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11/11/22
El impacto Lula- López Obrador y Petro-Maduro
Por Eduardo Paz Rada

No ha sido solamente el pueblo de pobres, marginados, mujeres, trabajadores, indios, campesinos o estudiantes del Brasil el que ha festejado el difícil triunfo electoral de Lula da Silva el pasado 30 de octubre, ha sido todo el pueblo latinoamericano y caribeño que se ha visto representado en la figura del obrero metalúrgico del nordestino Pernambuco y candidato del Partido de los Trabajadores (PT), porque su ascenso presidencial abre un horizonte de esperanza al proyecto de avanzar en la unidad e integración emancipadora del continente del Abya Yala que apertura un nuevo ciclo en este siglo XXI.

La derrota de Jair Bolsonaro, al mismo tiempo, es la derrota de las oligarquías y élites conservadoras de la Región que, apoyadas y respaldadas por el imperialismo norteamericano y europeo en crisis, se mantienen al acecho intentando impedir el ascenso nacional-popular y la profundización de una democracia participativa que vaya más allá del hecho electoral y se convierta en una democracia económica, cultural, social y de liberación nacional.

Frente a la profunda crisis económica mundial, tanto por los efectos de la pandemia, la especulación financiera de un puñado de multimillonarios transnacionales, la guerra de Ucrania, las luchas geopolíticas de las potencias y las amenazas e intervenciones militares norteamericanas; la estrategia de valorizar e implementar una posición conjunta, propia y autónoma de los países de América Latina y el Caribe se presenta como la única opción que permita tener un protagonismo internacional y desarrollar las condiciones históricas para cumplir las metas bolivarianas y sanmartinianas de construir la Patria Grande, desde Tijuana y Ciudad Juárez hasta la Patagonia y las Islas Malvinas.

Los comandantes Fidel Castro y Hugo Chávez, de manera lúcida, abrieron los senderos y articularon con Lula da Silva, Néstor Kirchner, Evo Morales, Pepe Mujica, Rafael Correa, Daniel Ortega y otros jefes de Estado los proyectos de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y Petrocaribe para avanzar en la unidad regional.

Ahora mismo, después de casi 10 años de retrocesos y derrotas políticas –con golpes de Estado, elecciones pérdidas, campañas mediáticas millonarias, falsificación de noticias, poderes judiciales controlados desde Washington y traiciones abyectas– Lula da Silva se reúne con Alberto Fernández, impulsa y apoya la elección presidencial de Cristina Fernández de Kirchner y se comunica con Andrés Manuel López Obrador de México para fortalecer la Celac, la unidad latinoamericana y caribeña, y construir una alternativa desde las propias raíces históricas.

Simultáneamente, Gustavo Petro, flamante presidente colombiano y gestor de la derrota de la derecha pronorteamericana de liberales y conservadores en su país, se reúne en Caracas con el bolivariano-chavista venezolano Nicolás Maduro para reanudar relaciones diplomáticas, levantar las banderas de la fraternidad bolivariana y proponer el fortalecimiento de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) que, con seguridad, acompaña el retorno de Unasur como potente proyecto sudamericano.

El compromiso manifestado por los gobiernos de México, Honduras, Nicaragua, Cuba, Guatemala, Dominica, San Vicente y las Granadinas, Santa Lucía, Antigua y Barbuda, Venezuela, Colombia, Perú, Bolivia, Chile, Argentina y ahora Brasil de fortalecer la Celac frente a la Organización de Estados Americanos (OEA) o la Cumbre de las Américas, digitadas por los Estados Unidos, interpela a luchar y ejecutar la segunda Independencia.

Fuente:
La Época

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