No se pueden tomar las declaraciones de Trump u otros miembros de su equipo como referencias para hacer análisis y pronósticos sobre lo que va a ocurrir. Mienten de forma intencionada, tal cual hacía Hitler, con el objetivo de crear confusión y desconcierto entre lo que dicen y lo que después realmente hacen. Para hacerse una idea de lo que tienen previsto llevar adelante, hay que observar los movimientos concretos y no las declaraciones, que tienen la clara intención de desorientar no sólo a las fuerzas antiimperialistas, cosa que no consiguen, sino a la opinión pública en general y especialmente a los analistas occidentales, algo que en mucha medida logran.
Desde hace semanas los hechos materiales indican que el eje nazi-sionista está preparando una intervención terrestre en Irán. No es fácil prever con qué características y exactamente sobre qué zonas, aunque hay indicios de que lo que van a intentar es tomar la isla de Jarg. Ubicada sobre una de las mayores reservas de hidrocarburos, esta isla es esencial en la distribución de recursos energéticos esenciales para el mundo. Desde el punto de vista militar hay una serie de dificultades para tomar la isla, pero nada es imposible con una planificación adecuada y recursos suficientes. Quizás lo más complicado para el eje nazi-sionista no sería entrar en la isla, sino mantener posteriormente el control sobre ella. Parece mucho menos probable que la alianza criminal intente hacerse con el uranio enriquecido iraní, porque el coste de la operación sería muy elevado y los beneficios solo se verían a medio-largo plazo. En cualquier caso, no parece improbable que, de necesitar Irán algún tipo de armamento nuclear, éste le pudiera ser facilitado por alguno de los Estados que ya lo poseen.
Algunos analistas comparan la hipotética invasión de la isla de Jarg con lo que fue la Batalla de Gallípoli. Esta se inició en febrero de 1915 y duró casi un año, hasta enero de 1916, con la I Guerra Mundial ya relativamente avanzada, aunque su resultado final era una incógnita aún. Las fuerzas militares que impulsaron ese episodio cometieron errores de muchísimo calado, estando entre sus principales responsables Winston Churchill, al que esa derrota le costó un tremendo descrédito, del que tardó muchos años en recuperarse. Dicho de forma muy sintética, las tropas francesas y británicas pretendían llegar a Estambul a través del Estrecho de los Dardanelos, paso caracterizado por su longitud y estrechez, así como la adversa orografía litoral. El ejército otomano, apoyado por los ejércitos de los imperios centrales, puso toda la carne en el asador para que esa operación fracasara, lo que incluyó el minado del Estrecho. No creemos sin embargo que esta comparación sea especialmente útil para hacer previsiones sobre lo que puede ocurrir en una hipotética invasión de la isla de Jarg.
Reiteramos que Trump y su equipo no son un conjunto de deficientes mentales. Achacar la política que están llevando adelante en Oriente Medio a esas presuntas deficiencias y/o alteraciones mentales es no entender nada de lo que realmente está sucediendo. Lo cierto es que Trump en este momento histórico encabeza un nuevo proyecto nazi-sionista que pretende recuperar la hegemonía de los EEUU sobre el mundo mediante varios procesos político-militares complementarios.
En Latinoamérica es donde ese proceso lo tienen más avanzado, buscando dominar por las vías que generen “menos sangre”. El caso de Venezuela es paradigmático. Todo el mundo esperaba que después del secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores, María Corina Machado accediera a la presidencia con el apoyo de los EEUU, pero fueron lo suficientemente hábiles para llegar a acuerdos con la dirección chavista y que fuera Delcy Rodríguez quien ocupase ésta. Esto ha evitado seguramente un conflicto militar de difícil salida para Venezuela, y al mismo tiempo ha permitido que se mantengan algunas de las conquistas del chavismo en el país. Ya veremos cómo van evolucionando las cosas, pero la gobernanza de los EEUU ha demostrado cierta inteligencia y capacidad política.
Algo parecido se podría decir con respecto a la guerra en Ucrania. Trump viene sosteniendo desde hace tiempo que esa no es su guerra; para escándalo y conmoción de los estados europeos, se ha desligado en buena medida del apoyo entusiasta que la anterior administración de los EEUU le daba a Zelensky. Sin embargo, y pese a los desplantes de Trump, a estas alturas nadie debería tener dudas de la complicidad ucraniana con el eje nazi-sionista, que el mismo se encarga de airear enviando drones y expertos en su manejo al frente de Oriente Medio. Ya están preparando el segundo envío, después de que el primero haya sido liquidado por las fuerzas de la resistencia.
Nos reafirmamos en la tesis de que caminamos hacia una III Guerra Mundial impuesta por la alianza yanqui-nazi-sionista y que estamos en sus comienzos. Como las anteriores guerras mundiales, será larga; pensar que se va a resolver como una operación relámpago es una pura ensoñación. En varios de nuestros editoriales decíamos que el objetivo principal del movimiento popular era detener la guerra. Desgraciadamente no lo hemos conseguido, porque quienes la impulsan no están dispuestos a ello, pese a la masiva presión social en ese sentido, empezando por la sociedad estadounidense. El objetivo principal ahora pasa a ser el de ganar la guerra. Si esta guerra la ganan los yanquis y los sionistas irrumpirá una “civilización”, por llamarle de alguna manera, en donde se normalizará cualquier atentado contra los derechos de la infancia, de las mujeres, de la clase trabajadora, de los pueblos y del medio ambiente; será la generalización y consolidación del “modelo Epstein”. Esta perspectiva se vislumbra con claridad en el propio desarrollo de los acontecimientos en Oriente Medio. Nos estamos jugando el futuro de la humanidad, por lo que todos/as deberíamos implicarnos de la forma más consciente e intensa posible en derrotar al nazi-sionismo.
EEUU sigue teniendo el ejército más potente del mundo, pero obviamente no son invencibles. Irán y las organizaciones aliadas están asestándole tremendos golpes en el terreno militar, demostrando lo que acabamos de decir. Además están consiguiendo algo importantísimo: deteriorar ante la opinión pública a la alianza yanqui-sionista, así como mejorar su propia imagen y la de las organizaciones de la resistencia. Estas cuestiones también son de primordial orden para ganar una guerra.
Parece ser que para el 17 y 18 de abril, Pedro Sánchez y la Internacional Socialista buscan protagonizar en Barcelona algo así como la fundación de un “frente progresista internacional”, bajo el nombre de “Global Progressive Mobilisation”. Para ello cuentan con la asistencia de personajes tan “referenciales” en el movimiento antiimperialista como la Primera Ministra de Lituania, Inga Ruginiené (al frente de uno de los países bálticos más beligerantes en la guerra contra Rusia), el viceprimer ministro del Reino Unido, David Lammy, la periodista filipina María Ressa. Puede que también participen Gustavo Petro de Colombia y Lula da Silva de Brasil, entre otros. Como maniobra mediático-política, teniendo en cuenta que contarán con toda la cobertura de la prensa vinculada a la socialdemocracia y al Partido Demócrata a nivel internacional, no les saldrá mal. Como elemento concreto para frenar la guerra o derrotar al yanqui-nazi-sionismo, no servirá de nada, salvo como maniobra de distracción. Sin la inclusión en un frente antiimperialista de China, Rusia, Irán o Cuba, por citar algunos, esto no pasará de ser uno más de los postureos a los que nos tienen acostumbrados/as. Reiteramos en todo caso lo positivo de que, al menos de momento, Pedro Sánchez esté en el “no a la guerra”, y no a favor de ella explícitamente, aunque en ese posicionamiento aparecen cada vez más fisuras, aun sin tener en cuenta la posición favorable a la continuidad de la guerra cuando se refiere a Ucrania.
Estamos empezando a ver los efectos sobre la economía y la sociedad de la guerra impulsada por el imperialismo. Los efectos se incrementarán según se vaya alargando ésta, cosa que parece inevitable, aunque haya episodios de aparentes treguas. Desde los gobiernos occidentales intentan que esos efectos se retrasen y diluyan, pero los recursos que tienen para ello, aun a costa de incrementar el endeudamiento a niveles inasumibles, son limitados. El alza generalizado de los precios ya puede constatarse. El aumento del gasto militar exige la retirada de recursos financieros de los servicios públicos, así como de las prestaciones que permiten mantener “la paz social”. La apreciación de que la inflación subirá hasta un 3% es totalmente ingenua; la inflación va a rondar los dos dígitos si la guerra sigue adelante. La socialdemocracia teme ese escenario, que generaría un clima favorable y totalmente legitimado para la lucha en la calle. La obsesión de Pedro Sánchez y del Gobierno del PSOE, así como de las fuerzas sociales, económicas y políticas del Régimen que lo apoyan, es evitar la movilización social organizada y con una cierta perspectiva estratégica. Esta es además la causa principal de que se mantengan en el Gobierno pese a las dificultades.
La línea estratégica para el movimiento realmente antiimperialista y progresista, en la que tenemos que incidir y dedicar una gran parte de nuestras energías, pasa por el impulso de los movimientos sociales alrededor del rechazo de las consecuencias de la guerra impuesta por el imperialismo.
Fuente: Pueblo Comunero
