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22/04/22
Regiones: África
No ha habido ninguna Revolución Verde

La Alianza a favor de una Revolución Verde en África se presentó como la solución para terminar con el hambre. El consenso, 15 años más tarde, fracasó.

La Alianza para una Revolución Verde en África (AGRA) fue creada a través de fondos financieros y donaciones de celebridades en 2006 con el objetivo de aumentar la productividad agrícola y los ingresos de 30 millones de pequeños agricultores africanos en 11 países para el final de 2021. Después de que este periodo terminara, y tras una financiación de mil millones de dólares, esta «revolución verde» está lejos de ocurrir. El siguiente reportaje pertenece a nuestra serie de artículos publicados originalmente en The Elephant  y elaborados por miembros del consejo editorial Wangui Kimari.

Cuando la Fundación Bill y Melinda Gates y la Fundación Rockefeller lanzaron la Alianza a favor de la Revolución Verde en África (AGRA) en 2006, fue presentada como la solución para terminar con la crisis de hambruna que hay en el continente. África iba a conseguir una revolución de la productividad agrícola que reduciría el hambre, aumentaría la calidad de vida y crearía puestos de trabajo. El objetivo era el «desarrollo sostenible», es decir, aprovechar más eficientemente la riqueza que ofrecía el continente. El «verde» de su nombre se oponía a las «revoluciones rojas» que se extendieron por Asia en los años 60.

Aunque en sus inicios este ambicioso proyecto parecía ser una especie de ayuda que podría transformar el sector agrícola africano y alimentar una población en aumento, en la actualidad AGRA tiene grandes dificultades para demostrar sus logros después de 15 años y mil millones de dólares de financiamiento.

Las críticas contra AGRA provienen de diferentes sectores y están cobrando fuerza.  La Alianza para la Soberanía Alimentaria en África (AFSA), la mayor red de sociedades civiles del continente, compuesta por 35 grupos, que engloban alrededor de 200 millones de productores de alimentos, se ha embarcado en una sólida campaña. Califican a AGRA como una iniciativa desacertada cuya labor para la creación de una revolución de la productividad en los 13 países en los que se centraba ha sido insuficiente. Los líderes religiosos del sur de África desafían a la Fundación Gates. Ninguno ha recibido respuesta por parte de los principales donantes de AGRA, entre los que se encuentran dos fundaciones estadounidenses y organismos de ayuda de los Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y Canadá.

El 2 de septiembre, en una conferencia anterior a la inauguración del Foro anual para la Revolución Verde, esos problemas alcanzaron su punto más álgido cuando múltiples líderes de sociedades civiles pidieron a los donantes que dejaran de financiar a AGRA. «Lo que los agricultores africanos necesitan es apoyo para aumentar su resistencia al cambio climático, no sistemas agrícolas a escala industrial que primen la rentabilidad económica» dijo Francesca de Gasparis, directora ejecutiva del Instituto Ambiental de las Comunidades de Fe de África Austral (SAFCEI).

AFSA publicó una carta firmada por sus 35 redes miembro y 176 organizaciones internacionales de 40 países, en la que afirmaba que «AGRA ha fallado de manera rotundamente en su misión de aumentar la productividad y los ingresos, y de reducir la inseguridad alimentaria, de hecho, ha perjudicado los esfuerzos globales de apoyar a los agricultores africanos,», se puede leer en la carta.

La vicepresidenta de Innovación de AGRA, Aggie Asiimwe Konde, mostraba su desacuerdo: «Nos centramos en informar a los agricultores, facilitarles el acceso a tecnologías y aumentar la producción y sus ingresos. Hemos tenido un éxito notable, ya que hemos visto a agricultores duplicar sus ingresos, diversificar sus cultivos e integrarse en el mercado.»

Buscando evidencia del éxito de la Revolución Verde

AGRA fue fundada en 2006 con objetivos muy ambiciosos: duplicar la productividad y los ingresos de 30 millones de pequeños agricultores para el 2020, a la vez que se reduciría la inseguridad alimentaria un 50 por ciento. Ese plazo ya ha vencido e investigaciones independientes sugieren que las optimistas promesas que hizo AGRA están muy lejos de haberse cumplido.

De hecho, a AGRA le resulta imposible aportar pruebas sobre ese progreso, afirma Timothy A. Wise, asesor superior sobre el Futuro de los Alimentos en el Instituto de la Política Agrícola y Comercial y jefe de investigación en el Instituto de Desarrollo Global y Medio Ambiente de la Universidad de Tufts. En 2020, Wise llevó a cabo un análisis del impacto de AGRA y no encontró ninguna evaluación detallada realizada por la misma organización o alguno de sus principales donantes en la que se reflejara el logro de sus objetivos. Después de que AGRA se negara a darle acceso a datos sobre sus beneficiarios, Wise adoptó un enfoque más amplio y revelador.

«Decidí examinar los datos de los 13 países en los que AGRA se enfoca para ver si había indicios de que se estuviera produciendo una revolución de la productividad en la que los ingresos estuvieran aumentando y la seguridad alimentaria mejorando. Encontré muy pocas pruebas de aumentos de productividad,» expresa Wise en su investigación. Como explicaba en un artículo reciente para The Conversation, «según cualquier estimación, 30 millones de pequeños agricultores representan una mayoría significativa de los agricultores que se encuentran en los 13 países seleccionados. Si la alianza hubiera duplicado los rendimientos e ingresos y reducido a la mitad la inseguridad alimentaria de todos esas familias agricultoras, habría aparecido claramente en los datos.»

Pero eso nunca ocurrió. Wise descubrió que en 12 años tan solo la productividad de un puñado de cultivos básicos había aumentado tan solo un 18 por ciento. Eso está muy lejos de acercarse al objetivo de duplicar la productividad, lo cual sería un aumento de un 100 por ciento. Más revelador es el hecho de que apenas es superior a la tasa de crecimiento de la productividad antes de la fundación de AGRA.

Ni los ingresos ni la seguridad alimentaria han aumentado de manera significativa. Según las últimas estimaciones realizadas por las Naciones Unidas, el número de personas en estado de «desnutrición» severa en los países en los que se centra AGRA ha aumentado un 30 por ciento desde 2006. Estos datos están muy lejos de alcanzar los prometidos por AGRA cuando afirmaba que reduciría a la mitad la inseguridad alimentaria.

«Después de 15 años y mil millones de dólares de financiación extranjera, AGRA ha fracaso a la hora generar una revolución de la productividad en la agricultura africana. El rendimiento de los agricultores no ha aumentado de manera significativa», afirmó Wise en una rueda de prensa el pasado 2 de septiembre. «Es hora de que los donantes empiecen a escuchar a los agricultores africanos y a los líderes comunitarios.»

Wise puntualizó que su crítica va mucho más allá de AGRA y que incluye, también, el enfoque de la Revolución Verde al que los gobiernos africanos están dedicando considerables recursos, entre los que se estima que encuentran mil millones de dólares al año en forma de subsidios para la adquisición de semillas, fertilizantes y otros productos. «Nuestra investigación ha estudiado el progreso de la Revolución Verde en su conjunto. Esta revolución debería de haber obtenido resultados notables después de 15 años y miles de millones de dólares invertidos en el proyecto. No ha sido así,» escribió en The Conversation.

Organizaciones de la sociedad civil africana y alemana han elaborado un informe basado en la investigación de Wise titulado False Promises. El informe pide a los países que retiren su apoyo a AGRA y a su Revolución Verde y se lo den a aquellas iniciativas que ayudan a los productores a pequeña escala, especialmente mujeres y jóvenes, para que se desarrollen actividades agrícolas resistentes al cambio climático y ecológicas.

Grandes cantidades de dinero fueron destinadas a la producción de maíz, que aumentó un total del 87 por ciento. Pero la mayor parte de ese aumento provino del incremento de terreno que emplearon los agricultores para cultivar maíz, incentivados por los subsidios. Después de más de 12 años, los rendimientos aumentaron solamente un 29 por ciento, pero los terrenos que han sido cultivados con maíz han ascendido casi un 50 por ciento, lo que es una estrategia agrícola insostenible.

El predominio del maíz en detrimento de otros cultivos alimentarios igualmente esenciales, como el mijo, que toleran la sequía y son más nutritivos, también ha sido señalado como una de las desventajas de las intervenciones de AGRA. La producción de mijo ha disminuido en una cuarta parte, según el informe.

El hambre aumenta en todo el continente

La disminución de la diversidad de cultivos puede tener como resultado un descenso de la variedad de la dieta, lo que puede estar contribuyendo al alarmante aumento del hambre. Según el informe anual sobre el hambre de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), publicado el 12 de julio de 2021, el planeta ha sufrido el mayor aumento de casos de desnutrición en la historia. La estimación anual de la agencia sobre este fenómeno ha mostrado un aumento de más del 25 por ciento en comparación con los niveles de 2019, es decir, las cifras se encuentran entre 720 y 811 millones de personas.

En el África Subsahariana, alrededor de 44 millones de personas más se han enfrentado a la desnutrición severa en 2020, un 30 por ciento de la población del continente está teniendo serios problemas para alimentar a sus familias. En 2020, sobre un 66 por ciento de la población sufrió «inseguridad alimentaria moderada o severa» según la FAO, cifra superior al 51 por ciento de 2014, lo que representa un incremento de 244 millones de personas con inseguridad alimentaria en tan solo seis años.

Wise señala que desde la fundación de AGRA en 2006, el hambre en el África Subsahariana no ha disminuido a la mitad, sino que ha aumentado un 50 por ciento. «La Revolución Verde está llevando a África en la dirección incorrecta», declara.

La respuesta de AGRA

AGRA se ha pronunciado en contra de la investigación de Wise, realizada bajo la ayuda del Instituto de Desarrollo Global y Medio Ambiente de la Universidad de Tufts. Afirma que esta no ha cumplido con los «estándares básicos académicos y profesionales de revisión paritaria…». Andrew Cox, jefe de personal y estrategia de AGRA, ha sido citado calificando la investigación de «poco profesional y ética». Pero miembros de la Universidad de Tufts han defendido los métodos de Wise.

Aggie Asiimwe Konde, Vicepresidenta en AGRA, afirmó en una entrevista que la organización estaba teniendo éxito. «Quisimos apoyar a 9,5 millones de agricultores y ahora tenemos 10 millones que poseen un mínimo de tecnología.» Después de eso, acusó a los gobernantes africanos de no haber llevado a cabo la parte que les correspondía. «Desafortunadamente, solo Ghana, Ruanda y Nigeria han dedicado un 10 por ciento de sus presupuestos al sector agrícola tal y como se presenta en la Declaración Maputo de 2003. El resto de África ha dedicado únicamente un 2 por ciento de su presupuesto a la agricultura.»

Konde discrepa con las exigencias de aquellos que han criticado AGRA. «Teniendo en cuenta las incertidumbres relacionadas con el cambio climático y la epidemia del coronavirus, sería desafortunado pedir la disolución de AGRA en este momento. Me pregunto a qué agricultores están representando. AGRA aboga por aumentar las opciones de los agricultores, y promueve aquellas que permiten a más agricultores tener acceso a tecnologías y a aplicarlas».

Continuó: «Hemos llevado a cabo evaluaciones sobre la rentabilidad y hemos averiguado que cada dólar invertido ha producido cerca de 10 dólares. Las preguntas que nos deberíamos de estar planteando son: ¿han tenido acceso los agricultores africanos a información y tecnologías?»

Funcionarios de AGRA explican que el presupuesto de la agencia y sus contribuciones son demasiado pequeñas como para reflejarse en los datos recogidos a nivel nacional. «Los datos no se pueden extrapolar a los diferentes tipos de trabajo regional y subregional que llevamos a cabo», le escribió Andrew Cox en un email a Stacy Malkan de la organización US Right to Know que promueve la transparencia. Los críticos señalan que si AGRA hubiera logrado su objetivo de ayudar a 30 millones de agricultores y cambiar sus prácticas, el impacto que habría alcanzado sería evidente. Aun así, AGRA asegura que su informe anual más reciente proporciona pruebas del aumento del rendimiento, de los ingresos y de la mejorar de la seguridad alimentaria.

Wise ya ha analizado estos nuevos documentos y se ha mostrado crítico con los datos proporcionados. Afirma que han sido elaborados de manera apresurada, no contienen información debidamente documentada y resalta mejoras llevadas a cabo en un periodo muy corto, en unos pocos países y en relación con ciertos cultivos. Otros críticos también han calificado de fracaso el intento de AGRA de documentar su progreso a lo largo de sus 15 años de actividad.

Muketoi Wamunyima, coordinador nacional de la ONG PELUM Zambia, firmó el año pasado una carta dirigida a AGRA en la que pedía pruebas de su impacto. Esto se debe a que esta ONG trabaja para mejorar la calidad de vida de agricultores a pequeña escala fomentando la gestión ecológica del uso de la tierra. A cambio recibieron una larga respuesta de Andrew Cox, la cual desecharon por no contener pruebas. «Como organizaciones de la sociedad civil que trabajan en Zambia, hemos cuestionada el modelo de AGRA y nos hemos puesto en contacto con nuestro gobierno local para señalar que el enfoque de AGRA no satisface las necesidades de los pequeños productores de alimentos», explicó Wamunyima.

Ruanda es considerada uno de los países que mejores resultados ha obtenido en el plan de AGRA, cuya producción de maíz se ha multiplicado por cuatro desde 2006. Sin embargo, según el informe False Promises, el «milagro» ruandés ha demostrado débiles mejoras globales de productividad en los cultivos básicos del país, ya que los agricultores renunciaron a cosechar variedades locales que son mucho más nutritivas que el maíz. Además, según las últimas estimaciones de la ONU sobre el hambre, el número de personas desnutridas en Ruanda ha aumentado un 41 por ciento desde la llegada de AGRA.

Mariam Mayet, directora ejecutiva del Centro Africano para la Biodiversidad, ha dicho: «Durante años hemos recogido información sobre los proyectos para extender la Revolución Verde en África, y los callejones sin salida a los que conducirá: deterioro de la salud del suelo, pérdida de la biodiversidad agrícola, desaparición de la soberanía agrícola y el sometimiento de los agricultores a un sistema que no está diseñado para su beneficio, sino para el beneficio de corporaciones multinacionales del norte.»

África no es monocultural

Konde desestimó las críticas realizadas por AFSA, «Hemos invitado a aquellos que se han estado quejando en la cumbre del AGRA para intercambiar opiniones, pero no han acudido».

Million Belay, Coordinador General de AFSA, confirmó haber sido invitado a última hora. Belay explicó por qué había rechazado la invitación en un artículo de opinión para Al Jazeera:

«En AFSA no estamos de acuerdo con el enfoque básico de la Revolución Verde. La estrategia ha endeudado a los agricultores, arruinado el medio ambiente, dañado nuestra salud y perjudicado nuestras semillas y cultura. Nos oponemos a la avalancha de iniciativas que pretenden modificar nuestras leyes sobre las semillas, las normas de bioseguridad y la institucionalización de normas y reglamentos que intentan afianzar una dependencia excesiva a la agricultura corporativa en África».

Se mostró especialmente en desacuerdo con la afirmación expresada por AGRA de que su foro anual hablaría en nombre de África en una «única coordinada voz africana».

«África no es monocultural y no queremos que lo sea. África no habla con una sola voz y menos con la del Foro de la Revolución Verde. Su diversidad de voces es tan rica como la diversidad de paisajes del continente, culturas y tradiciones gastronómicas. Esas voces quieren cantar, no de forma monótona, sino en armonía, unas con otras, con la naturaleza y con líderes de gobiernos y donantes que valoran la diversidad y la apoyan».

Anne Maina, la Coordinadora de la Asociación de Biodiversidad y Bioseguridad de Kenia (BIBA-K), está de acuerdo. Cree que la mejora sostenible de la nutrición, el aumento de la producción, la potenciación de la biodiversidad, el incremento de la resiliencia y el crecimiento de los ingresos se producirán gracias a la participación de todos (pequeños agricultores, pastores, pescadores, cazadores, recolectores y pueblos indígenas) para lograr mantener la diversidad y no a través de costosos monocultivos que necesitan muchos recursos.

 Y aunque los tecnócratas de AGRA han sido mucho más reactivos a las críticas en el pasado, el presidente de su junta directiva, el antiguo primer ministro de Etiopía Hailermariam Dessalegn, optó por un enfoque reconciliador en un artículo de opinión publicado por Debates Africanos:

«Estos debates binarios son inútiles y a veces contraproducentes. La creación de sistemas alimentarios más resistentes en el continente exigirá una combinación de enfoques que van desde la agroecología hasta las últimas novedades en materia de cultivos y suelos».

Sea como sea, la necesidad de resolver la crisis del hambre en África de forma sostenible es urgente.

Fuente:
UMOYA

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