorama, Pirotta explica que no hay certezas acerca de cuál será el rol de las Fuerzas Armadas ante un posible golpe. “No creo que exista una intención de respaldar una ruptura institucional, ni creo que interferir en las urnas electrónicas sea fácil, por más que hayan puesto a un militar, vaya a saber con qué intención, como director en el Supremo Tribunal Electoral. Pero tampoco es un momento de normalidad, donde esas posibilidades quedarían descartadas de lleno.”

Hasta el momento, son más las dudas que las certezas acerca de la normalidad del proceso electoral previsto para octubre. Los meses que faltan hasta la disputa serán determinantes para saber cuál será el destino de la democracia brasileña.

Fuente:
PIA Global

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