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01/05/25

Temas: Soberanía

Regiones: Argentina

La Revolución Industrial es la tarea pendiente de la Independencia

Por De Santis Daniel

(Contenidos operativos del libro La Revolución Industrial en la Argentina. Programa Económico para la Independencia Nacional y el Socialismo)

“Ni la agricultura ni el comercio serían en ningún caso suficientes a establecer
la felicidad de un pueblo si no entrase a su socorro la oficiosa industria”.
MANUEL BELGRANO

Las clases dominantes no quisieron las ideas de Belgrano. No las quiso Rivadavia mientras abandonaba a San Martín a su suerte. No las quiso Mitre cuando se alió con Brasil traicionando al hermano e industrioso Paraguay. Ni Julio extranjero Roca, cuando integró el país a fuerza de bayonetas y su nacionalismo no pasó de ser el candidato permanente de la Bolsa de Londres. Ellos hicieron la Argentina agro ganadera exportadora y la reactualizaron sus sucesores Videla, Martínez de Hoz, Cavallo, Menem, Macri, Milei y muchos dirigentes peronistas neoliberales vergonzantes hasta el actual modelo extractivista financiero exportador basado en el endeudamiento externo.

Daniel De Santis

25 de abril de 2025

Los socialistas ganamos popularidad entre los pueblos del mundo, durante los 127 años que van desde el Manifiesto Comunista (1848) hasta el triunfo del pueblo vietnamita frente al imperialismo norteamericano (1975), porque supimos ofrecer
una alternativa de sociedad a la del capitalismo. En el socialismo, la abundancia de bienes permitiría la realización de la libertad humana. Después de la desintegración de la Unión Soviética, esa conciencia se perdió no solo entre las masas sino en parte de la militancia. El socialismo no es el reparto de la escasez absoluta generada por el capitalismo, sino la explosión de las fuerzas productivas.

Carlos Marx, en su conocido Prólogo a la “Contribución de la crítica de la economía política”, ponía las bases de la nueva revolución industrial como parte de la revolución socialista: “al llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes (...) De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas. Y se abre así un período de revolución social. Al cambiar la base económica, se revoluciona, más o menos rápidamente, toda la inmensa superestructura erigida sobre ella”[1] Esta traba al desarrollo de las fuerzas productivas encuentra su máxima expresión en los países que integran el llamado Sur Global.

Ernesto Guevara, a cargo del Ministerio de Industrias de Cuba, tenía como objetivo la industrialización del país, y lo afirmó con precisión “la teoría que resulte dará indefectiblemente preeminencia a los dos pilares de la construcción [del socialismo]: la formación del hombre nuevo y el desarrollo de la técnica”. Y en Carta a Fidel, criticando la construcción del socialismo en la Unión Soviética, le decía: “en ese capitalismo desarrollado están los gérmenes técnicos del socialismo mucho más que en el viejo sistema llamado del cálculo económico que es, a su vez, heredero de un capitalismo que ya está superado en sí mismo y que sin embargo, ha sido tomado como modelo de desarrollo socialista”. Párrafo del que se desprende inequívocamente que para construir el socialismo se hace necesaria la revolución de las fuerzas productivas en especial las industriales. Guevara no se quedó en los enunciados teóricos sino que en el Ministerio de Industrias, que él dirigía, como sistema de
administración usó el de la General Motors. La crítica del Che alcanza a los que en la actualidad se conforman con repartir la escasez del capitalismo.

Aquí recuperamos el concepto de burguesía nacional utilizado por los clásicos marxistas, en nuestro país: Silvio Frondizi, Ernesto Guevara y Milcíades Peña. Ellos indicaban con burguesía nacional a la burguesía del propio país. Guevara, para no redundar, utilizaba indistintamente burguesía nacional, burguesía autóctona o burguesía criolla como sinónimos y no para calificar a distintos sectores de la burguesía como a veces se malinterpreta. Ni se vincula con el falso concepto de burguesía nacional, aparecido en los primeros años 70, con el que se quería indicar a una supuesta burguesía progresista e incluso antiimperialista.

Esa burguesía nunca existió en Argentina ni en América Latina. La única referencia teórica al respecto la encontramos en las elaboraciones del griego Nicos Poulantzas[2], quien la veía válida para algunos países, pero que le venía como anillo al dedo a las corrientes reformistas y populistas. Reiteramos que utilizaremos el concepto burguesía nacional de los clásicos del marxismo, indicando con ella a la burguesía del propio país.
Y, ¿por qué Revolución Industrial y no solamente industrialización? Porque es mucho más que un proceso de sustitución de importaciones y porque a la palabra industrialización la utilizan demagógicamente políticos burgueses como Sergio Massa durante el debate presidencial con Javier Milei y muchos militantes que expresan con ella un sentimiento genuino no alcanzan a ver lo profundo de la tarea histórica. Se trata de una transformación de la estructura económica para pasar de ser un país cuya economía está liderada por el sector primario y el capital financiero, sin desconocer que el 70% de la producción en Argentina se inscribe en el sector secundario y destinada al mercado interno que es lo que viene a continuar liquidando Milei, a otro en que la industria asuma el liderazgo y se convierta en hegemónica. En otras palabras, se trata de cambiar la matriz productiva del país, y eso se llama Revolución Industrial.


FORJANDO LA IDEA DE LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL

A esta idea nos fuimos acercando buscando superar el retroceso de las ideas socialistas luego de la desintegración de la Unión Soviética y presentar a la militancia y al pueblo un objetivo por el que fuese valioso luchar. En 2014 escribimos una crítica a “Los procesos de sustitución de importaciones” y bajo el título “El hecho maldito del país burgués” desnudábamos el carácter parasitario de la clase capitalista argentina.

La idea de que el desarrollo se iba a lograr con el socialismo lo comenzamos a sentir como un dogma, porque pensamos que el sólo cambio político social no generaba, sin más, las condiciones para el desarrollo. Entonces me pregunté si en Argentina existieron condiciones materiales y políticas que hicieran posible la Revolución Industrial. Al interrogante contribuyó la siguiente afirmación del historiador Milcíades Peña: “las clases dominantes argentinas y especialmente su sector más joven, la burguesía industrial (…), ‘podrían’, hipotéticamente, intentar un desarrollo autónomo (…) pero en la realidad ello implica destrozar la estructura de relaciones de propiedad que sostienen el atraso, con el cual lucran no sólo las metrópolis, sino las propias burguesías nacionales”. Me interesó desarrollar el “podrían hipotéticamente” de Peña pensando que si era posible en el capitalismo lo sería aún más desde un gobierno revolucionario y tenerlo presente para integrarlo en nuestro programa de lucha política por la liberación nacional y social.

Además, veíamos que, pese al auge del neoliberalismo, entre el pueblo mantenía prestigio la cultura del trabajo, lo que nos permitía asentar en ella las ideas que reactualizaran y diera nuevo contenido al socialismo como ideal de futuro para los pueblos del mundo. Pero para que el socialismo se abriera paso en conciencias minadas por el individualismo capitalista éste debía presentarse, como en sus orígenes, en forma ofensiva haciendo explícito desde el vamos su contenido subversivo.

Para darle sustento revolucionario pero a la vez amplitud política y continuidad histórica vimos que eso lo aportaban los llamados programas históricos de la CGT reivindicando su carácter de programas políticos de la clase obrera y el pueblo para el proceso de transición del capitalismo al socialismo. Pero, la mención en montón y al boleo de estos programas diluiría su contenido, por lo que había que buscar uno que los resumiera y esa virtud la encontramos en el Programa de Huerta Grande del año 1962. El paso siguiente fue identificar cuáles eran las tareas de una Revolución Industrial en la Argentina, que había sido combatida por los liberales, asumida de manera inconsecuente por el primer peronismo y, en forma explícita, ausente en la militancia socialista.

TAREAS DE LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL

Las revoluciones industriales son grandes demandantes de los bienes más simples que son los alimentos para la fuerza de trabajo, las materias primas y entre ellas los minerales para la industria y la energía para mover las máquinas. Podemos alimentar bien y a bajo consto a toda nuestra población y seguiríamos teniendo amplios saldos exportables para financiar la Revolución Industrial. También somos sobreabundantes en materias primas para la industria, tenemos hierro, madera, oro, yacimientos minerales ricos en litio, tierras raras, coltán, etc. por lo que después de abastecer a nuestra industrialización podremos exportar; en energía tenemos petróleo, gas, corrientes de agua, vientos patagónicos, energía solar, en nuestro subsuelo existen grandes reservorios de los nuevos minerales de la cuarta revolución industrial, los que vino a monitorear la Generala del Comando Sur de Estados Unidos Laura Richardson, suficientes para sostener un amplio programa de Revolución Industrial. Trípode que constituye la sólida base de la pirámide que va transformando las materias primas en bienes más complejos: muebles, autos, teléfonos celulares, aviones, chips, etc.

En un primer nivel de complejidad encontramos actividades como la elaboración de alimentos y la agroindustria, que bien Argentina desarrolla y que habrá que mantener y ampliar, y la industria textil que aún modernizada sigue teniendo un nivel de complejidad que podemos atender.

En un segundo nivel, un poco más complejas, están las industrias basadas en el motor de combustión interna y las máquinas cuya fuente de energía es la electricidad, tanto uno como la otra aplicadas a la fabricación de electrodomésticos, automóviles, teléfonos, la televisión, locomotoras, trenes, barcos y aviones, su instrumental, etc. que en su mayoría importamos con tecnología muchas veces obsoleta, las podemos resolver con solo movilizar los recursos que están en nuestra economía. Un ejemplo de importación de atraso son los trenes eléctricos del Gran Buenos Aires, que quizás hayan sido recién fabricados cuando los compraron, pero su tecnología no pasaba de la década de 1980. Toda esta maquinaria la podríamos producir aquí, e incluso más moderna porque tenemos la capacidad técnica para hacerla, en lugar de la chatarra de descarte que saben comprar ministros en negociados con el primer mundo. Tenemos la inteligencia y la capacidad técnica para abordar este nivel, faltan los capitales que saldrán, no del endeudamiento externo, sino del ahorro interno como veremos.

El tercer nivel de complejidad es el de la automatización de los procesos en las fábricas, de la tecnología de la información y de la comunicación, la tecnología 5G, la inteligencia artificial, lo que se está dando en llamar el cuarto nivel o tecnología 4.0 con la integración de tecnologías digitales y físicas de los procesos productivos y empresariales. Incluso en estos momentos la digitalización se está volcando a la manufactura (gran industria la llamó Marx), por ejemplo máquinas que fabrican herramientas y piezas de una determinada aleación de metales y otros elementos y digitalmente se pueden modificar no solo la forma y tamaño sino la aleación. Con la utilización de las mencionadas técnicas de la frontera tecnológica podremos abordar las industrias que fabrican máquinas para transformar las cosas, es decir, lo que se llama industria de bienes de capital cuyo desarrollo aportará a la independencia tecnológica.

Nos dicen que hay maquinaria moderna en muchas fábricas argentinas, lo que es una parte de la verdad, la otra parte es que tanto ella como su tecnología es en su mayoría importada. Asumiendo esta realidad, vemos la importancia que adquiere la masiva inversión en Investigación y Desarrollo. Tenemos Universidades y decenas de Instituciones científicas a partir de las cuales y multiplicando por diez o más sus presupuestos, ampliando su quehacer a otras ramas de la ciencia y de la técnica que necesitemos, en acuerdo con un amplio plan de desarrollo el cual resolverá el ordenamiento de los procesos para llegar a ser productores en la frontera tecnológica, meta de la cual no estamos lejos. El despegue de la ciencia y de la técnica no es una quimera ni una ilusión sino un sueño que nace de nuestra realidad presente.

En estos dos últimos renglones, producción de bienes de capital y el desarrollo científico técnico, es en el que el capitalismo argentino no ha avanzado sino retrocedido desde la dictadura hasta la actualidad porque la economía argentina basada en el endeudamiento externo no se propone el desarrollo integral del país sino generar saldos financieros para pagar los intereses de la estafa de la deuda externa, por ello están haciendo los gasoductos desde Vaca Muerta hacia el mar o hacia Brasil. Este último no estaría mal si fuera para un proyecto de integración e industrialización sudamericana, pero ellos lo hacen en función del modelo extractivista, financiero, exportador porque lo que quieren es exportar, pero nosotros no tenemos que exportar energía sino destinar el gas para mover las máquinas que creará nuestra propia industria y calefaccionar a nuestra población.

Cada revolución industrial tiene su propio perfil pero, básicamente, necesitan insumos para la industria que los terminan transformando en el bien complejo de la época: textiles en Inglaterra 200 años atrás, autos los norteamericanos hace 100 años. En la actualidad, los chinos compran tres cosas: energía, materias primas minerales y alimenticias para producir bienes industriales, ocupando la punta en tecnología 5G. En nuestro caso, no debemos recorrer la misma historia ni recurrir a la superexplotación de las y los trabajadores como magistralmente informó Federico Engels en la Situación de la clase obrera en Inglaterra. Tampoco el de la agresión a la naturaleza, como denunció Carlos Marx. “La producción capitalista, por consiguiente, no desarrolla la técnica y la combinación del proceso social de producción sino socavando, al mismo tiempo, los dos manantiales de toda riqueza: la tierra y el trabajador”[3] Nuestro camino será reorientar la producción de alimentos a las necesidades de la población y el saldo exportarlo, destinando las divisas obtenidas al ahorro interno. Esta concepción nos permitirá rechazar la utilización de agroquímicos en la producción agrícola suplantándolos “por el manejo alternativo de adversidades” (plagas, etc.). Con estos métodos no se disminuye la producción, como nos han explicado compañeros que conocen de agronomía, también nos dijeron que la cantidad de producción del campo se puede mantener, lo que cambia con la no utilización de agrotóxicos es que se necesita más mano de obra, por lo que trabajadores desocupados encontrarían trabajo estable y bien pago. La misma política se debe seguir con los minerales, extraerlos y procesarlos como insumos de nuestra industria y exportar el remanente que, progresivamente, será absorbido por nuestras fábricas como componentes de los bienes finales “hecho en Argentina”. Y, finalmente, tenemos suficientes fuentes de energía para abastecer una industria que entrará en franco desarrollo.

Con la reactivación y ampliación de la industria de la construcción, que realizará las grandes obras civiles que necesita la industrialización, podremos avanzar rápidamente a la plena ocupación, aumentando la inversión para la producción de bienes de complejidad media, como textiles, autos y ferrocarriles y, como alma de la Revolución Industrial, desarrollaremos un sistema de investigación científico técnico que se meta con la producción de tecnología para producir bienes complejos en la frontera tecnológica. Nos dicen que la tecnología desplaza fuerza de trabajo, pero eso ocurre en los países ya industrializados, en los nuestros en una primera etapa al crear industrias que no existían se generaran centenares de miles de nuevos puestos de trabajo. Así, el desarrollo tecnológico planificado se convertirá en nuestro aliado posibilitando la reducción de la jornada de trabajo para una población viviendo en plenitud.

Para realizar este programa, se necesita revolucionar la conciencia de las masas en lucha por derrotar la política del endeudamiento externo e implantar otra basada en el ahorro interno. El programa de la Revolución Industrial comenzará con la nacionalización de los bancos, del comercio exterior, poner las rentas: financiera, agraria y petrolera-minera en función del ahorro interno. La planificación tendrá en cuenta que: tanto la renta diferencial como la renta extraordinaria le pertenece no al propietario privado de la tierra sino a la Nación Argentina porque fue esta la que le dio la posibilidad de producir a precio ventajoso. Porque el Sol, el clima, la fertilidad de la tierra, el régimen lluvias, los cursos de agua, los bosques, la existencia de minerales en las entrañas de la tierra no provino de la acción humana, sino que fue dado por la naturaleza, por lo que no son propiedad individual sino nacional y social. Estas riquezas que se convierten en rentas, propiedad del pueblo argentino, las podremos invertir en los distintos niveles del proceso productivo.

En la dinámica del proceso de industrialización se nos presentarán los problemas de escala de planta, es decir la relación entre la cantidad de unidades producidas de una mercancía y el número de potenciales compradores porque, un mercado más grande reduce los costos unitarios de los productos; es decir, deberemos resolver la relación entre producción y realización de esa producción que afrontaremos en el marco de la unidad Nuestramericana. Pero ya no será resolver el hambre, la hiperinflación, la deuda externa extorsiva, sino los problemas en el camino de la abundancia.

EL AHORRO INTERNO ES LA ALTERNATIVA

Uno de los problemas que condujo al endeudamiento externo fue el insuficiente desarrollo de la ciencia y la técnica, dando como consecuencia que Argentina no producía ni produce la tecnología requerida por la industria, ni esta generaba las divisas para la importación de esa tecnología, por lo que debió recurrir a divisas que solo podían provenir del agro o del endeudamiento externo. Del agro era posible debido a las ventajas comparativas y a una sostenida inversión en desarrollo de técnicas, algunas propias como la siembra directa, que mantuvo a este sector superavitario, pero cuando los gobiernos recurrían al agro este zapateaba de disgusto como ocurrió en 2008. La otra alternativa, la del endeudamiento externo, que se viene aplicado desde la Dictadura ha dado resultados desastrosos, quebrando al país cuatro veces y es la fuente del permanente retroceso. El Producto Bruto Interno per cápita desde el año 1974 a la actualidad no creció nada. Creció 0 %.

Entonces, ¿de dónde saldrán los capitales para el ahorro interno? De dos lugares principales. El de menor cuantía pero de enorme importancia estratégica es el de la deuda externa. Tenemos que cortar con esa deuda que en 2025 supera los cuatrocientos mil millones de dólares. Declarada la moratoria de su pago establecer ¿quiénes la contrajeron y dónde fueron a parar esas divisas? Establecidas las responsabilidades ellos serán los que deberán pagarla con los fondos fugados por los responsables y depositados en los paraísos fiscales.

Los fugadores tienen depositado en el extranjero un monto equivalente a la deuda. No es una casualidad que sean iguales entre sí y que rozan el monto del Producto Bruto Interno. Entonces, saquemos la guita de ahí, señores imperialistas, señores fondos buitres, señores Fondo Monetario Internacional ¿Quieren cobrar? Bueno, nos parece bien, pero asumiendo su corresponsabilidad en la formación de la deuda. Por lo tanto, le proponemos ir juntos a sacarle la guita a los que se la afanaron y no al pueblo argentino, porque está bien que ustedes cobren, pero está mal que pague el pueblo argentino. Que la paguen Milei, Caputo y sus patrones de los fondos buitres o de cobertura y sus amigos, pero todos los socios de todos los gobiernos, de todos los bandos, así vamos a ver que los que van a zapatear están en toda la casta incluido el Presidente Milei, Luis Caputo y su Jefe Larry Fink Ceo de BlackRock.

El lugar del que se puede recaudar incluso más que de la deuda es del enorme gasto suntuario de la burguesía. La burguesía argentina vive igual que la burguesía de Estados Unidos, de Alemania, de Japón, de los países desarrollados. Entre la fuga al exterior y el gasto suntuario se dilapida improductivamente el 50% del PIB (12% en fuga y 38% en gasto suntuario, aproximadamente). Eliminando la fuga, reduciendo a la mitad el gasto suntuario, que sumados al actual mísero 13% de inversión, rondaríamos el 45% de inversión productiva acercándonos a los niveles de China y la India. Considerando, además, los resultados de una balanza comercial favorable que, en lo que va del siglo, ha obtenido un superávit mayor a 300.000 millones de dólares, son todas “condiciones de posibilidad” de nuestro programa de Revolución Industrial y proclamamos, lo ya enunciado, que el socialismo propone una Revolución Industrial que preserve la naturaleza.

El gasto suntuario no se puede eliminar totalmente porque daría una sociedad muy rígida, pero se podría reducir a la mitad con un sistema impositivo progresivo, obligando a invertir a los capitalistas y nacionalizando la banca y el comercio exterior. Es decir, que la plata está en la economía argentina. Hay que tomar la decisión de ir a buscarla y recuperarla para el desarrollo del país y de los pueblos que habitamos el territorio argentino.


QUIÉNES PUEDEN LLEVAR ADELANTE LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL

De partidos como LLA, el PRO, la UCR, la estructura del PJ y de gran parte de la dirigencia de la CGT no se puede esperar ningún patriotismo porque son los beneficiarios de la política del endeudamiento externo. No podemos contar con la gran burguesía agraria, ni con la gran burguesía industrial porque lo han dicho reiteradamente durante 162 años de historia la primera y desde que nació la segunda. Han sido enfáticos: ¡no queremos la Revolución Industrial porque nos conviene el atraso y la dependencia! Esto no descarta que algún burgués individualmente, pero no como clase, se sume a la movilización del pueblo argentino.

Las clases o sectores de clase que pueden llevar adelante la Revolución Industrial son, la clase obrera ocupada formalmente, ocupada informalmente y la desocupada, los trabajadores autónomos, la pequeña burguesía urbana o clase media y el campesinado, también los espacios sociales como los movimientos ecologistas, de género, etnia y las juventudes, es decir el conjunto del pueblo trabajador. Esa multitud que suma más del 80%, en el proceso de la lucha se irá articulando bajo el nombre de Pueblo Trabajador Argentino. A todos ellos les conviene la Revolución Industrial, ya que tendrían trabajo, buenos salarios, actividad económica, escuelas y universidades de calidad y hospitales equipados técnicamente y con un personal eficiente para dar respuesta desde la atención primaria hasta la alta complejidad. Los científicos y técnicos integraran un sistema productor de los más elevados niveles de la ciencia y de la técnica, en una sociedad de producción masiva, diversificada y de alta calidad. Sumar a los que integran lo que se ha dado en llamar el cognitariado, es decir, trabajadores del ámbito informático y de las tecnologías del conocimiento. Lo componen personas preparadas, muchas de las cuales trabajan remotamente desde aquí para empresas de Europa, Estados Unidos y Asia. Con los recursos del ahorro interno volcados a los distintos sectores de la economía: primario (agropecuario, petróleo, gas y minería), secundario (industria moderna), y terciario (servicios) administrados por el Poder centralizado de los Pueblos y con justicia social consumaremos la Revolución Industrial.

La política revolucionaria del ahorro interno para el desarrollo integral de la República Argentina tiene que ser sostenido por fuerzas políticas que estén comprometidas con el pueblo. Y los únicos que están comprometidos con el pueblo trabajador son los trabajadores mismos, “Yo también soy un trabajador, no me pongan afuera” nos dicen los amigos médicos, los profesionales, los talleristas, los camioneros, los pequeños comerciantes, los cuentapropistas y emprendedores, los pequeños empresarios, los campesinos, los intelectuales, es decir, todo el mundo que vive de su trabajo. Ese es el pueblo argentino y esa es la fuerza social que tiene que llevar adelante esta Revolución Industrial.

Y en la historia reciente están los programas históricos de la CGT, que son programas eminentemente político-económicos. Un punto del programa de Huerta Grande dice: Nacionalizar todos los bancos y establecer un sistema bancario estatal y centralizado. Perfecto. Hay que hacer eso. No es viejo. Otro, implantar el control estatal sobre el comercio exterior. Lo hicieron los conservadores, como no lo vamos a hacer nosotros para que no se fuguen las divisas. El punto tres quiere: nacionalizar los sectores claves de la economía, siderurgia, electricidad, petróleo y frigorífico. Acá tendríamos que agregar inteligencia artificial, tecnología 5G, etc. El punto cuatro: Prohibir toda exportación directa o indirecta de capital, ¡cómo si se lo hubiese escrito hoy! El siguiente, en el que hubo mano trotskista: control obrero de la producción, perfecto. Otro más: expropiar a los terratenientes sin ningún tipo de compensación...

¡Quién puede decir qué este programa es viejo o burgués! Esto lo hicieron los obreros peronistas de las Regionales de las 62 Organizaciones, pero sabemos que hubo manos comunistas, trotskistas y seguramente radicales. Peleemos juntos por la actualidad del programa de Huerta Grande. Pasémosle un poquito el plumero si alguno lo cree necesario, le ponemos unas lucecitas de neón, hagamos un podcast, un TikTok y el programa está, fue por el que luchó el pueblo argentino en los años revolucionarios. No es que lo fuimos a buscar a Leningrado a Beijing o a La Habana, sino que surgió de las entrañas del pueblo argentino.

Tenemos programa, tenemos alimentos y materias primas, tenemos energía, tenemos recursos naturales y sociales, tenemos inteligencia, debemos y podemos desarrollar intensamente la ciencia y la técnica, lo que falta es el ahorro interno que saldrá del excedente económico que genera nuestra economía. La clave del desarrollo y de la Revolución Industrial será captar ese excedente para el ahorro interno. Cuando nos hablan de exportaciones como la panacea, tenemos que decirles que son macanas. Eso son negocios de las doscientas empresas exportadoras. Nosotros vamos a exportar luego de atender la alimentación de nuestra población y las necesidades del desarrollo interno para aportar a la necesaria acumulación originaria de capitales para la inversión productiva. Pero no destruyendo la naturaleza que nos da la vida, por el contrario, atendiendo al cuidado del ecosistema con técnicas para producir lo mismo sin agrotóxicos, lo que se necesita es la decisión política para realizar la postergada Revolución Industrial.

A quién le interese ampliar puede consultar el libro La Revolución Industrial en la Argentina. Programa Económico para la Independencia Nacional y el Socialismo cuyo índice es el que sigue.

Índice

ACERCAMIENTO TEÓRICO

Forjando la idea de la Revolución Industrial

TAREAS DE LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL. RESUMEN

ENTREVISTA DE ZONA DE TRABAJO (22/2/23)

Carácter capitalista de la colonia

Ausencia de una burguesía revolucionaria

La Revolución Industrial no es una tarea burguesa

Tenemos que decir algo de la máquina de vapor

Retirar la escalera o, cómo nos mintieron mucho durante mucho tiempo

China

La Revolución Industrial parte de una decisión política

Los procesos de sustitución de importaciones

Las tareas de la Revolución Industrial

El ahorro interno es la alternativa

Los actores que pueden llevar adelante esas tareas

El Gran Mentiroso, peón de brega del capital financiero internacional

La organización y unidad política

ANEXO
EL HECHO MALDITO DEL PAÍS BURGUÉS


[1] Marx, Carlos. Prólogo de la “Contribución a la crítica de la economía política”. C. Marx F. Engels. Obras escogidas. Página 518. Tomo I. Editorial Progreso. Moscú. 1974.

[2] Poulantzas, Nicos. Clases sociales y alianzas por el poder. Editorial Zero. Bilbao. España. 1973. Pág. 28. “Por burguesía nacional se entiende la fracción de la burguesía cuyos intereses están ligados al desarrollo económico nacional y que entran en relación relativa con los intereses del gran capital extranjero. Se sabe que esta distinción, cuando no vale aún más que para ciertos países, es importante: en efecto, siguiendo las etapas, pueden darse formas de alianza entre la clase obrera y la burguesía nacional contra el imperialismo extranjero y en favor de la independencia nacional (tal fue notoriamente el caso en China bajo Mao)”. Posteriormente en su libro Clases sociales en el capitalismo actual de 1976 utiliza el concepto burguesía nacional en un sentido compatible con los clásicos del marxismo.

[3] Marx, Carlos. El Capital. Último párrafo del capítulo 13.

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