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09/07/21
Regiones: Nicaragua | Uruguay
Uruguay: La izquierda rehén
Por Jorge Capelán

En estos días en la revista Brecha de Uruguay se publicó una «carta abierta» sobre Nicaragua firmada por una serie de personalidades de la izquierda de ese país. Siguiendo el mismo guión de la OTAN (y sus dueños estadounidenses), se pide la «liberación de los candidatos opositores presos» y la «restitución del Estado de Derecho» en la Tierra de Sandino.

En las últimas semanas los nicaragüenses hemos explicado una y otra vez que no se trata de «candidatos opositores» presos sino de una red de oligarcas y agentes profesionales al servicio de la destrucción del Estado de Derecho en Nicaragua pagados por los Estados Unidos y países de la Unión Europea. Hemos dado abundantes pruebas, actuales y pasadas, de ello. Hemos mostrado a exsandinistas (y desde hace décadas descarados traidores) reunidos con lo peor de la mafia de Miami. Hemos dado pruebas de las atrocidades cometidas por los golpistas que disfrazados de oposición en 2018 grabaron en sus propios teléfonos celulares torturas, asesinatos, profanación de cadáveres y muchos otros bárbaros hechos criminales.

Hemos mostrado las pruebas, muchas de ellas de fuentes públicas, libremente accesibles para todo aquel que tenga la suficiente acuciocidad,  del financiamiento de parte de la Usaid y de los gobiernos europeos a estos sátrapas que buscaban impedir las elecciones de este 2021. También hemos explicado pacientemente cómo funcionan las leyes en Nicaragua y hemos demostrado cómo son propias de cualquier Estado que quiera llamarse soberano. También hemos dejado claro que 17 partidos participarán en las elecciones del 7 de noviembre, y la mayoría de ellos son opositores. Los que están siendo investigados son una red que desde el año 2008 se dedica a boicotear cualquier elección en Nicaragua.

En 2018 engañaron a un cierto número de gente por unas semanas pero muy pronto mostraron que lo que querían era destruir el país. Y la mayoría de la gente en Nicaragua no quiere eso. Los sandinistas no queremos eso, al contrario, y la gente de derecha en su gran mayoría tampoco quiere eso. Del 2018 a esta parte no han sido capaces ni de organizar una kermesse, sencillamente porque no tienen apoyo. Y el país a lo interno está más estable que nunca.

Los políticos del Frente Amplio de Uruguay que firmaron esa carta no pueden alegar que no sabían nada de esto. Hemos escrito muchos libros, hemos hecho documentales, hemos hecho cientos y cientos de artículos, hemos hecho webinarios, se lo hemos explicado personalmente… Nuestros compañeros solidarios en el Uruguay (de hecho, varias organizaciones y muchísimos militantes no se sienten representados por la triste carta) nos dicen que el liderazgo del Frente Amplio ha llegado a la conclusión de que el único horizonte posible para su país es la «alternancia» con la derecha, y que la moneda de cambio para que la burguesía uruguaya y el imperio los deje en paz es entregar a Nicaragua. Pobres almas, vano sueño… si piensan así es porque se han olvidado de demasiadas cosas por el camino. Pisotean la memoria de Michellini, de Erro, de Arismendi, de Sendic y ya no digamos la de Artigas.

Como excusa ponen el fantasma de un general retirado, Guido Manini Ríos, que formó un partido fascista que ha adquirido una influencia muy grande en la política uruguaya. Es curioso, Guido Manini Ríos construyó su carrera en gran parte a través de un movimiento tóxico de «autoconvocados» en el campo, muy parecido a los «autoconvocados» de Managua en 2018. Hay dos grandes diferencias entre Uruguay y Nicaragua: La primera es que nosotros en Nicaragua no somos rehenes de unas fuerzas armadas fascistas, que viajan a misiones internacionales a Haití o al África a violar niños negros, si no de una Policía y un Ejército que en realidad son el pueblo armado para defender la soberanía y la ley. Por eso (y he ahí la segunda gran diferencia entre Uruguay y la Tierra de Sandino y Darío) en Nicaragua los fascistas no ganaron en 2018. Pero en Uruguay sí conquistan espacio social.

Los fascistas de Nicaragua no ganaron en 2018, no solo porque la Policía y el Ejército sirven a la sociedad en lugar de servirse de ella, sino también porque aquí en Nicaragua, a diferencia del Frente Amplio, el Frente Sandinista de Liberación Nacional sí hizo la Reforma Agraria y empoderó económicamente al pueblo, que ha resistido tres años ininterrumpidos de ataque económico de una burguesía financiera especulativa y cipaya, que todo el tiempo pide sanciones contra el país. Porque nosotros verdaderamente estamos haciendo una revolución es la razón por la que a pesar de todos estos constantes intentos desestabilizadores tenemos el mejor sistema de salud pública, el mejor sistema de educación pública y las mejores carreteras de América Central. Porque aquí trabajamos, no robamos. En el área más delicada del tráfico de drogas en el hemisferio hemos logrado que ni los cárteles, ni las pandillas ni el lavado hayan establecido una cabeza de playa en el país. En el epicentro de la ola migratoria hacia Estados Unidos, Nicaragua no aporta casi ningún migrante. Salvadoreños, hondureños y guatemaltecos arriesgan la vida y se van a pie hacia el norte. ¿Por qué no lo hacen los nicaragüenses? Porque aquí sí hay políticas para las mayorías.

Los políticos de «izquierda» que firmaron esa desgraciada carta, que los va a comprometer ante la historia, actuaron en consonancia con una política que sistemáticamente busca invisibilizar lo que decimos las y los nicaragüenses. No solo nosotros los sandinistas, sino todo aquel que dé testimonio de lo evidente, es decir, que este país jamás había tenido un gobierno tan competente como el que tiene hoy en día. Cualquiera que diga que Nicaragua no es Gulag, que este no es un campo de concentración con aduanas, que este país no es una inmensa tumba colectiva, es tachado por el Partido del Imperio y sus corífeos de «agente del régimen» de «Ortega» y «Murillo». Pues que lo sepan: aquí en Nicaragua «Ortega» y «Murillo» tienen millones de agentes. 

Lo que está teniendo lugar hoy contra Nicaragua tiene un antecendente muy concreto en la historia: La campaña para demonizar, aislar e invadir a la Guatemala de Arbenz en 1954. El propio historiador uruguayo Roberto García Ferreira en su excelente libro La CIA y los medios en Uruguay – El caso Arbenz, describe como El País de Uruguay y el Mercurio de Chile fueron los medios privilegiados para «colocar» propaganda negra (o de todos los colores) como parte de la campaña para derrocar al gobierno popular de Arbenz. Hoy los actores son más variados, destacando el Comando Sur de los Estados Unidos, la Usaid, la NED, el IDI, el IRI y toda una serie de siglas por medio de las cuales se triangula financiamiento político occidental con exactamente los mismos objetivos que hace 70 años. Hoy en día, el medio privilegiado para filtrar ese tipo de propaganda «por la izquierda» es la revista Brecha, que además de hablar de indígenas, pobres y gente de color, no desperdicia oportunidad para denostar a los movimientos populares que en nuestro Abya Yala conquistan efectivos espacios de poder. 

Es triste que tengan que ser políticos descendientes de unas generaciones que una vez juraron acabar con ese Uruguay cipayo de los intereses del imperialismo los que hoy, 70 años más tarde, se encuentren participando en el mismo, viejo y gastado guion.

Por suerte, a diferencia de la Guatemala de Arbenz en 1954, la Nicaragua del 2021 cuenta con un pueblo unido, empoderado cultural, política y económicamente, y con unas fuerzas armadas dispuestas a defender los logros de una sociedad que hace 42 años dio al traste con la dictadura más oprobiosa de América y hace 14 años, en 2007, dio al traste con el neoliberalismo y con los últimos restos de hegemonía líberoconservadora en Nicaragua. El plan imperialista contra Arbenz era mantener los intereses de la «Mamita Unai», la United Fruit Co. El plan imperialista contra Nicaragua no existe, más allá del vano intento de destruir al país y al sandinismo. Como se demostró en 2018, la desestabilización de Nicaragua es un cuadro que casi nadie quiere ver en esta región. Está la realidad de la retórica de guerra y está la realidad real, y esta última será la que se imponga. El pueblo de Nicaragua ya se decidió y el 7 de noviembre tendrá sus elecciones en paz y con dignidad, sin importarle lo que digan los políticos «de izquierda» uruguayos, que mejor harían tratando de llevar adelante sus propios programas históricos en lugar de atacar a aquellos que siempre han hecho lo que han dicho.

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Etiquetas: Oligarquía | OTAN

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