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28/07/21
La unidad (de Nuestra América) los une
Por José Felix Rivas Alvarado

La unidad latinoamericana, los une en la distancia y en el espacio del tiempo histórico. Ambos, nacidos en el mes de julio, el Simón de La Trinidad y el Hugo Rafael, tuvieron una claridad y una convicción: no puede haber liberación nacional, independencia y desarrollo de una nación sino hay unidad en el continente de aquellos territorios que, ayer se encontraron dominados por la colonización europea y hoy están bajo la sombra de los centros hegemónicos del capitalismo mundial.

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Tanto Bolívar como Chávez tenían claro en su visión estratégica que la patria es América. La unidad no era una retórica vacua, adorno de un discurso demagógico. Era convicción estratégica. Era praxis. Es por eso que, Bolívar, junto con su ejército, cruzó el territorio colonizado, convocando a pueblos que habían sido segmentados y aislados por el dominio colonial.

Gran parte de su vida estuvo fuera del espacio geográfico donde vino al mundo para convertir a toda la tierra americana en una gran cuna. Somos históricamente y genéticamente internacionalistas, por eso no podemos vernos sin  dejar de ver más allá de nuestras imaginarias fronteras.

Chávez fue protagonista (junto con  otros) de uno de los intentos más intensos y ambiciosos de retomar la unión, pasando por la integración. Salió también de estas fronteras imaginariastrazadas por la acumulación de capital a escala mundial. Formó parte de una alianza estratégica que derrotó a Goliat en Mar del Plata.

La contención temporal del ALCA en 2005 fue una expresión de esa geografía en resistencia y en rebeldía. La propuesta de la Nueva Arquitectura Financiera (donde el Banco del Sur y el Sucre eran unas piezas) fue otra osadía audaz, expresión de la convicción de que, sin construir la plataforma económica (productiva, financiera, comercial) la independencia se queda en el papel y en las buenas intenciones. Desafiar a los imperios, era también desafiar a la dictadura del dólar; desafiar a las instituciones financieras internacionales dominantes (FMI, Banco Mundial y BID).

¿Cómo fue de desafiante, ante el poder imperial, crear la CELAC, la UNASUR, PetroCaribe y el ALBA-TCP en tan corto tiempo?

La integración regional no se debe confundir con esa fase superior que es la unidad latinoamericana y de El Caribe. Sin embargo, la integración regional es un gran paso hacia la unidad.

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Los sectores contrarios a la integración promueven una ideología justificadora del “sálvense quien pueda”, favoreciendo a los Tratados de Libre Comercio (TLC) y, con ello, la desintegración de las economías nacionales: liberalizando, privatizando, abaratando el costo laboral y disminuyendo los márgenes de la democracia liberal a través de una brutal represión a los sectores populares, dando golpes de Estado o creando gobiernos ficticios paralelos (con el procónsul del momento).

Mientras que, por otro lado, la izquierda postmoderna no cree en la integración, hace énfasis en concentrar su mirada en el ombligo nacional, no pretende ni está en sus planes construir una geografía basada en la independencia y la soberanía. Considera que la integración, y aún más la Unión, es algo “pasado de moda”. Asumen que “tienen que tomar el tren del progreso, porque va a mucha velocidad y nos dejará atrás”, aún si implica que, tomar ese tren –bajo el pasaje de un TLC- nos ubica en el vagón de atrás. El tren del progreso (capitalista) tiene un destino manifiesto.

Retomemos la idea de la unión y de la integración, no como retórica cargada de efemérides ni de exégesis estéril, ni, menos aún, con esa nostalgia insoportablemente paralizante. Es una construcción difícil, con muchos obstáculos, pero es una inevitable pieza de una estrategia de cambio estructural.

En la situación actual, que no es tan favorable como lo fue en la primera década de este siglo, la dialéctica de esta realidad nos muestra no sólo las dificultades, sino da luces de claros senderos abiertos y por construir. Si de dificultades hablamos, preguntemos al testimonio dejado por Chávez, preguntemos a Bolívar, a Sucre y a Miranda, entre la larga lista que siempre tendremos en nuestra acervo histórico.

*Economista venezolano, investigador del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)

Fuente:
CLAE

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