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22/09/23
Regiones: Níger
Níger, el hartazgo de neocolonialismo
Por Willy Mayer

Níger, como todos los países del África Occidental Francesa, alcanzó su independencia política pero no la económica. La población está enfadada y quiere un cambio rápido

El 26 de julio, un grupo de militares nigerinos autodenominados miembros del Consejo Nacional para la Salvaguardia de la Patria, anunciaban la destitución del presidente electo Mohamed Bazoum, un toque de queda, el cierre de fronteras y la suspensión del acuerdo militar con Francia.

El general de brigada Abdourrahmane Tiani asumía la jefatura del estado manifestando que actuaron por “la degradación de la seguridad” en Níger, criticando la política de Bazoum por “incoherente e ineficaz”[1].

Bazoum, del Partido para la Democracia y el Socialismo de Níger, miembro de la Internacional Socialista, dirigía un país con una fuerte dependencia de Estados Unidos y Francia, esta última, potencia colonizadora hasta 1960.

Níger, como todos los países del África Occidental Francesa, antiguas colonias francesas de Mauritania, Senegal, Mali, Guinea Costa de Marfil, Burkina Faso y Benin, alcanzaron su independencia política pero no su independencia económica en lo que el profesor José Ramón Fabelo llama la colonialidad, un “ingrediente de la modernidad que busca, ante todo, la legitimación de las propias prácticas coloniales”. A la colonialidad, Fabelo añade el “occidentalismo” por el que una minoría del planeta asume el sistema mundo capitalista y se adueña “de todo valor, de todo conocimiento, de todo lo humano.” Y en la medida que el occidentalismo se apodera de la subjetividad y de las instituciones políticas, académicas o culturales de las regiones noeuropeas o no-occidentales, se convierte en una de las más eficaces herramientas de la colonialidad del poder.”[2]

La paradoja africana

Desde esa lógica, Níger, a pesar de poseer una extraordinaria riqueza en uranio, oro y petróleo, es uno de los países más pobres del mundo. Según las Naciones Unidas, en relación con el Índice de Desarrollo Humano[3], ocupa el puesto número 189 de los 191 países analizados.

Níger es el octavo productor mundial de uranio y suministra el 15% del metal que necesita Francia y según el Banco Mundial, solo el 18,6% de la población de Níger tiene acceso a la electricidad [4] , mientras que proveen el 40% de la electricidad de las ciudades francesas.

Además de uranio, Níger tiene reservas de petróleo. Con cifras de 2021, 150 millones de barriles[5] y además es un exportador de oro, concretamente el número 29 de la lista de países exportadores de oro[6].

Rica en uranio, oro y petróleo, es el tercer país más pobre del mundo: el 48,9 % de su población vive en la extrema pobreza y sólo el 18,6% tiene acceso a la electricidad

Datos recientes de la ONU reflejan que más de 37 millones de personas necesitan ayuda humanitaria en la región del Sahel, a la que pertenece Níger -entre el desierto del Sahara y la sabana sudanesa-, y el organismo mundial estima que solo en Burkina Faso, Mali y Níger unos diez millones de niños, el doble que en 2020, se hallan en condiciones de riesgo extremo.[7]

La relación de subordinación histórica de Níger con las potencias occidentales no ha aportado prosperidad al pueblo nigerino y el 48,9% de los y las nigerinas viven en la extrema pobreza[8].

Los países africanos del Sahel como Níger viven en lo que el coordinador especial para el desarrollo en el Sahel de Naciones Unidas, Abdoulaye Mar Dieye califica como “la paradoja africana”. “Una región que rebosa oro, uranio o metales preciosos y, sin embargo, la pobreza es tremenda.” “Es una contradicción dolorosa. Lógicamente, la población esta enfadada y quiere un cambio rápido…Occidente ha fallado al Sahel…no hemos generado ninguna transformación, no hay empleo, ni infraestructuras, ni industria. Todos los países del Sahel se encuentran entre los 20 más pobres del mundo…(sic)[9]

Esa paradoja es consecuencia de los modelos económicos neoliberales que el capitalismo occidental impuso a muchos estados africanos para seguir explotando sus recursos a costa de mantener la pobreza y desigualdad de sus poblaciones.

Incluso Níger, que contaba con un presidente elegido democráticamente como Mohamed Bazoum, no ha podido soportar el hartazgo de su población que sufre en su carne las consecuencias de esa “paradoja africana”.

La intervención militar no soluciona el problema

La respuesta internacional al golpe militar en la región vino de la mano de la CEDEAO, la coalición regional más influyente de África Occidental que agrupa a 15 países, manteniendo la amenaza de una intervención militar para reponer al despuesto presidente.

Por otra parte, EEUU y Francia, como potencias “garantes” de la economía capitalista, mantienen en Níger sendas bases militares. EEUU, la Base Aérea 201 de aviones no tripulados, dependiente del Mando de África Estadounidense (AFRICOM), para contribuir a su dominio militar en África septentrional y occidental, y Francia con 2.500 soldados desplegados en la región, repartidos entre Chad y Níger. 

En ese escenario, cualquier solución que pase por una intervención militar y no una acción diplomática para garantizar a la población nigerina que sus riquezas se utilizarán para acabar con su pobreza extrema y la desigualdad, desencadenaría un conflicto de incalculables consecuencias que superaría sin duda las fronteras nigerinas.

Fuente:
Mundo Obrero

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