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25/05/22
Cumbre de Las Américas
Por Luis Britto García

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En Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll, una benévola Morsa invita a un grupo de almejas a un banquete del cual serán el plato principal. Al convite de la Morsa se asemejan estas Cumbres en las cuales un país  hegemónico  convoca a otros para someterlos. Oficialmente las organiza la Organización de Estados Americanos,  residenciada en Washington, en el antiguo edificio de la Unión Panamericana, cuyo presupuesto depende del aporte estadounidense, y a la cual el Ché definió como “Ministerio de Colonias de Estados Unidos”. En efecto, la OEA esgrime contra todos los países de Nuestra América una Convención Interamericana de los Derechos Humanos en virtud de la cual deben acudir anualmente a Washington a ser acusados por una Comisión Interamericana de los Derechos Humanos y juzgados por una Corte Interamericana de los Derechos Humanos. Estados Unidos astutamente evitó suscribir la mencionada Convención, pues ser sentenciado por un organismo internacional lesionaba su soberanía. Por idéntico motivo la República Bolivariana de Venezuela, por decisión unánime de todos sus Poderes, se retiró en 2017 de la OEA.

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Si cupieran dudas de la orientación de estas Cumbres, basta revisar sus sedes y  mandatarios  huéspedes. La I sesiona en 1994 en Miami, “show window” del modo de vida estadounidense, convocada por Bill Clinton, descuartizador  militar de Yugoslavia, Checoeslovaquia y Haití. La II se reúne en 1998 en Chile, presidida por Eduardo Frei Ruiz-Tagle, heredero del pinochetismo. La III opera en 2001 en Quebec, alojada por Jean Chretien, mandatario sumiso a las políticas de su poderoso vecino, y es sacudida por masivas protestas anti globalización. La IV sesiona en 2004 en Monterrey, frontera mexicana con la potencia norteña, bajo la presidencia de Vicente Fox, mandatario identificado  con intereses y políticas de ésta. La V, para variar, sesiona en 2005 en Mar del Plata, Argentina, bajo la presidencia de Néstor Kirchner, y resulta el gran fiasco para Estados Unidos. Sus turiferarios llevaron para ser aprobado “fast-track”,  sin examen ni  discusión, el ALCA, monstruoso tratado hemisférico de Libre Comercio que pretendía la entrega masiva al capital estadounidense de los recursos naturales, estratégicos y turísticos de Nuestra América, permitía la incondicional exoneración de impuestos de los empresarios y la eliminación de los derechos laborales y sindicales de trabajadores latinoamericanos y caribeños. Las delegaciones lo rechazaron de plano. Participación protagónica tuvo la  venezolana, siguiendo  instrucciones del Presidente Hugo Rafael Chávez Frías.

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Amoscados, los funcionarios de la OEA tardaron cuatro años en convocar otra Cumbre en 2009, en la ex colonia británica de Trinidad y Tobago bajo la presidencia del neocolonialísimo Patrick Manning. Para seguir pisando bajo seguro,  en 2012 congregaban  otra en Colombia,  ocupada por nueve bases militares estadounidenses declaradas e infinidad de otras disimuladas en sus aeropuertos y enclaves estratégicos. Para mayor seguridad, la OEA reúne la VII Cumbre en 2015 en Panamá, país secesionado de Colombia por una intervención yanqui,  de nuevo sembrado de bases militares estadounidenses en violación de los acuerdos Carter-Torrijos, dolarizado y presidido por el también dolarizado Juan Carlos Valera. La Cumbre del 2018 es reunida en  la ciudad sede del tristemente célebre Grupo de Lima, y presidida por Martín Vizcarra, ex vicepresidente del todavía más tristemente célebre ex Presidente Pedro Pablo Kuczynski, depuesto por corrupción.

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Así, se entiende que los preparadores  de la IX Cumbre de las Américas en 2022 intenten pisar firme convocándola para Los Ángeles (ciudad que arrebataron a México junto con más de la mitad de su territorio en 1845), dirigida por su propio Presidente Joe Biden, y sólo con  delegados de países que consideran suyos. En el magistral relato “Confesión de un Ególatra”, Otrova Gomás describe el banquete que  un engreído se dedica, y cuyo único invitado, previsiblemente, es él mismo. Creyéndose todavía  Primera Potencia del Mundo, Estados Unidos sólo admite debatir consigo mismo, o con reflejos suyos. Así como impone presidentes auto-elegidos,aspira a una Auto-Cumbre.  

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Como en la de Hamlet, en la locura de la Morsa y de la OEA hay un sistema. La IX Cumbre se convoca para comprometer a Nuestra América como instrumento en el Holocausto estadounidense contra Rusia. Nada de invitar almejas que no se dejen comer, ni países que no  se definan como incondicionales. Por ello, a mucha honra, se excluye del Banquete del Ególatra a Cuba, Nicaragua y Venezuela. Pero no están solas. El  Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, señala: “¿Cómo es que convocamos a una Cumbre de las Américas, pero no invitamos a todos? ¿Entonces de dónde son los que no están invitados? ¿De qué continente? ¿De qué galaxia? ¿De qué satélite? Si hay exclusión, si no todos son invitados, habrá una representación del gobierno de México, pero no iría yo”. Xiomara Castillo, Presidenta de Honduras, cuyo esposo Manuel Zelaya fuera depuesto por golpe del Comando Sur, afirma que una Cumbre no sería tal “si no estamos todas las naciones”. Funcionarios de Brasil  informan que  el Presidente  Bolsonaro  considera no asistir. El Presidente de Argentina manifestó que asistiría, pero  que debían ser invitados todos los mandatarios de la región. El presidente temporal de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) manifestó: “Le pido a los organizadores lo que López Obrador ha pedido: que inviten a todos los países latinoamericanos”. Los países de la Comunidad del Caribe (Caricom) no asistirán a la Cumbre  si se excluye de la cita a alguna nación de la región. Y Luis Arce, Presidente de Bolivia, víctima apenas repuesta de sangrienta intervención de Estados Unidos perpetrada mediante la OEA, afirmó que  “Una Cumbre de las Américas que excluye a países americanos no será una Cumbre de las Américas plena, y de persistir la exclusión de pueblos hermanos, no participaré de la misma”, pues “si se desconoce el pluralismo, se ignora el principio de autodeterminación y se veta la participación de países hermanos”.

Con la unipolaridad, va en vías de extinción la incondicionalidad.

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