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23/11/21
De la revolución de mayo a la revolución permanente

Urge al pueblo argentino acabar con la partidocracia que nos heredó el Proceso, farandulera, oportunista, vividora de la política a costillas del pueblo y funcional a la oligarquía.

Para los que luchamos no sólo por la liberación nacional sino además por el socialismo, es imprescindible tratar el tema de la teoría de la revolución permanente, primero elaborado por Marx y luego profundizado por Trotsky.

La revolución permanente no es simplemente el título de un libro guardado en un estante de una biblioteca o una tesis ”obsoleta” de un revolucionario del pasado. En una época en que el capitalismo está cada vez más mundializado, con la polarización y la exclusión social cada vez más aguda que inevitablemente lo acompañan, la solidaridad entre los trabajadores del mundo y la transición al socialismo se vuelven imprescindibles.

Pero si son los obreros del mundo entero los que cargan sobre sus espaldas la inmensa tarea de acabar con el infierno de la sociedad de clases, es muy importante definir cuál debe de ser su papel en la lucha por la liberación nacional y social.

El Estado-nación

Acostumbramos a confundir la patria con el espacio geográfico limitado por las fronteras políticas que nos separan de los demás países y a no verla como lo que es realmente:  una realidad social producto de la historia.

A pesar de todos los problemas que vivimos no nos imaginamos ni un instante que esa realidad que llamamos nación pueda desaparecer. La vemos así como el lecho de un río que permanece inmóvil debajo del movimiento de las aguas.

Pero el país no es el lecho del río, sino las aguas que se mueven sobre él, es esa realidad social y política que existe dentro de un espacio geográfico.
Esa realidad que llamamos nación es producto de la historia y así como aparece puede dejar de existir o no ver el día y fragmentarse. Ya se ha fragmentado en épocas pasadas ya que somos solamente una provincia de lo que hubiera podido ser la gran patria hispanoamericana.

Para comprender qué es esa realidad social que llamamos nación hace falta comprender cuales fueron sus orígenes. 

Dice Lenin (1914): en El derecho de las naciones a la autodeterminación:

‘La época del triunfo definitivo del capitalismo sobre el feudalismo estuvo ligada en todo el mundo a movimientos nacionales. La base económica de estos movimientos estriba en que, para la victoria completa de la producción mercantil, es necesario que la burguesía conquiste el mercado interior, es necesario que territorios con población de un solo idioma adquieran cohesión estatal, eliminándose cuantos obstáculos se opongan al desarrollo de ese idioma y a su consolidación en la literatura. El idioma es el medio principal de comunicación entre los hombres; la unidad de idioma y el libre desarrollo del mismo es una de las condiciones más importantes de una circulación mercantil realmente libre y amplia, correspondiente al capitalismo moderno, de una agrupación libre y amplia de la población en cada una de las diversas clases; es, por último, la condición de un estrecho nexo del mercado con todo propietario, grande o pequeño, con todo vendedor y comprador.

Por ello, la tendencia de todo movimiento nacional es formar Estados nacionales, que son los que mejor cumplen estas exigencias del capitalismo contemporáneo. Impulsan a ello factores económicos de lo más profundos, y para toda la Europa Occidental, es más, para todo el mundo civilizado, el Estado nacional es por ello lo típico, lo normal en el período capitalista.”

A la luz de este análisis de Lenin vemos que para cumplirse el sueño de Bolívar y de San Martín de construir una gran Patria Latinoamericana hacía falta el impulso de un desarrollo capitalista autóctono y su fuerza centralizadora.
Lo cual no fue el caso porque la revolución de mayo fue más bien la prolongación en América Latina de la revolución liberal española y no fue impulsada por un desarrollo industrial en el propio suelo americano.

Pero la revolución liberal fracasó en el viejo continente donde fue aplastada por la reacción feudal y tuvimos que declarar la independencia de España aunque este no fuese el principal objetivo de los libertadores.
Esto explica que la revolución haya triunfado en 1810 pero que se haya declarado la independencia solamente en 1816 al no quedar otra alternativa ante el triunfo de Fernando VII.


Dice Enrique Rivera en su libro José Hernández y la guerra del Paraguay:
”Las revoluciones democráticas aparecen en la historia por obra del ascenso del capitalismo manufacturero e industrial, que reclama para su normal desarrollo la abolición de los privilegios y particularismos feudales y la constitución de un Estado nacional ya en la forma de una monarquía sometida al parlamento burgués, ya directamente como una República.

”Desde este punto de vista, es evidente que la revolución de 1809, 1810 y 1811 en la América Española carecía de fundamentos materiales suficientes en el propio suelo americano: un mero examen de su mapa económico en los albores del pasado siglo muestra que no se había generalizado siquiera el estadio manufacturero del capitalismo.”

Liquidación a la revolución de mayo

Sin embargo la ausencia de estas bases materiales no explica por si sola que nuestra América Latina no haya podido  consolidarse formando una gran nación. Para dividirnos en provincias de una nación inconclusa hizo falta una fuerza centrífuga y contraria a la voluntad de los pueblos que han luchado junto a los libertadores para unirse bajo una misma bandera. Esta fuerza fue la oligarquía terrateniente y la burguesía comercial porteña que tendían irresistiblemente al libre cambio con Inglaterra. Fue esta oligarquía que estuvo detrás de la política unitaria y que terminó liquidando a la revolución de mayo.

El libre comercio con Inglaterra tuvo como efecto arruinar a los productores locales creando desempleo y miseria y actuó como verdadero motor del subdesarrollo. La oligarquía y el imperialismo inglés se convirtieron así en aliados y a esto se le debe que seamos una semi-colonia. Sin embargo, no lograron del todo derrotar a la revolución de mayo porque esta gran revolución inconclusa resurgió con Irigoyen primero y luego con Perón y volverá a resurgir hasta cumplirse. La revolución de mayo es la que tenemos que llevar a término y ante el fracaso histórico de los movimientos nacionales dirigidos por la burguesía esta tarea le incumbe ahora al proletariado con vistas al socialismo.

¿Qué hacer ?

Por eso la teoría de la revolución permanente es hoy más actual que nunca ante lo que nos ha demostrado la historia.

Como dijo el gran revolucionario y visionario León Trotsky en su teoría de la revolución permanente: “Con respecto a los países de desarrollo burgués retrasado, y en particular de los coloniales y semicoloniales, la teoría de la revolución permanente significa que la resolución íntegra y efectiva de sus fines democráticos y de su emancipación nacional tan sólo puede concebirse por medio de la dictadura del proletariado, empuñando éste el poder como caudillo de la nación oprimida y ante todo de sus masas campesinas.”

Dice más lejos: ”El triunfo de la revolución socialista es inconcebible dentro de las fronteras nacionales de un país. Una de las causas fundamentales de la crisis de la sociedad burguesa consiste en que las fuerzas productivas creadas por ella no pueden conciliarse ya con los límites del estado nacional. De aquí se originan las guerras imperialistas, de una parte, y la utopía burguesa de los Estados Unidos de Europa, de otra. La revolución socialista empieza en la palestra nacional, se desarrolla en la internacional y llega a su término y remate en la mundial. Por lo tanto, la revolución socialista se convierte en permanente en un sentido nuevo y más amplio de la palabra: en el sentido de que sólo se consuma con la victoria definitiva de la nueva sociedad en todo el planeta.”

La revolución permanente es una necesidad histórica

La historia nos ha demostrado con numerosos ejemplos y demuestra hasta que punto este gran maestro del marxismo tenía razón y hasta qué punto la teoría estalinista y reaccionaría del socialismo en un sólo país era una falacia destinada  a frenar a la revolución socialista mundial, la desaparición de la URSS por si sola lo demuestra.

La revolución permanente es una necesidad histórica de la clase obrera a escala mundial en su lucha por el socialismo. Como la revolución iniciada en mayo de 1810 pero inconclusa es una revolución continentalesto le da más fuerza a la necesidad histórica de una revolución permanente.

No se trata de caer en posiciones ultraizquierdistas, oponerse a un movimiento de liberación nacional bajo pretexto que su dirección no es proletaria  sería convertirse en la mano izquierda del imperialismo.

Ser de izquierda significa  luchar por la liberación nacional desde la izquierda. Quién dirige a un frente nacional antiimperialista depende de la correlación de fuerzas dentro de la sociedad.

Que la clase obrera se organice de forma independiente dentro de este frente tiene varios objetivos:

  • De tener idealmente la dirección política de este frente.
  • En caso de no encabezar dicho frente
  • Se trata de no abandonar la dirección de este frente nacional a la sola burguesía y de no ocupar así dentro de él una posición subordinada y seguidista como es el caso en un frente popular.
  • De impedir que la dirección burguesa del frente siga un rumbo reaccionario y así garantizar la continuidad de la revolución nacional.
  • De disputarle a la burguesía  la dirección del frente nacional.

Agentes del imperialismo y enemigos de la patria

Ni Trotsky ni Marx se han equivocado planteando la revolución permanente. La historia de los nacionalismos burgueses en la periferia nos demuestra la imposibilidad de estos de llevar las revoluciones nacionales a término dada su naturaleza de clase que se los impide. Pues para llevar la revolución nacional a término es imprescindible tomar medidas socialistas.  
 Esto permitirá completar la revolución nacional y eliminar las bases sociales de la oligarquía y así evitar que se produzcan golpes de Estado contra gobiernos patrióticos o asistir a un patético espectáculo partidocrático donde gobiernos de origen nacional y popular desgastados, alienados por una ideología socialdemócrata y sin voluntad para luchar por los trabajadores y la liberación nacional pierdan el poder en las urnas.

Porque una de las principales limitaciones de nuestros gobiernos populares es de considerar al enemigo oligárquico como oposición, otorgándole legitimidad democrática a quienes en realidad no son oposición sino agentes del imperialismo y enemigos de la patria.

Fuente:
socialismolatinoamericano.org
Etiquetas: Oligarquía

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