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22/02/22
Una Antártida Latinoamericana es crucial para la unidad regional
Por Diego Chanuar

La organización soberana de una Nación nace a partir de tres ejes sobre los cuales se sienta el ejercicio del poder soberano: el eje jurisdiccional, eje económico y el eje social. De cara a la segunda mitad del siglo XXI, y desde una visión continentalista y latinoamericana, la unificación en una supra-nación se convierte en una necesidad estratégica para la subsistencia como pueblos y el ejercicio efectivo de soberanía.

El dinamismo propio de las relaciones internacionales en los últimos dos siglos, la gran escala de productividad desde la primera revolución industrial y los constantes conflictos bélicos que se centraron en territorios industrializados hasta mediados del siglo XX – que luego viraron a sus zonas de influencia -, han tendido a erosionar profundamente el ejercicio soberano de la totalidad de las naciones tanto en materia jurisdiccional, económico, y social. Estamos ante un escenario mundial donde la necesidad de unificación de una supra-nación, como visión continentalista, se torna estratégica para la subsistencia del ejercicio efectivo de los tres ejes que componen la soberanía. De modo tal, que aquellas naciones que no se integren y no planifiquen una unidad económica, territorial y social común, de cara a la segunda mitad del siglo XXI tenderán a ver degradada su soberanía al punto de la inexistencia como unidad política autónoma.

En este sentido, la unidad natural, factible y beneficiosa para la Argentina es en el marco de la Unidad Latinoamericana. Debemos tener en cuenta que los procesos de integración en América Latina han fracasado de forma abrupta, violentado el espíritu integracionista de las Constituciones Latinoamericanas y los principios Declaratorios de las Naciones Democráticas de la región. Bajo esta proyección política, la impronta en la actualidad debe reconocer determinados factores estratégicos para direccionar una Nación hacia la integración o cooperación inter-regional, a partir de la planificación de una matriz de tratados internacionales que logren impulsar el ejercicio soberano sobre los ejes que componen su poder, contemplando las características propias de cada Nación y garantizando mecanismos igualitarios para todo el conjunto.

En este marco de unión proyectado, la única llave de construcción de los cimientos que componen la unidad regional es, sin lugar a duda, la Antártida Latinoamericana. La misma está delimitada por los meridianos 90° O y 24° O y el paralelo 60° S y el Polo Sur; con 13 bases permanentes que operan en la actualidad (6 de Argentina, 5 de Chile, 1 de Brasil y 1 de Uruguay); y con una población de poco más de 400 personas en verano y una presencia ininterrumpida por más de ciento quince años, la Antártida es la jurisdicción desde la cual debe renacer el espíritu integracionista de la Patria Grande de la América del Sur y el Caribe.

El Tratado Antártico

En este sentido, considerando las reclamaciones de soberanía sobre la Antártida de las Naciones Latinoamericanas, observamos que las mismas se fundamentan en diferentes argumentos jurídicos con variados grados de legitimidad de derechos sobre ese continente, siendo el territorio reclamado por la Argentina, aquel que se encuentra entre los meridianos 74° O y 25° O, el paralelo 60° S y el Polo Sur. La superficie estimada de la Antártida Argentina es de 1.461.597 km², de la cual 965.314 km² corresponden a tierra firme; es decir, una importante porción de la Antártida Latinoamericana, en términos jurisdiccionales de soberanía.

En cuanto a los argumentos jurídicos, respecto de la reclamación Argentina, podemos señalar lo siguiente: el denominado animus dominis, que describe un estado jurídico de la persona, que demuestra voluntad o intención de poseer la titularidad del territorio, considerando que la Argentina tiene presencia en el Continente blanco desde 1904, año en el que se instaló una central meteorológica y una oficina de correo – dicha estación se conoce actualmente como “Base Antártica Orcadas”. Asimismo, Argentina opera y administra en la actualidad un total de trece bases.

El otro argumento jurídico es el principio de Continuidad de la Plataforma Continental. Puesto que la plataforma continental de la Península Antártica, comprende el lecho y subsuelo de las áreas submarinas sobre las cuales se alza el conjunto de cadenas montañosas que son la continuación de la cordillera de los Andes, e incluye a la península del continente antártico Tierra del Fuego, Malvinas y demás islas del Atlántico Sur. Todas ellas conforman una cordillera submarina en un pronunciado arco de al menos 4350 km de extensión, denominado Arco de las Antillas Australes. Por último, nombraremos la Teoría de los Sectores Polares. La misma, justifica la soberanía sobre el sector polar en virtud de proyectar los meridianos sobre los puntos extremos Este y Oeste del territorio Nacional hasta el centro del Polo Sur, tal como lo muestran los mapas del Instituto Geográfico Nacional.

La triada de argumentos se encuentra supeditada a las cláusulas estipuladas en el Tratado Antártico, suscripto por la Argentina como signatario original en 1959 y aprobado por ley 15.802. Razón por la cual, no se establece titularidad sobre los territorios, sino que prorroga hasta 2041 las reclamaciones de soberanía sobre los mismos.

Es importante observar y comprender que el Tratado Antártico establece que el continente sea reservado solamente para actividades pacíficas orientadas principalmente a proyectos científicos, cuyas investigaciones deben ser publicadas en el marco de la cooperación científica determinadas y establece la prohibición de instalación de bases militares y ensayos nucleares. El problema con dicho tratado es que no aporta pautas frente al incumplimiento del mismo, considerando la presencia de Estados Unidos y Reino Unido – naciones con impronta imperialista -; y particularmente Inglaterra ocupa nuestro territorio desde 1833. Por otra parte, tampoco establece mínimas pautas que regulen el escenario post-Tratado Antártico; situación que nos lleva a interpretar que debiera ser garantizada su reorganización por parte de los doce Estados signatarios originales con derecho a voto y veto, para asegurar la anexión de la porción reclamada por cada uno de estos. Esto último encamina a la Argentina a una situación de conflicto, porque el territorio antártico argentino pretende ser anexado por Inglaterra de forma total y por Chile de forma parcial. Bajo este panorama, la planificación del conflicto debe ser latinoamericano.

La Corporación Científica Antártica Latinoamericana

En este sentido, la unidad latinoamericana, debe realizarse a partir de un instrumento central que es la convergencia en una planificación corporativa científica común. Siendo la Antártida Latinoamericana el factor que totalizará dicha unidad, donde las treinta y tres (33) naciones que componen la CELAC, desde México hasta Argentina, puedan cada una con su instituto antártico ser parte de la Corporación Científica Antártica Latinoamericana (CCAL). Esta estará conducida por un Directorio de tres funcionarios, de los cuales uno será el Presidente de la Corporación de tres Naciones Latinoamericanas, que irán rotando al cumplirse su mandato. Todo ello, bajo una planificación centralizada común de investigación, a fin de crear una comunidad científica latinoamericana organizada, no sólo cooperando entre sí, sino trabajando para un fin común de acuerdo a la planificación corporativa, centralizando la información sobre los proyectos de programas científicos y generando resultados para toda la comunidad.-

En este sentido, la Corporación Científica Antártica Latinoamericana, constituida por 33 institutos antárticos de las Naciones de América del Sur y el Caribe, podrá desarrollar a partir del estudio de bacterias, proyectos para la producción de medicamentos, alimentos, bioetanol, enzimas para la industria, entre la enorme biodiversidad del continente blanco. Paralelamente se impulsará la creación de fuerzas comunes de apoyo logístico para las expediciones antárticas y defensa del continente, con proyección al Atlántico Sur. Asimismo y en la medida que la Corporación Científica Antártica Latinoamericana se desarrolle, se creará una logística continental de buques científicos, rompehielos o buques polares pudiendo desarrollar o reactivar los astilleros de la región.

Desde Social 21, proponemos establecer la centralidad geopolítica de Tierra del Fuego. Desde allí debería operar un ministerio de Asuntos Navales y Marítimos, desde donde se promueva la creación del Astillero Nacional Fueguino Sociedad del Estado, juntamente con la Secretaría de Ciencia y Tecnología Marítima y Antártica, la Secretaría de Seguridad Marítima y Antártica y la Secretaría de Producción Naval.

Respecto de la soberanía territorial y la controversia con Chile, debemos continuar la línea del acuerdo Perón-Ibañez del Campo, que estableció reconocimiento mutuo para aquel territorio que no se superpone, y la administración conjunta para el territorio en el cual se superponen las pretensiones. Situación que en el marco de la Corporación Científica Antártica Latinoamericana que va a permitir paralizar el avance británico, tal como sucedió en 1953, cuando los ingleses destruyeron los refugios argentinos y chilenos en la Isla Decepción. Ante tal situación, Perón y el presidente chileno Ibáñez del Campo acordaron con la firma de un documento, responder de manera conjunta, si volviera a repetirse una agresión de ese tipo. Aspecto que denota una unidad de acción que debe establecerse, en este siglo XXI, como unidad regional sobre todo desde 2041, año en que finaliza el tratado antártico y renace el peligro de la militarización del continente blanco.

Por último, quisiera destacar un fragmento de la Declaración de Ayacucho de 1974, en donde se enumeran los principios jurídicos y políticos del desafío de unión continental. De allí se desprende que:

Es urgente completar la tarea emancipadora promoviendo la construcción del destino propio en el campo socioeconómico, lo que requiere modelos de desarrollo que aseguren a nuestros pueblos una justa participación en la vida económica y cultural y faciliten la plena realización del hombre americano”.

El compromiso histórico y esencial del continente latinoamericano es unirse para la liberación económica y social, la superación científica y tecnológica. Esta unidad demanda la voluntad común de alcanzar objetivos de interés global para sus pueblos, sustentada en la solidaridad y en el reconocimiento de una realidad pluralista”.

En definitiva, la ocupación de la Antártida, debe ser legal y pacífica, con presencia de regimientos de científicos latinoamericanos, en el marco de un trabajo conjunto planificado y centralizado a partir de la Corporación Científica Antártica Latinoamericana. De esta manera la Unidad Latinoamericana se constituirá desde el continente blanco y se proyectará hacia la región americana. Situación que pretende de una vez y para siempre, construir la base política de una supra nación para los pueblos de la América del Sur y el Caribe.

*El autor es integrante de Social 21, La Tendencia.

Fuente:
Social 21

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