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02/10/26

Temas: Historia

Regiones: Nicaragua

Benjamín Zeledón

Por Fernando Bossi Rojas

El coronel norteamericano, Joseph Henry Pendleton, desde su campamento,
había conminado a los rebeldes a la rendición. No entendía cómo podía ser
que 500 hombres con escaso armamento, siguieran resistiendo contra 2500
marines y 15 mil soldados del gobierno. No tardó mucho en llegar la
respuesta; el coronel leyó: "Yo haré con nuestras fuerzas la resistencia que
exige el caso y la dignidad de Nicaragua...". Al pié del texto iba firmaba:
General Benjamín Zeledón, Masaya, 2 de octubre de 1912.
En 1909, a partir de una conspiración orquestada por el Secretario de
Estado estadounidense, Phinlander Knox, y ejecutada por los jefes
conservadores Adolfo Díaz y Emiliano Chamorro, el presidente liberal José
Santos Zelaya fue derrocado. Observen este detalle: Knox, era abogado de
las empresas que explotaban las riquezas mineras de la Costa Atlántica
nicaragüense, y en cuanto a los nicaragüenses, uno también era
representante de empresas mineras y el otro pertenecía a una de las familias
más acaudaladas de Nicaragua, ambos peleles del gobierno estadounidense.
El doctor José Madriz sucedió a Zelaya, pero éste no era el candidato de la
Casa Blanca, entonces un nuevo levantamiento terminó con la presidencia
de Madriz y asumió el gobierno Adolfo Díaz, el hombre preferido por los
yanquis.
Pero la sumisión de Díaz a los norteamericanos fue tan escandalosa que su
Ministro de Guerra, el general Luis Mena, se levantó en armas. El
gobernante entonces no dudó un minuto y solicitó la intervención
norteamericana. Los marines invadieron Nicaragua inmediatamente.
Zeledón, había sido funcionario de Madriz y estaba exilado, regresando
para defender la soberanía nacional al enterarse de la invasión. “Queremos,
por sobre todas las cosas, que la Soberanía Nacional simbolizada por
nuestra bandera azul y blanco sea efectiva y no la batan vientos
intervencionistas", decía.
El 4 de octubre de 1912, Zeledón murió heroicamente combatiendo al
invasor imperialista. Su cadáver fue trasladado en una carreta y pasó por el
pueblo de Niquinohomo. Entre la multitud allí congregada, que veía pasar
los restos del héroe, se encontraba un muchacho de nombre Augusto
Sandino, quien ese día juró silenciosamente continuar la lucha comenzada
por Benjamín Zeledón.

Fuente: Portal Alba

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