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19/07/22
Temas: Marxismo
Regiones: Mundo
Las raíces del anticolonialismo de Karl Marx

La oposición a la esclavitud y al colonialismo para poner fin al capitalismo: un camino anticolonial que daría forma a su proyecto político durante los años siguientes.

En su película El joven Karl Marx, el director Raoul Peck incluye una escena en la que un anónimo hombre francés de ascendencia africana hace una sentida intervención durante uno de los discursos al aire libre de Pierre-Joseph Proudhon en París. En contraste con la multitud de trabajadores reunidos a su alrededor, el caballero negro del sombrero de copa y de vestido elegante interrumpe brevemente al famoso orador para instarlo a hablar en nombre de la libertad no solo de los artesanos, cuyos oficios estaban cada vez más amenazados por la industria, sino también de la subclase de proletarios: «los marineros, los mecánicos, los fundidores», afirma. Marx y su compañera de vida y de ideas, Jenny, están sentados al lado del citoyen de coleur [ciudadano de color], encantados por su comentario critico al padre del anarquismo francés.

Está claro que la escena en sí misma es memorable porque no es Marx sino una persona negra –vinculada directamente o indirectamente a un pasado de colonialismo y esclavitud– quien exhorta a Proudhon a que sostenga una concepción de la clase obrera que incluya a los trabajadores de las fábricas. La discusión en la escena nunca se refiere explícitamente a la cuestión de los proletarios racializados y esclavizados del mundo colonial. Sin embargo, implícitamente lo hace. Porque gracias a su personaje de color, Peck nos recuerda que Marx vivía y pensaba desde el corazón del imperio colonial, donde las posesiones en el extranjero estaban aún dominadas por la esclavitud racial, y que este contexto más amplio determinó inexorablemente la estructura de la clase obrera en el núcleo metropolitano.

Sin embargo, tanto en la película como en la historia, el Marx parisino aún no estaba preocupado intelectual y políticamente por el colonialismo y la esclavitud. Peck, por tanto, no hace que su Marx vaya a hablar con el interlocutor negro, con el que claramente compartía la misma perspectiva, sino con Proudhon, del que era muy crítico.

Este punto ciego sobre la cuestión colonial que el director de cine haitiano revela en el pensamiento del joven Marx no era solo una idiosincrasia personal. Reflejaba la política de la clase obrera que había descubierto y con la que había intercambiado en los cafés, salones y banquetes de la Ville Lumière entre 1843 y 1845.

Aunque no eran necesariamente partidarios de la esclavitud, los socialistas franceses más importantes, desde Proudhon hasta Louis Blanc y Pierre Leroux, apoyaron la causa colonial a principios de la década de 1840 como forma de resolver la llamada «cuestión social» en su país y de difundir el socialismo en el extranjero. Reclamar y luchar por la liberación de los oprimidos en Argelia o Guadalupe no era, por tanto, una preocupación acuciante para su política. Y, por lo tanto, no se convirtió en una necesidad apremiante para el proletariado «abstracto», en cuyas manos Marx –en sus Manuscritos de París y más tarde en el Manifiesto Comunista— había decidido delegar la tarea de derrocar al capitalismo.

Las cosas empezaron a cambiar cuando Marx se trasladó a Londres. Su inmersión en una cultura obrera diferente, y en particular su estrecha relación con el radical cartista y poeta obrero Ernest Jones, fueron las claves que determinaron la ampliación de su perspectiva.

Un Londres radical

El polvo de las revoluciones apenas se había asentado en la Europa continental cuando Marx aterrizó en Londres a finales de agosto de 1849 tras ser expulsado de Francia por el nuevo régimen conservador. Un año antes, el ala revolucionaria del cartismo –el primer movimiento de masas de Inglaterra impulsado por la clase obrera– había intentado dar a los pueblos del norte del Canal su propia primavera.

A principios de junio de 1848, Ernest Jones pronunció un discurso incendiario en el este de Londres, declarando a la multitud que el golpe por la libertad debía darse primero en Irlanda, pidiendo su liberación del yugo británico. Fue inmediatamente detenido y condenado a dos años de aislamiento. Los radicales cartistas no tardaron en hacer planes para fomentar una insurrección armada en la capital, sacar a Jones de la custodia policial, derrocar al gobierno y establecer una república.

Entre los conspiradores estaban William Dowling y Thomas Fay, dos luchadores irlandeses por la libertad, y el sastre cartista y abolicionista negro William Cuffay, hijo de un esclavo antillano. La conspiración tenía, pues, una profunda dimensión atlántica y, de haber triunfado, habrían revivido la larga tradición insurreccional urbana del «proletariado abigarrado» en toda la cuenca oceánica, como han rastreado los historiadores Peter Linebaugh y Marcus Rediker en La hidra de la revolución.

El complot había sido descubierto y frustrado preventivamente cuando Marx pisó los muelles del río Támesis. Jones había sido encarcelado durante casi un año, y Cuffay, Dowling, Fay y otros tres conspiradores estaban de camino a la servidumbre penal de por vida en Australia. El cartismo estaba seriamente debilitado, pero su tradición política radical seguía viva.

Liderado por el editor de periódicos autodidacta, exmarinero y líder de los Demócratas Fraternales, George Julian Harney, el movimiento cartista estaba en camino de resurgir a través de su ala izquierda. Extrayendo lecciones de la derrota de la revolución en Inglaterra, Harney estaba reorganizando el cartismo como un movimiento obrero independiente sobre una nueva base socialista: «la Carta y algo más», como decía el lema.

Marx, que había roto relaciones con los alemanes de la Liga Comunista con sede en Londres, se sintió atraído por el republicanismo rojo de Harney y se unió a su círculo con entusiasmo en 1850. En noviembre de ese año, el periódico de Harney, The Red Republican, publicó la primera traducción al inglés del Manifiesto Comunista. Mientras tanto, Jones había sido liberado de la cárcel y reanudó su activismo cartista uniéndose a los «rojos» de Harney, donde se hizo amigo de Marx.

Marx y Jones

Jones y Marx tenían treinta y dos años en 1850, y ambos eran alemanes de nacimiento. Nacido en el seno de una familia aristocrática británica en Berlín y educado allí hasta la edad adulta, Jones no solo podía comunicarse con fluidez en la lengua materna de Marx, sino que también podía compartir con él parte de una cultura común, lo que ayudó a consolidar su amistad. Pronto conectaron por la política.

Marx quedó rápidamente impresionado por las dotes oratorias de Jones. Asistió a las conferencias y discursos de Jones varias veces entre 1850 y 1851, cuando este último estaba recorriendo Inglaterra para removilizar la base cartista. Jones, en opinión de Marx, era entonces «el representante más talentoso, consistente y enérgico del cartismo», lo que le llevó a asumir el papel de líder efectivo dentro del cuerpo cartista. Cuando Jones decidió lanzar su propio periódico semanal, Notes to the People, en mayo de 1851, Marx no dudó en ofrecerse como colaborador.

Marx obtenía entonces sus principales ingresos como corresponsal jefe en Europa del New York Daily Tribune, pero contribuir con su periodismo a un órgano de prensa cartista era una forma de llegar directamente al movimiento obrero británico. Firmó dos artículos en el Notes, ambos sobre las revoluciones de 1848 en Francia, y coescribió al menos otros seis con Jones. Además, como admitió más tarde a Engels, Marx fue responsable de proporcionar orientación y ayuda directa en la redacción de todos los artículos económicos que aparecieron en el semanario de Jones entre 1851 y 1852, que ascendieron a más de dos tercios de todos los artículos publicados en él.

Esta participación sumergió a Marx en un nuevo entorno intelectual, en el que estuvo expuesto a las ideas y puntos de vista políticos del cartismo, entre ellas el antimperialismo.

El cartismo contra el imperio

A través de su colaboración periodística y su asociación política con Jones, y a diferencia de sus años parisinos, Marx se vinculó a un movimiento obrero que tenía una larga historia de resistencia a las conquistas coloniales, que se remonta a los diggers y levellers del siglo XVII y a los jacobinos de Thomas Paine del siglo XVIII. En la década de 1850, Jones era sin duda el defensor más coherente y ardiente de esa tradición dentro del cartismo. Su anticolonialismo le había llevado a la cárcel en 1848, y se profundizó al salir.

Fue desde su celda donde Jones comenzó a escribir los versos de «El nuevo mundo, un poema democrático». La epopeya abrió el primer número de Notes to the People y se convirtió en la pieza más famosa de Jones. Prevé una revolución mundial que estalla en la India ocupada por los británicos, donde

rueda el feroz torrente de los derechos de un pueblo,
Y los soldados de Sepoy, despertando, banda por banda,
por fin recuerdan que tienen una patria.

La tormenta revolucionaria descolonizadora se extiende luego a África, vengando a su paso los abusos de la esclavitud y conjurando los espíritus de los revolucionarios haitianos.

En lo más profundo del sur ardiente aparece una nube,
La ira humeante de cuatro mil años,
Cualquiera que sea el nombre que le dio el capricho de la historia,
moro, afrit, etíope, negro, ¡sigue significando esclavo!

Y, ¡fieros aliados! para asegurar su venganza,
Detrás de ellos se encuentran Ogé y L’Ouverture.

Finalmente, la revolución en África alcanza a América Central y del Sur, donde los insurgentes derrocan siglos de dominio imperial español en nombre de los pueblos indígenas conquistados.

Ríe México! y aplaude Perú!
Viejo Moctezuma, rompe tu charnela.
¡Encended vuestras lámparas, pobres Vestales del Sol!
¡Para que veáis superada la obra de Pizarro!

La experiencia militante en el Londres radical había enseñado a Jones que la batalla por la Carta estaba entrelazada con el abolicionismo y el anticolonialismo, y que la clase obrera era global y multirracial. Pero la aplastante derrota de 1848-49 y la apatía política que provocó en Gran Bretaña y en toda Europa habían reordenado el orden de las luchas, pues ahora creía que la ofensiva revolucionaria global en la reaccionaria década de 1850 no la iniciarían los obreros de Europa, sino las masas oprimidas de las colonias.

Nunca Marx había colaborado tan estrechamente con alguien que sostuviera opiniones tan anticolonialistas. Como colaborador y lector del Notes, no podía pasar por alto el «Nuevo Mundo» de Jones ni su columna «Nuestras Colonias», que denunciaba el imperialismo británico y trataba de reunir a los lectores de la clase obrera para que apoyaran los movimientos de resistencia contra el dominio británico en el extranjero.

Esta línea editorial se trasladó al People’s Paper, lanzado por Jones en mayo de 1852, que sustituyó al Notes y se convirtió en el principal órgano de prensa del cartismo. Marx continuó su colaboración editorial y periodística para el nuevo semanario, contribuyendo con un total de veinticinco artículos, algunos de ellos reimpresos del Tribune. El primer número del People’s Paper declaraba su perspectiva anticolonialista con este llamamiento a los trabajadores: «Hemos mirado, y muy correctamente, a los intereses de la democracia europea; que sea la nuestra la que mire a nuestras luchas coloniales». La liberación del dominio británico en las colonias, en otras palabras, era la palanca para la liberación proletaria en el núcleo capitalista.

Solo podemos suponer qué habría pensado o dicho Marx a Jones. Cuatro años antes, en el Manifiesto, él y Engels habían considerado el imperialismo occidental como una fuerza progresiva y beneficiosa que atraía a las sociedades subdesarrolladas hacia la civilización burguesa. Ahora estaba colaborando con alguien que sostenía la opinión contraria, una situación que le llevó a lo que su formación hegeliana habría reconocido como una posición de crítica inmanente, es decir, una crítica que se somete y se apropia de las propias premisas de un punto de vista competidor para trascenderlo dialécticamente.

Una primera señal del efecto dialéctico del anticolonialismo de Jones en el pensamiento de Marx se encuentra en su artículo de 1852 en el Tribune «The Chartists», en el que cita uno de los discursos de Jones denunciando los abusos y la coerción del dominio británico en Sri Lanka. Un año después de ese texto fundamental, la India entró en su radar periodístico y se hizo evidente que Marx pasaba a formar parte de la comunidad intelectual cartista, en la que gravitaba, y era absorbido por ella.

La iniciativa anticolonialista

Los debates que tuvieron lugar en el Parlamento sobre la renovación de los estatutos de la Compañía de las Indias Orientales entre 1852 y 1853, que revelaron detalles sobre cómo se gobernaba y gestionaba la India, hicieron que Jones y Marx cambiaran su enfoque hacia la lejana colonia oriental. Y al igual que su política hasta ese momento, su periodismo no puede separarse.

Jones escribió primero una serie de artículos en el People’s Paper que denunciaban el gobierno británico en la India como un saqueo directo legalizado de la población nativa. En esa serie, publicada en mayo de 1853, Jones se refiere a la India como la «Irlanda de Oriente», donde décadas de «barbarie británica» –como califica al gobierno británico– no dieron lugar al progreso, sino a una terrible miseria. Era típico de la crítica cartista al imperio invertir el discurso orientalista predominante del imperialismo y poner en el papel de bárbaros no a los colonizados sino a los gobernantes británicos.

Pero Jones, como ningún otro cartista y en sintonía con la perspectiva desarrollada en «The New World», fue un paso más allá y abogó por la independencia de la India, deseando que el ejército de soldados nativos –conocidos como sepoys— se volviera contra los gobernantes británicos y lanzara un movimiento de liberación nacional. En un artículo posterior, Jones relacionó la explotación de los trabajadores británicos con la opresión colonial de la población india, reiterando que una India independiente era crucial para la lucha de clases en el país.

Marx convergía hacia argumentos similares. Apartándose del tono general del Manifiesto, sus artículos del Tribune reconocen que el imperialismo británico no trajo progreso y civilización a la India, sino muerte y destrucción. También empleó la analogía de la «Irlanda de Oriente» para describir la India, un indicio de que Jones ejercía cierta influencia sobre su pensamiento.

Además, en su famoso artículo del 8 de agosto de 1853, «Los futuros resultados del dominio británico en la India», Marx condenó el dominio británico en la India como un ejemplo de «la barbarie inherente a la civilización burguesa», expresándolo en términos consistentes con el tropo cartista del imperio. En el mismo artículo concedió, a través de una nueva retórica anticolonialista, que la liberación de la India podía producirse bien a partir de un levantamiento de la clase obrera en Gran Bretaña, bien a partir de un movimiento de autoemancipación dirigido por las propias masas colonizadas. Este fue un cambio importante en el pensamiento de Marx porque, por primera vez, esbozó un escenario que concedía a los pueblos coloniales la iniciativa del cambio social revolucionario, una posición que coincidía precisamente con la de Jones.

En 1854, Marx apoyó la organización de base de Jones que condujo a la creación de una asamblea nacional de trabajadores –el llamado Parlamento Laboral– en Manchester. En abril de 1856 asistió a un banquete que celebraba el cuarto aniversario del People’s Paper, en el que pronunció el discurso de apertura. Como le dijo a Engels, su discurso pretendía consolidar su posición como miembro y colaborador del movimiento cartista. Con el mismo espíritu militante, Marx salió a la calle ese mismo año y participó en una manifestación de apoyo al cartista John Frost, que había regresado de la servidumbre penal.

Así, cuando estaba a punto de estallar una revuelta anticolonial en la India, el activismo cartista siguió ocupando un lugar importante en la vida de Marx.

El espectro indio

En la primavera de 1857 empezaron a filtrarse por Gran Bretaña despachos de un motín en el ejército colonial de la India dirigido por soldados sepoy rebeldes. Inmediatamente, Marx y Jones se interesaron por el acontecimiento. Lo que habían conjeturado en teoría cuatro años antes se presentaba ahora como una posibilidad de carne y hueso, que no dudaron en aceptar.

Mientras la prensa británica producía relatos que denigraban y ridiculizaban a los insurgentes, Marx y Jones siguieron un curso de reportaje desviado pero convergente. Desde el principio, simpatizaron con el sufrimiento de la población india y denunciaron el dominio británico en la colonia, apuntando ambos a la inevitabilidad de que el motín se transformara en un movimiento de liberación nacional más amplio. También insistieron en la autoactividad y la racionalidad política de los indios colonizados como el factor decisivo para determinar el curso de los acontecimientos. Marx, al igual que Jones, veía la insurrección como un nuevo fantasma que recorría Europa, donde podía provocar una crisis que abriera una oportunidad para una nueva ofensiva obrera. «La India es ahora nuestro mejor aliado», escribió Marx con entusiasmo a Engels.

A lo largo del verano y el otoño de 1857, Jones abordó y escribió sobre la insurrección a través del tropo cartista del retributivismo, es decir, la idea importada del mesianismo religioso de que la historia se rige por un proceso de justicia inmanente por el que los males históricos se rectifican mediante la retribución. Así, el 4 de agosto de 1857 sostuvo que «las iniquidades de las naciones son siempre visitadas por la retribución», y que la insurrección india era un «ejemplo sorprendente de este equilibrio compensatorio en la Historia», que situó junto a los movimientos de liberación en Polonia, Hungría e Italia.

Una semana más tarde, Marx escribió «La rebelión india» para el Tribune, en donde reconocía que la insurrección india encarnaba una dinámica social dialéctica y transformadora comparable a la que había vivido Europa occidental, lo que suponía una inversión completa de su posición inicial respecto a Oriente. Comentó:

En la historia de la humanidad existe algo parecido a la retribución; y es regla de la retribución histórica que sus instrumentos estén forjados por los propios ofensores y no por los ofendidos. El primer golpe que se asestó a la monarquía francesa procedía de la nobleza, y no de los campesinos. La revuelta india no la han comenzado los ryots, torturados, humillados y despojados por los británicos, sino los cipayos, vestidos, alimentados, cuidados, engordados y mimados por ellos.

Es sorprendente cómo la fraseología de Jones se cuela aquí en la prosa de Marx, sugiriendo una huella duradera del cartismo en su pensamiento mientras se desarrollaba la insurrección india. El levantamiento anticolonial en el otro extremo del imperio británico ciertamente impulsó a Marx a revisar su posición e integrar el colonialismo en su concepción materialista de la historia.

Pero parece que Marx muy probablemente siguió el ejemplo de Jones para dar este paso adelante, encontrando en los escritos de su antiguo camarada argumentos que iban más allá del antagonismo binario estándar en los países capitalistas centrales de la burguesía contra el proletariado para incluir un movimiento anticolonial en curso que ponía patas arriba el dominio imperial.

Para entonces, Jones había empezado a contemplar la posibilidad de formar una coalición electoral con el campo radical-burgués para ganar el sufragio para los trabajadores. Marx se sintió ciertamente decepcionado con la medida, lo que le llevó a separarse, aunque solo temporalmente, de Jones en 1858. Esta desilusión, sin embargo, fue política, y en ningún caso mermó la estima de Marx por Jones el escritor y crítico social, como indica la homología de su periodismo sobre la insurrección india.

En gran medida, la década de 1850 constituyó una década cartista para el Marx londinense. Fue una década en la que aprendió de su asociación con Jones y, en general, de su experiencia dentro del movimiento cartista. Una vez culminado ese período, si bien Marx pudo estar desencantado con la política de Jones, se transformó intelectualmente. Y lo que es más importante: gracias a Jones estaba ahora firmemente situado en un camino anticolonial que seguiría dando forma a su proyecto político durante los años siguientes.

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* Profesor de Relaciones Industriales en la Universidad de Quebec en Outaouais (Canadá). Actualmente trabaja en un libro sobre la historia atlántica del internacionalismo obrero.

jacobinlat.com

Fuente:
La Haine
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