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06/04/22
Temas: Cultura
Regiones: Bolivia
Entrevista con Quya Reyna
La joven aymara que atrapa lectores con sus crónicas desde El Alto
Por Sebastián Ochoa

La escritora, nacida en la ciudad de El Alto en 1995, publicó recientemente ‘Los hijos de Goni’, donde a través de nueve crónicas recorre los cambios acontecidos en su ciudad —y en el país— en los últimos 20 años. La masacre de Senkata, en noviembre de 2019, marcó un antes y un después en su escritura.

La crisis política que derivó en el golpe de Estado de 2019 implicó el surgimiento de nuevas voces, que buscaban la manera de hacer públicos los crímenes del Gobierno de facto. Una de las más destacadas fue Quya Reyna, una joven aymara, nacida en la ciudad de El Alto, que se valió de las redes sociales y de su ingenio desmedido para atraer a miles de lectores, fascinados por su manera de relatar injusticias, detectar formas de racismo veladas y también reírse de algunas de las delirantes decisiones de la autoproclamada presidenta Jeanine Áñez (2019-2020).

En estos días está presentando en varias ciudades su libro Los hijos de Goni, que reúne nueve crónicas contadas en primera persona. Comienzan en 2003, cuando la autora tenía ocho años y en la ciudad fueron asesinados decenas de vecinos por las Fuerzas Armadas, al mando del entonces presidente Gonzalo Sánchez de Lozada (1993-1997 y 2002-2003), en el marco de la llamada «Guerra del Gas».

En diálogo con Sputnik, Quya Reyna —Reyna Maribel Suñagua Copa, según su cédula de identidad— contó que hubo un antes y un después en su escritura, marcado por la masacre de Senkata, cometida por fuerzas militares y policiales en El Alto, el 19 de noviembre de 2019.

Formada en la literatura oral, hablar con ella es casi lo mismo que leerla. Sabe cautivar al lector con sus relatos, que abarcan las carencias de la población alteña en el comienzo del nuevo milenio, cuando comer un poco de carne era un lujo; hasta tiempos recientes, cuando reprende a las organizaciones de derechos humanos locales por callar ante la masacre de ciudadanos alteños.

«Empecé a hacer pequeños textos en Facebook, un poco contando mi infancia. No eran tanto temas políticos, sino para contar cómo era antes El Alto», explicó.

«A partir de 2019 agarré un enfoque más político, no tanto contando sobre mi vida, sino entendiendo estos hechos como una construcción política de mi identidad como alteña», agregó.

Luego de vivir de cerca en su niñez la masacre de 2003, de nuevo en 2019 las calles de El Alto se mancharon de sangre: «Pienso que [esa experiencia] te activa la memoria, te vuelve a llevar a estos hechos, y pude rescatar mucho de mi infancia, pero desde un enfoque político, con un discurso más potente, no tanto descriptivo, sino interpretativo».

Quya Reyna relató que al 2003 «lo viví, pero no tanto desde el campo de lucha. Pero, claro, veía en la calle un cotidiano diferente: gente marchando, gente con garrafas, gente buscando comida».

En este sentido, lo acontecido en 2019 «te reactiva la memoria de lucha, esa forma de entender el país. Y dije: ‘Bueno, entonces mi rol ahora es escribir’. Porque en ese instante no sabía qué hacer».

Entonces se puso a escribir: «Me posicioné. Me importaba no ser tibia ni neutral, sino tomar posición y decir que los alteños no son todos masistas. Y aunque lo fueran, eso no justificaba sus muertes. Eran legítimas sus marchas y movilizaciones. Eso traté de posicionar en las redes».

Sus publicaciones se compartían cientos de veces en el mundo virtual. «Pienso que mis textos eran leídos porque había urgencia por encontrar referentes de opinión», dijo la escritora. En ese momento encontró su voz: «Antes era más tranquila, trataba de no incomodar. Pero 2019 afectó a mi posición política y cambió incluso mi forma de escribir».

La papa es sagrada

Reyna nació el 18 de febrero de 1995, en una familia dedicada a múltiples oficios para ganarse la vida. En un tiempo ayudó a su papá en su carpintería, que también cultivaba papas y por eso valoraba inmensamente a cada una, al punto de que no toleraba que sus hijos dejaran alguno de estos tubérculos sin comer en el plato.

Así lo escribió Reyna en su texto «Los hijos de Goni», la primera de las crónicas del libro homónimo: «Una noche, mientras comíamos, alguien dejó unas papas sobrando en el plato, y es que esa era una ofensa a nuestras ‘tradiciones de pobreza’. La regla de casa era que después del almuerzo, cena, o en cualquier comida, los platos debían quedar limpios. No hablo de ir a lavarlos inmediatamente con jabón ni nada de eso. Es que no debíamos sobrar ningún grano de arroz, para nada. La más pequeña migaja en el piso era un insulto. La mínima gota de tecito en la taza era una ofensa. El plato con una sobra de verduras o media papa significaba la decepción de mi padre para con sus hijos».

Portada de ‘Los hijos de Goni’, libro de Quya Reina. © Foto : Alberto Valeriano/Gentileza Quya Reina

«La papa es sa-gra-da, decía mi papá, ya que tenerla en el plato era el resultado del trabajo arduo de la cosecha de mi familia en el campo. Sobrar una era totalmente intolerable. Papá vio esos restos e inmediatamente gritó: Pero ¡qué se creen ustedes para sobrar la comida! ¿Se creen hijos de Goni? ¡Váyanse a vivir con Goni!».

«Goni» es como popularmente se conocía a Sánchez de Lozada, expresidente que desde 2003 vive exiliado en Miami, Estados Unidos, amparado por los sucesivos gobiernos, da lo mismo que sean estos republicanos o demócratas. Bolivia lo reclama para juzgarlo por el asesinato de 67 personas en aquel octubre inolvidable.

Deudas con El Alto

La familia de Reyna pasó privaciones en los primeros años de la década del 2000. Finalmente, pudo estudiar Comunicación Social en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) para desarrollarse profesional y artísticamente.

«No voy a negar que con la llegada de Evo Morales (2006-2019) sí hubo sectores beneficiados por la nacionalización y otras políticas públicas que favorecieron a la ciudadanía. Pero sigo sintiendo que en El Alto hay un Estado ausente», contó la escritora, de 27 años.

«El Estado no está respondiendo a la necesidad de desarrollo que urge en la ciudad de El Alto. Sí hay sectores privilegiados, generaciones privilegiadas. Yo soy de una generación privilegiada, porque puedo acceder a estudios en la universidad pública, lo cual me parece bien».

Le parece bien, sobre todo si compara su situación «con la de mis papás o de otras generaciones, que ni siquiera podían estudiar y tenían que someterse al trabajo basado en explotación o en comercio informal».

De todos modos, la escritora se preguntó: «¿Por qué yo, siendo alteña, tengo que seguir buscando trabajo en sectores donde también están explotando? ¿Por qué tengo que migrar a otras ciudades o departamentos para buscar trabajo? En mi ciudad debería haber trabajo».

Y expresó: «Hay jóvenes que queremos escribir, hacer artes, ciencia, tecnología, investigar, ser científicos, buscar becas. Pero no, porque todavía hay barreras coloniales y racistas. También pone barreras el Estado, que a partir de sus políticas no deja crecer a nuevos profesionales».

En este sentido, Reyna remarcó: «No es que no han habido cambios. Han habido, pero estructuralmente falta mucho para que se puedan ver cambios relacionados a lo que buscan los alteños».

Habla como escribe

Consultada sobre su formación artística, la escritora explicó: «Puedo darle mucho crédito a mi etapa de depresión traumática, que tuve a partir de 2015. No hablo mucho de ese tema. Pero si no hubiera sido por eso, quizás nunca me hubiera puesto a escribir».

En ese momento, entró a un taller de teatro de la UMSA. Buscando desarrollarse más, «me encontré con la Cueva de los Cuentacuentos. Es un espacio donde aprendes sobre narración oral. Y me quedé en eso».

De esta manera «me di cuenta de que escribía como hablaba, o hablaba como escribía. Pienso que la gente se conectaba mucho con eso. Así poco a poco tuve más lectores. Al principio solamente mis amigos daban like a mis textos». Pero en 2020, mientras el Gobierno de facto metía en la cárcel a quien criticara a Áñez en las redes sociales, las reflexiones de Reyna se multiplicaban en los muros.

La escritora prepara nuevas publicaciones. Dos son investigaciones sociales relacionadas a la población alteña. Un texto se va a publicar a través de la Vicepresidencia del Estado Plurinacional.

El otro libro será impreso con Jicha, «que es el grupo indianista al que pertenezco. Este libro estará enfocado en un aspecto político de la identidad alteña: cuáles deberían ser las proyecciones de El Alto en un futuro, a partir del indianismo y la identidad».

En cuanto a lo literario, tiene varios cuentos en su memoria «que contaba de forma oral, cuando era cuentacuentos o narradora oral. Voy a ponerlos ya en papel y publicarlos».

Fuente:
Sputnik

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