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28/07/22

28/07/1938 Lampiao y los cangaceiros

Por Fernando Bossi Rojas

Virgulino Ferreira da Silva, más conocido como Lampíão, nació en Pernambuco el 4 de junio de 1898. Sin duda fue el bandolero más famoso de la región del sertao –el “desiertazo” del nordeste de Brasil–, la zona más pobre y agreste del país.

A fines del siglo XIX y principios del siglo XX, surgió, de esa región, un movimiento armado que se caracterizó por los asaltos a haciendas y poblaciones, secuestros de fazendeiros (hacendados) y saqueos en general. Los canganceiros –así se los llamaba–, actuaban en permanente movimiento, trasladándose de un sitio a otro y sobreviviendo tanto a las inclemencias de la región como a la persecución de las fuerzas de seguridad.

Lampíão, por una cuestión de venganza –un hacendado había asesinado a su padre–, se unirá en 1924 a los canganceiros, rápidamente convirtiéndose en líder y comandando un aguerrido grupo.

Los terratenientes mantenían sus propios ejércitos privados, ya sea para dirimir conflictos entre ellos como también para reprimir a los campesinos o simplemente para quitarles las tierras. La miseria de la población era tan grande como el abuso de oligarcas y autoridades.

En ese clima de injusticias, es que el bandidaje rural pasó a visualizarse, en muchos casos, como una respuesta de rebeldía a las arbitrariedades cometidas por la oligarquía, como asimismo una consecuencia directa de la miseria y el hambre.

La figura de Lampíão y su mujer María Bonita, junto a sus compañeros, pasaron a conformar parte del folclore nordestino, atribuyéndoles una gama de virtudes y defectos que en momentos los ubican como bandidos sociales, suerte de Robin Hood brasileños y en otras como meros criminales.

El 28 de julio de 1938, Lampíão y otros diez canganceiros cayeron en una emboscada. Todos fueron decapitados y sus cabezas expuestas al público.

La cultura popular, a través del cuento, la música, la poesía, la pintura y el cine, siguen recordando la figura de aquel bandolero que, de una u otra manera, fue protegido y admirado por un importante sector de la población más explotada del nordeste brasileño.

Nota 1:

Canción 'Mulher rendeira".

Esta canción fue el himno de guerra de los cangaceiros

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