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11/09/22
Temas: Soberanía
Regiones: Venezuela
Venezuela: La intromisión de Estados Unidos en nuestros asuntos internos
Por Nelson Pineda Prada

Los gobiernos estadounidenses, a lo largo de los veintidós años del proceso revolucionario, no han cesado en inmiscuirse en los asuntos internos de la Patria de Bolívar y Chávez. Intromisión diseñada en los departamentos de Estado y de Defensa, la cual ha contado con el apoyo de los sectores más ultraconservadores y antinacionalistas de Venezuela.

Como fue demostrado el paro empresarial del año 2001, el golpe de Estado de abril del 2002 y el paro petrolero de diciembre del 2002 a marzo del 2003, fueron diseñados y dirigidos desde el Departamento de Estado de los EEUU.

Numerosas son las pruebas que constatan esta afirmación. El 31 de marzo del año 2004, el Embajador Jorge Valero, como Representante Permanente de la República Bolivariana de Venezuela, denunció en el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA), el financiamiento que el gobierno estadounidense otorgó a los golpistas del año 2002 a través de la NED, la USAID y otros organismos gubernamentales de esa nación.

En reiteradas oportunidades, el gobierno venezolano denunció la injerencia de funcionarios como Roger Noriega, Otto Reich, William Browfield y Jhon Negroponte, en los asuntos internos del país; suficientes pruebas señalan las reuniones de éstos con Álvaro Uribe Vélez, Leopoldo López, María Corina Machado, Julio Borges y Henrique Capriles para solo citar algunos de los más conspicuos representantes de la ultraderecha fascista del país.

La segunda elección de Bush

Los comicios electorales del 5 de noviembre de año 2004, no solo permitieron la reelección de George W. Bush, para una segunda presidencia, sino que, hubo de permitirle al Partido Republicano controlar las dos cámaras del parlamento estadounidense. Lo cual, a todas luces, consolidaría la agenda de su gobierno referida a la relación de la nación del Tío Sam con el resto del mundo y, de manera particular con Latinoamérica y el Caribe.

La dirigencia de la nación del norte afirmaba estar recuperándose de la «derrota» sufrida con los sucesos del 11 de septiembre del 2001, de manera más rápida a la de sus cálculos. Por tanto, reafirmo su política expansionista y de dominación. Apuro la aprobación del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), reforzó el Plan Colombia, profundizó el aislamiento de Cuba, radicalizó su política antinmigrante, impuso una concepción de la lucha antiterrorista implementando prácticas terroristas, profundizó su oposición al gobierno de Hugo Chávez.

A partir de entonces, la bota imperial no ha cesado en su pretensión de aplastarnos. Han recurrido a las más sofisticadas y criminales prácticas de violencia terrorista, de chantaje, pero, no han logrado que doblemos la cerviz y nos inclinemos ante ellos.

El 29 de febrero del año 2004, en un acto realizado en Caracas, el Comandante Presidente Hugo Chávez le dijo al imperio: Aquí en Venezuela lo que estamos haciendo es un esfuerzo gigantesco para cambiar de camino, del camino al infierno al camino de la vida (…) Bastante historia hay aquí. Bastante heroísmo hay aquí, Y, ¿saben una cosa? Bastante pueblo hay aquí. Y, ¿saben otra cosa? Bastantes cojones hay aquí…

Algunos analistas opinaban que la reelección de George W.Bush, mantendría sin cambios su política de «distanciamiento» hacia los vecinos del sur, aunque su principal propósito fuese consolidar a un Estados Unidos unilateralista, dominado por neoconservadores y obsesionado con la seguridad; creían que, Latinoamérica no figuraba entre las prioridades estratégicas de Estados Unidos; por tanto, aseguraban que no debían esperarse grandes cambios en los vínculos de Washington con la región, tanto en la dirección de la política como en la intensidad de las relaciones; otros, alertaban sobre el peligro de que Bush pudiese desatar una nueva guerra, tenían presente el hecho de que la extrema derecha cristiana se había convertido en el principal factor de su reelección, lo cual constituía un gran estimulante para desarrollar las tesis formuladas por Samuel Hutington, acerca de la guerra de civilizaciones.

No había duda, la reelección de George W. Bush, fue percibida como un fortalecimiento de las corrientes más conservadoras de la sociedad norteamericana, algunos la consideraron como una «tragedia de dimensiones planetarias y consecuencias graves para todos los integrantes de la comunidad internacional».

Aún recordamos las intromisiones de la ex Secretaria de Estado, Condoleezza Rice y las amenazas invasoras de Donald Rumsfeld, ex Secretario de Defensa, y su Plan Balboa, durante el segundo gobierno de George Busch.

La designación de Condoleza Rice presagiaba una política exterior más agresiva y en mayor sintonía con los designios de la Casa Blanca. Rice no es sólo una amiga cercana al Presidente Bush, sino que se había desempeñado, en los cuatro años anteriores a su designación como Secretaria de Estado, como una de sus principales asesoras en política exterior. Durante el primer mandato del Presidente Bush, asumió un protagonismo inusual en la fijación de la política exterior norteamericana, llegando incluso a desplazar al propio Colin Powell.

Con Rice en la cartera de exteriores, Bush no tendrá que escuchar las opiniones discordantes que frecuentemente provenían de Powell. El gobierno de los Estados Unidos estará más unido alrededor de valores conservadores. Habrá más coherencia, en el carácter agresivo y hegemónico de la política exterior estadounidense.

La designación de Condoleza Rice como Secretaria de Estado habría de propiciar una mayor cohesión al interior del gobierno estadounidense, consolidar la visión neo-conservadora y favorecer la implementación de políticas más duras, radicales, intransigentes y unilaterales hacia el resto del mundo, en especial hacia América Latina.

Condoleezza Rice llegó a afirmar que: El Presidente Chávez es un verdadero problema. Creo que va a seguir buscando maneras de subvertir la democracia en su propio país. Él va a seguir buscando maneras de hacer a sus vecinos desgraciados. Seguirá con sus contactos con Fidel Castro, posiblemente dando a Castro una última oportunidad para que intente afectar la política en América Latina, lo que no es una cosa buena. Está involucrado en Colombia con las FARC de una manera que no ayuda.

La fórmula sugerida por Rice para contrarrestar la influencia del auge Bolivariano y del Presidente Chávez, es la de movilizar a los países de la región a fin de que a la vez que lo observa, esté vigilante con él, y presionarlo cuando se mueva en una dirección o en otra. Rice indicó que para lograr esto, Estados Unidos no podía actuar solo: Esta es una región donde si intentamos actuar solos, probablemente lo vamos a fortalecer.

Por esta razón, anunció que EEUU utilizará el escenario de la OEA. Al respecto dijo que: La OEA puede hacer mucho. Esperamos que el reconocimiento de que no está siguiendo una vía democrática (refiriendo al gobierno de Chávez), pueda ayudar a movilizar a la OEA.

En otras palabras, la estrategia ya anunciada es que EEUU acudirá al foro hemisférico para convencer a los países de la región de que en Venezuela no se sigue el camino democrático. La Secretaria de Estado estadounidense ha declarado que en realidad lo que les toca es observar sus actividades y asegurarnos que al menos le acarreen un alto costo, políticamente, si Chávez lleva a cabo actividades anti-democráticas ya sea en su país o en la región.

La idea de utilizar a la OEA, a sus órganos y a sus instrumentos como forma de penalizar a los gobiernos que se salgan del «riel», iría tomando mayor fuerza en la agenda norteamericana.

Plan que no le resultaría fácil de aplicar al gobierno de Bush. La presencia de varios gobiernos progresistas en América Latina, nos decía que se estaba conformando un nuevo mapa político en la región. Ante esta situación el gobierno venezolano diseño una estrategia que le permitiera frustrar las pretensiones hegemónicas del imperio.

La oposición de la República Bolivariana de Venezuela a dicho plan en la OEA fue digna y contundente. Estaban en juego los principios de soberanía y libre determinación. El derecho a decidir nuestro propio destino como nación libre. A que se respetara la decisión soberana del pueblo venezolano al elegir a Hugo Chávez como su Presidente constitucional. El honroso legado que habíamos heredado de nuestros padres libertadores.

Ya que, como bien lo dijera el Embajador Jorge Valero: Los adoradores del capitalismo salvaje, y quienes se benefician de su perversa dinámica, consideran que la soberanía ya no tiene pertinencia. Nosotros, los bolivarianos, por el contrario, consideramos que, frente a la globalización inhumana y desintegradora, es absolutamente indispensable mantener, desarrollar y defender la soberanía. Sólo así podremos resguardar la identidad nacional. Sólo así nuestros pueblos serán dueños de su propio destino. Sólo así honraremos la memoria de nuestros libertadores.

Y es que, para los venezolanos, la defensa de nuestra soberanía es un principio muy caro. El nuestro, es un pueblo que tiene una dignidad histórica sin parangón. Amamos la libertad más que cualquier otra cosa. Nuestro proceso histórico está preñado de ejemplos de dignidad e hidalguía cuando se ha pretendido agredir nuestra soberanía.

George W. Bush no podía actuar de otra manera. José Saramago, Premio Nobel de Literatura, se preguntaba porqué Estados Unidos, un país en todo tan grande, ha tenido, tantas veces, tan pequeños presidentes… Y, afirmaba que, … George W. es quizá el más pequeño de todos. Inteligencia mediocre, ignorancia abismal, expresión verbal confusa y permanentemente atraída por la irresistible tentación del disparate, este hombre se presenta ante la humanidad con la pose grotesca de un cowboy que hubiera heredado el mundo y lo confundiera con una manada de ganado.

Saramago dijo –asimismo-, que Bush es un mentiroso compulsivo, y no se sabe lo que realmente piensa, no sabemos siquiera si piensa (en el sentido noble de la palabra), no sabemos si en realidad no será un robot mal programado que constantemente confunde y cambia los mensajes que lleva grabados en su interior. Pero, honra le sea dada al menos una vez en la vida, hay en George Walker Bush, presidente de Estados Unidos, un programa que funciona a la perfección: el programa de la mentira.

Recuérdese que George Bush a quien su compatriota, el anciano escritor Kurt Vonnegut no dudó en calificar como el más sórdido y patético golpista de opereta que es dable imaginar, en su primer mandato, puso en ejecución lo que llamo política de seguridad nacional, la cual estipulaba, entre sus principios fundamentales, el concepto de ataque preventivo, doctrina política-militar, a partir de la cual se pretendía justificar la intervención militar de los Estados Unidos contra cualquier otro país. Ella sirvió de fundamento para las invasiones de Afganistán, Irak, Libia, etc.

Federico Fasano Mertens, al comparar el ascenso al poder de Bush con el de Hitler, más allá de las naturales diferencias señala que el criminal de guerra, genocida del pueblo judío y del pueblo soviético, ganó por abrumadora mayoría los comicios alemanes, mientras que el criminal de guerra, genocida del pueblo iraquí llegó al poder en forma fraudulenta, en medio del mayor escándalo electoral de la historia norteamericana.

Por tanto, desde el punto de vista teórico la comparación entre Bush y Hitler es correcta. Los cientistas han definido al nazismo como la dictadura terrorista del capital financiero en expansión. Bush al ponerse al margen de la ley e invadir a una Nación indefensa que no lo agredió, para quedarse con su riqueza petrolera, la segunda mayor del mundo, y anunciar que después le seguirán otras Naciones petroleras, se acercó a la definición de dictadura terrorista del capital financiero. Aunque no le guste aceptarlo.

Nos recordaba, igualmente, el autor uruguayo, los «genes nazis» del expresidente Busch. Al respecto dice que su abuelo, Prescott Bush, era socio de Brown Brothers Harriman y uno de los propietarios de la Unión Banking Corporation. Ambas empresas jugaron un papel clave en la financiación de Hitler en su camino hacia el poder alemán… El bisabuelo de nuestro George, el guerrero de Dios, Samuel Bush, padre del nazi Prescott Bush, fue la mano derecha del magnate del acero Clarence Dillon y del banquero Fritz Thyssen, quien escribió el libro I Paid Hitler (Yo financié a Hitler), afiliándose en 1931 al partido nazi (Partido Obrero Nacional Socialista Alemán).

A este respecto, Fasano Martens, para darle mayor sustentación a sus afirmaciones, recurre a una cita de Víctor Thorn, quien dice que: Una parte importante de los cimientos financieros de la familia Bush fue constituida por medio de su ayuda a Adolfo Hitler. El actual presidente de Estados Unidos, así como su padre (ex director de la CIA, vicepresidente y presidente), llegaron a la cumbre de la jerarquía política norteamericana porque su abuelo y padre y su familia política ayudaron y alentaron a los nazis.

Por estas razones, entre otras, no puede asombrarnos que George Bush, en sus ocho años de gobierno se haya rodeado de Dick Cheney, quien estuvo implicado en el affaire del grupo Halliburton Oil; de Donald Rumsfeld, ejecutivo de la petrolera Occidental; de Condoleeza Rice, Directora del Grupo Chevron, para solo señalar algunos de sus más cercanos colaboradores. Reveladoras de la condición belicista de estos personajes, lo refleja la afirmación del exvicepresidente Cheney, cuando afirmó que: EEUU no tiene que enrojecer por ser una gran potencia y tiene el deber de actuar con fuerza para construir un mundo a imagen de EEUU.

Al igual que lo dicho, por el ex jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld, quien citando la frase preferida de Al Capone, decía: Se consigue más con una palabra amable y un revólver que con sólo una palabra amable, como nos lo refiere Federico Fasano Mertens, en el citado texto.

La elección de Barack Obama

Change We can Believe in (El cambio en el que podemos creer). Ese fue el slogan que acompaño la campaña electoral de Barack Obama, en el año 2008. Y, es que, a decir verdad, la incertidumbre se había apoderado del ciudadano estadounidense. No era para menos, los ocho años de gobierno de George Bush, habían conducido a la nación del norte a dos guerras, Afganistán e Irak, sin ninguna explicación lógica, recurriendo a argumentos falsos para pretender justificarlas. Guerras innecesarias, además de sangrientas y costosas.

Años que fueron percibidos como un fortalecimiento de las corrientes más conservadoras de la sociedad norteamericana, algunos llegaron a considerarlos como una «tragedia de dimensiones planetarias y consecuencias graves para todos los integrantes de la comunidad internacional». La política internacional de Bush, unilateral y prepotente, había aislado a Estados Unidos de las demás naciones del orbe. América Latina y el Caribe comenzaron a rebelarse contra sus pretensiones hegemónicas. Nuestros países, cada vez avanzaban, con mayor fuerza y dinamismo, en el fraguado y consolidación de las experiencias integracionistas que afloraban en la región.

El Presidente Barack Obama, al inicio de su primer gobierno, dijo que iba a poner en marcha una política externa distante de la emprendida por Bush, que iba a reinsertar a los Estados Unidos en los organismos multilaterales. En tal sentido, estimulo el reforzamiento de la ONU y la OEA, se planteó tender puentes hacia Rusia, hacia el mundo musulmán, e incluso, a Irán. Quiso mirar a América Latina y el Caribe de una manera diferente, propuso abrir un diálogo entre iguales; sus intenciones parecían no tener límites, hablaba incluso de «abrir un amplio diálogo» con Cuba, aunque nunca dijo que suspendería el bloqueo. Palabras propias de una retórica multifocal. Diversos blancos, para no atacar ninguno.

Al proponerse actuar de esa manera, el Presidente Barack Obama, no se estaba planteando ser distinto a su antecesor. Sino que, la realidad vivida en su nación y el relacionamiento de ésta con los demás países del orbe, unido a los cambios que se estaban produciendo en América Latina y El Caribe, le imponía una nueva conducta, le decían que tenía que vernos de otra manera, porque nuestra América es otra.

El inicio del siglo XXI, que fue presentado lleno de incertidumbres, comenzó anunciando nuestro deseo de ser independientes y libres; diciéndole al mundo que el neoliberalismo no era la única, ni la mejor forma, de organizar nuestras sociedades; por tanto, el Consenso de Washington, los TLC, el FMI, el BM y la deuda externa, comenzaron a dejar de ser la espada de Damocles a través de la cual se nos podía dominar. Las naciones de América Latina y El Caribe, con el inicio del siglo, inauguraron una nueva forma de relacionarse, diplomática y comercialmente, con naciones de otros continentes, de pensamiento distinto al emanado de Washington.

No hay duda. Frente a la profundización del carácter belicista que acompaño los ocho años de gobiernos de George W. Busch, la candidatura de Barack Obama se presentaba como una alternativa que era bien vista por diversos sectores tanto en los Estados Unidos como en el resto del mundo. Para decirlo de manera resumida: se abrigaron grandes esperanzas de excluir los conflictos bélicos, como política fundamental en las relaciones internacionales.

Pero, Obama, prefirió imitar a su antecesor. Las multitudes que lo vitorearon en el 2008, dejaron de seguirlo. Se volvió un presidente más. El Club Bilderberg y el Council on Foreing Relations, diseñan sus políticas, toman las decisiones por él. Donald Rumsfeld, Roger Noriega, John Negroponte, Otto Reich, John Kerry, entre otros halcones, siguen ejecutando la política de Estados Unidos hacia América Latina y el Caribe. Hilary Clinton y John Kerry, Secretarios de Estado durante el gobierno de Barack Obama, asumieron la misma conducta de Condoleeza Rice.

De aquel Obama, del encendido discurso en la Convención Nacional Demócrata del año 2004; de aquel Obama, que entre 1997 y 2004 fue Senador en el Congreso por el Estado de Illinois; de aquel Obama, que en el 2004 fue electo como el tercer Senador negro ante el Congreso Nacional estadounidense, que presentó como lema de su campaña presidencial en el 2008: Change We can Believe in (El cambio en el que podemos creer), cuya bandera fue Yes We Can (Si podemos), canción que se popularizo de una manera inigualable, a tal punto que, el ciudadano estadounidense la tarareaba de manera natural. Al Barack Obama que durante ocho años dirigió -a la que sigue siendo la potencia militar más grande del mundo-, no hay duda, de que es otro. Cooperación y solidaridad, son principios extrañados de su vocabulario. Al igual que Bush, hizo de sus aliados, no amigos, sino, socios coyunturales, a los cuales utiliza y después desecha. Abdico de su compromiso de cambio. El lema de su campaña, con todo y canción, rápidamente pasaron a ser cosa del pasado.

Por ello, no debe producir ninguna extrañeza la actuación del gobierno de Barak Obama, contra la Patria de Simón Bolívar. Al igual que su antecesor, George Bush, Obama se planteó, como norte de su gestión gubernativa, impedir la consolidación de nuestra patria, como una nación libre y soberana. Es verdad que nuestra inmensa riqueza petrolera, es la causa principal de tal propósito. Pero no la única.

Que lamentable: De una esperanza se convirtió en un supremacista interventor.

La elección de Donald Trump

Solo un sistema electoral delegativo, y una ciudadanía que a lo largo de su historia ha dado muestras de su escaso interés por la política, como el existente en la nación del Tío Sam, podía hacer posible la elección de un «personaje» como Donald Trump.

Y es que, la elección de Trump, al igual que las de Obama y las de Bush, no son más que la respuesta de un electorado que se sentía agotado de oír el mismo discurso, las mismas promesas, y éste estaba deseoso de encontrar una voz, una salida como llamó Albert Hirschman a situaciones como la señalada. Por lo que, la elección de Trump fue un voto a favor de esa voz, de esa salida, y no a favor de la democracia. Fue un voto para la persona y no para el sistema democrático estadounidense, en tanto que modelo de organización político liberal de esa nación.

Y es que Trump, pareciera ser un producto salido de un laboratorio, ya que, su personalidad es perfectamente compatible con la de un misógino, es racista, xenófobo y megalómano, cualidades que combina a la perfección.

Trump, es un claro ejemplo de la advertencia de Lipovetsky, según el cual el ideal moderno de subordinación de lo individual a las reglas racionales colectivas ha sido pulverizado, el proceso de personalización ha promovido y encarnado masivamente un valor fundamental, el de la realización personal, el respeto a la singularidad subjetiva, a la personalidad incomparable…

Sin embargo, a Trump hay que reconocerle la consecuencia con su propuesta de programa de gobierno. Recordamos que el planteamiento central de la misma giró en torno de devolverle a Estados Unidos su grandeza, su Make American Great Again. Lo reprochable no es eso. Nosotros a través del Plan de la Patria nos hemos propuesto construir una Venezuela Potencia. Lo condenable e inaceptable es que, para lograrlo, Donald Trump, está profundizando la puesta en práctica de acciones fascistas y terroristas, como son las opciones militares y las criminales medidas coercitivas unilaterales, comúnmente conocidas como sanciones.

Teniendo al terror y el chantaje como mecanismos de persuasión, el gobierno supremacista de Trump, renegocia tratados comerciales suscritos con algunas naciones dóciles a sus dictados; los cuales, según argumenta el mandatario imperial, menoscaban y atentan contra los intereses de su país; a la vez que impiden que las grandes empresas y consorcios actúen en ellas con entera libertad por la existencia de un ordenamiento jurídico que impone normas restrictivas sobre el respeto del medio ambiente, así como también, dada la existencia de una política fiscal restrictiva.

En el plano interno, Trump se ha propuesto hacer realidad su promesa electoral de censar a los inmigrantes residentes en su país, sobre todo a los de origen musulmán. Ha intensificado sus planes de deportación a la población que considera ilegal, ha reforzado la vigilancia de las fronteras y aumentado los controles a la inmigración.

Con Donald Trump las migraciones han sido criminalizadas al extremo. No reconoce que los migrantes estimulan el progreso de las naciones y mejoran el desempeño económico, social y cultural de las sociedades receptoras. No logra entender que las migraciones redefinen y enriquecen la identidad de los pueblos, fortalecen la multiculturalidad y replantean el tema de los derechos humanos.

Su propuesta de la construcción de un muro en la frontera entre Estados Unidos y México, constituye una manifestación de soberbia, que pone al descubierto su inhumana conducta, contradice los ideales de integración y constituye una agresión flagrante a los Derechos Humanos.

La negativa de darles un trato digno a los inmigrantes, pone a estos a merced de quienes se lucran en forma obscena de las necesidades humanas, propiciando actividades como la trata de personas, la esclavitud, los trabajos forzados, la explotación sexual, el racismo y la xenofobia.

Trump habla de los inmigrantes y de la frontera, pero no de las fuerzas que empujan a la gente a migrar, de la deuda social que hay en América Latina y sus causas, y de las soluciones de fondo que se requieren para que la gente pobre no necesite migrar.

Al igual que a los inmigrantes, ha criminalizado la pobreza. En su prédica neoliberal, sostiene que los únicos responsables de la pobreza son los mismos pobres. En consecuencia, la población mestiza, los pobres, los latinos, los musulmanes, los pacifistas, las feministas y otros grupos sociales, son vistos como sospechosos y frecuentemente catalogados por las autoridades estadounidenses, como sujetos «de alta peligrosidad». Por lo que, desata contra ellos una feroz represión.

Pues bien, Trump en sus planes de devolverle a Estados Unidos «su grandeza», aplica una política racista y racial. Su mensaje de recuperación de ésta tiene entre sus principales fundamentos que, la explicación de la perdida de la grandeza nacional, es la resultante del aumento del poder político y económico que ha adquirido la población «negra», los latinos y migrantes de otras regiones. Por lo que, la «raza blanca» debe recuperar su supremacía para poder alcanzar la «grandeza americana». En otras palabras, la «raza blanca» tiene que volver a ser la única clase dominante en Estados Unidos.

No hay lugar a dudas la elección de Donald Trump, y el ejercicio de su gobierno, tienen que ser colocados como una victoria de los movimientos regresivos, ultraconservadores, nazi-fascistas, del populismo de extrema derecha, contra los progresistas.

Y es que, con la elección de Trump, el capitalismo neoliberal ha alcanzado su máxima dimensión inhumana. Con él se han violado los postulados fundamentales del derecho internacional, de los acuerdos establecidos en los más diversos organismos multilaterales, se han violado las leyes protectoras de los ciudadanos; así como también, las leyes que regulan los mercados financieros internacionales y uso del medio ambiente. El capitalismo neoliberal todo lo ha mercantilizado. El capitalismo salvaje es un capitalismo inmoral, negador de los más elementales principios de la ética humana.

Con el capitalismo neoliberal, los impulsos primitivos, salvajes y malignos de la humanidad, de los cuales nos habló Freud se han vuelto a poner de manifiesto, es la ocasión propicia para desarrollar su actividad, con toda su violencia y perversidad.

Pues bien, los gobiernos de Clinton, Bush, Obama y Trump han sido fieles representantes del capitalismo neoliberal; han implementado, con toda su furia, prácticas hegemónicas y supremacistas con la pretensión de hacerse dueños del mundo.

Notas y referencias:

*Este texto forma parte del 3er. Capítulo de un libro que titulamos: ¿A quién nos enfrentamos? La agresión imperial contra Venezuela. A la espera de su publicación.

Acto realizado en la Avenida Bolívar de Caracas.

2 Condolezza Rice: Declaraciones ante los medios de comunicación internacional. 19 de enero de 2005.

3 Idem.

4 Idem.

5 Idem.

6Idem.

7Jorge Valero (2004): Intervención en el Consejo Permanente de la OEA. 30 de marzo del 2004.

8 José Saramago (2004): Bush, o la edad de la mentira. Prólogo al libro: El Nerón del Siglo XXI. George W. Bush presidente. Autor. James Hatfield.

9 Idem.

10 Federico Fasano Mertens (2003): Director del Diario La República, carta al Embajador de Estados Unidos en Uruguay. En Eliseo Rabadán Fernández (2004): ¿Cómo se «ve» a los EEUU desde Iberoamérica? los foros de nódulo, www.nodulo.org. España.

11Federico Fasano Mertens: De Hitler a Bush. Diario La República. Marzo del 2003. Montevideo-Uruguay.

12Idem.

13Idem

14Idem.

15Albert Hirschman (1977): Salida, voz y lealtad. Fondo de Cultura Económica. México.

16 Gilles Lipovetsky (1983): La era del vacío. Anagrama. España.

17 Sobre éste concepto tenemos algunas opiniones diferentes a la conceptualización que se hace de él. Pero, la dimensión y el sentido de este trabajo no tiene planteado el abordaje de su discusión.

18 Ernest Jones (1970): Vida y obra de Sigmund Freud. Anagrama. Barcelona-España.

Fuente:
Aporrea

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