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07/08/21
07/08/1819 | Batalla de Boyacá
Por Fernando Bossi Rojas

Con alegría y vítores, las tropas revolucionaras festejaron la escasa ración de carne y plátanos recibida. Lo poco parecía mucho, frente a los enormes padecimientos experimentados.

Los republicanos habían atravesado ríos, caños, arroyos y la sabana inundada. Nada los pudo detener, ni las torrenciales lluvias, ni las mordeduras de las pirañas y serpientes que entorpecían constantemente el paso, nada.

Esos patriotas habían marchado, casi constantemente dentro del agua durante largos y penosos días y aún faltaba lo peor.

Aquella travesía había sido sólo el comienzo, el ejército todavía debía enfrentarse con el cruce de los Andes y, como si esto fuera poco, había que realizar el paso del Páramo de Pisba.

Una vez más, la abnegación de los patriotas fue mayor que la adversidad. La altura y el frío de la cordillera, la soledad y el espanto del Páramo, también quedaron atrás: el ejército de liberación, ahora sí, se preparaba para dar la batalla decisiva al colonialismo español que sometía la Nueva Granada.

Las victorias de Gámeza y Pantano de Vargas fueron el preámbulo de Boyacá. Rondón, Infante, Carvajal y Rooke, los héroes de estas jornadas; Anzoátegui y Soublette, los generales; Simón Bolívar, el conductor.

El general de las tropas colonialistas, José María Barreiro, militar bastante soberbio y temerario, al darse cuenta que la batalla estaba perdida, intentó huir junto con uno de sus ayudantes. Para su mala suerte, fueron detectados por dos niños, ya soldados, de entre 11 y 14 años de edad, que se encargaban de cuidar los caballos de El Libertador. Uno se llamaba Pedro Pascasio Martínez al otro le decían simplemente el Negro José.

Empuñando lanza y rifle persiguieron al jefe español y a su acompañante, y los detuvieron. Barreiro intentó sobornarlos con monedas de oro; a lo que Pedro contestó: “Marche, si no quiere que le enristre nuevamente mi lanza”, el niño ya había herido en el cuello al general realista.

Cuando Bolívar se enteró de que Pedro Pascasio y su amigo habían capturado a Barreiro los ascendió a Sargento, sin dudarlo. Los niños no solo habían demostrado valentía y decisión, sino también honestidad ante el intento de soborno.

Ejemplo de patriotismo, sacrificio y también de honradez y honestidad fue la gesta de liberación de la Nueva Granada, culminada gloriosamente en Boyacá el 7 de agosto de 1819. Colombianos y venezolanos estuvieron unidos contra el enemigo común y por la liberación nacional. Unidad, honestidad y patriotismo es la enseñanza de ese glorioso 7 de agosto.

Fuente:
Portal Alba

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