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27/04/23
Regiones: Irán
¿Cuál es el significado del restablecimiento de relaciones entre Irán y Arabia Saudí?
Por Yusuf Fernández

El anuncio del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Irán y Arabia Saudí supone un gran cambio en la situación geopolítica de la región de Oriente Medio y el Golfo Pérsico. Este anuncio fue realizado el viernes en Pekín en presencia de Wang Yi, director de la Oficina de la Comisión Central de Asuntos Exteriores del Partido Comunista de China; Ali Shamjani, secretario del Consejo de Seguridad Nacional de Irán, y Musaid Al Aiban, asesor de seguridad nacional de Arabia Saudí.

Los dos países habían realizado previamente varias rondas de negociaciones con la mediación de Iraq, donde podría tener próximamente una reunión de los ministros de Exteriores de ambas naciones, que reabrirán sus respectivas embajadas en un período de dos meses.

El primer resultado será un fuerte impulso hacia la estabilidad y la cooperación en Oriente Medio y el Golfo Pérsico, donde Irán ha llevado a cabo iniciativas para desarrollar sus vínculos con sus vecinos, incluyendo Omán, los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Qatar. Esto se enmarca dentro de la política del gobierno de Ebrahim Raisi de desarrollar las relaciones con sus vecinos, que ha comenzado a dar importantes frutos.

Los grandes perdedores de esta nueva realidad son EEUU y el régimen israelí, que han estado tratando durante décadas de fomentar los conflictos y divisiones en Oriente Medio y el Golfo Pérsico con la intención de mantener debilitados a los países árabes y musulmanes de la zona y promover, en la medida de lo posible, su ocupación y división, ya sea directamente, como hizo EEUU en 2003 en Iraq y está realizando actualmente en Siria, o mediante el apoyo a grupos terroristas. El objetivo último de esta estrategia es sentar las bases para la hegemonía del régimen israelí en la zona y la normalización de los países árabes con este régimen, en un intento de acabar con la causa palestina y condenar a los palestinos a vivir permanentemente bajo la ocupación o sufrir la expulsión de sus tierras.

EEUU ha tratado de usar repetidamente el espantapájaros de la “amenaza iraní” para mantener tropas en la región del Golfo Pérsico y controlar la política exterior y de defensa de los países de la región. Otro objetivo es bloquear los vínculos entre estos últimos y Rusia y China.

Los conflictos en Oriente Medio y en la región del Golfo Pérsico estaban también dirigidos a crear un cinturón de desestabilización alrededor de la heartland del continente euroasiático, es decir Rusia y China. Las potencias anglosajonas saben que si Rusia y China se fortalecen y mantienen su influencia sobre la mayor parte del continente euroasiático su dominio global será imposible. Por eso están actualmente intentando crear un cinturón de contención de China en el Este de Asia con países como Australia, Japón o Corea del Sur.

Otro de los aspectos de esta política es sembrar la división confesional entre musulmanes chiíes y sunníes para intentar dividir a los musulmanes y desdibujar el ejemplo de Irán, mayoritariamente chií y centro de la resistencia, a los ojos de los sunníes. En esta estrategia jugó un importante papel el wahabismo, una doctrina rigorista que ha sido oficial en Arabia Saudí y es la ideología de los grupos terroristas takfiris, como el Daesh y Al-Qaida, que han dedicado gran parte de su actividad criminal en lanzar ataques contra colectivos y centros chiíes en numerosos países.

Al mismo tiempo, EEUU e “Israel” buscaron crear una “coalición árabe-israelí” contra Irán, el primer paso de la cual sería la creación de un sistema integrado de defensa aérea en la región, bajo el control israelo-estadounidense.

Fracasos de EEUU e “Israel”

Toda esta estrategia se ha saldado con varios fracasos. El plan de esta última coalición se vino abajo en julio de 2022, cuando un alto funcionario de la administración de EEUU dijo que “aún no existía un marco” para un sistema integrado de defensa aérea en el Golfo Pérsico. El presidente estadounidense, Joe Biden, planteó el tema a principios de ese mes durante un viaje a Arabia Saudí, donde participó en una cumbre con líderes de nueve estados árabes en Yeddah, pero se fue sin recibir ningún apoyo público de estos para una alianza de seguridad contra Irán. Ciertamente, cabe pensar que los países árabes del Golfo Pérsico aprendieron la lección de Ucrania y no quisieron ser carne de cañón en un conflicto contra Irán para beneficio de estadounidenses e israelíes.

El régimen israelí alentó la visita de Biden a Yeddah, esperando en vano que fomentara la normalización de relaciones entre Arabia Saudí e “Israel” como parte de un acercamiento árabe más amplio, pero Riad no ha mostrado señales de querer proceder a tal normalización. Los Emiratos Árabes Unidos, aunque han procedido a una normalización con el régimen israelí, también han señalado que no quieren participar en una alianza anti-iraní.

El Mundial de Fútbol de Qatar fue también una ocasión significativa, en la que los pueblos de los países árabes mostraron su rechazo a la normalización con un régimen que comete numerosos y diarios crímenes contra sus hermanos palestinos. Las protestas anti-israelíes en los países que han normalizado sus relaciones con “Israel”, como Marruecos, Egipto o Jordania, sugieren que tal normalización es, sobre todo, algo formal, que no tiene influencia y calado en tales sociedades.

La guerra de Ucrania fue otro golpe duro para el gobierno de EEUU en sus relaciones con el mundo árabe y con los países del Golfo Pérsico en particular. Ni uno solo de los países árabes apoyó las sanciones occidentales contra Rusia y Arabia Saudí fue aún más lejos al suscribir un acuerdo con Rusia, en el marco del grupo de la OPEP+, para reducir la producción de petróleo y mantener los precios, justo lo contrario de lo que Biden había pedido a Riad que hiciera. Otros países como Emiratos Árabes Unidos también ha dado un impulso a sus vínculos con Rusia.

Lo mismo cabe decir de China. El presidente Xi Jinping visitó Riad en diciembre de 2022 y ambas partes acordaron dar un impulso a sus relaciones y hablaron incluso del uso del yuan chino en su comercio bilateral.

Al mismo tiempo, el príncipe heredero y hombre fuerte de Arabia Saudí, Mohammed Bin Salman, está dando un giro a la política del reino en el tema religioso, alejándose del wahabismo y encarcelando a varios de figuras prominentes de esta corriente. Bin Salman parece ir en la dirección de liberalizar algunas costumbres del reino y distanciarse de una corriente extremista que ha dañado la imagen del país durante décadas. Esto ha debilitado también la estrategia de dividir el islam en torno a líneas dogmáticas con fines políticos.

Finalmente, hay que resaltar el éxito importante de China a nivel diplomático en el logro del acuerdo entre Irán y Arabia Saudí. Esto demuestra, por un lado, el fracaso de los intentos de EEUU de contener y aislar a China. También ha puesto de manifiesto que Pekín puede utilizar su poder y su influencia para lograr acercamientos entre países, algo impensable en el caso de EEUU, cuya política está basada únicamente en la defensa de sus propios intereses, el fomento de conflictos y divisiones entre países y el control de la política de los estados por medio de la fuerza, la injerencia en sus asuntos internos y la intimidación, cuando no en abiertos actos de terrorismo como la voladura de los gasoductos Nord Stream entre Rusia y Alemania.

En resumen, el restablecimiento de relaciones significará una nueva etapa de estabilidad y distensión en la región del Golfo Pérsico, que podría convertirse rápidamente en una era de cooperación si, como se ha declarado, ambos países muestran su disposición a restaurar su acuerdo de cooperación en seguridad firmado en abril de 2001 y otro alcanzado en mayo de 1998 para impulsar la cooperación económica, comercial, de inversión, técnica, científica, cultural, deportiva y de juventud. Esto tendrá también un efecto más general en el mundo musulmán, donde ya se están dando otros pasos positivos como la restauración de relaciones entre varios países con Siria, incluyendo Turquía, en un proceso que está yendo adelante a pesar del rechazo y los obstáculos de Washington.

Fuente:
Al Manar

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