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10/03/24
El feminismo lidera la resistencia al bloqueo estadounidense
Por Laura Franco

A partir de la Constitución de 1999, la Revolución Bolivariana mostró su programa progresivo en materia de Derechos Humanos de mujeres y niñas con un marco jurídico e institucional que va a desarrollarse de manera permanente y constante. Esta voluntad política tuvo su máxima expresión el 25 de octubre de 2008 cuando Hugo Chávez declaró el carácter feminista y antipatriarcal del proceso Bolivariano.

Sin embargo, a partir de la imposición de un conjunto de Medidas Coercitivas Unilaterales (MCU) se ha producido un proceso de desmejora en las condiciones y calidad de vida de la población. De lo estratégico a lo básico, es una ruta que sintetiza este impacto, después de un camino de conquistas progresistas que ubicaron nuestra agenda feminista en los aspectos más estratégicos.

La precarización de las condiciones de vida de la población venezolana nos ha forzado a retornar a una lucha por derechos básicos (como alimentos, medicinas, gas doméstico) que ya habíamos conquistado y que están siendo vulnerados por el bloqueo criminal, siendo claro el objetivo central de esta guerra de desmoralizar y desmovilizar a las mujeres como vanguardia política y principal base social de la Revolución Bolivariana.

Entre las áreas de mayor afección para las mujeres provocadas por las MCU destaca, por ejemplo, el derecho a la salud. Las MCU incluyen la persecución al gobierno venezolano cuando intenta comprar medicamentos y alimentos, e implican a terceros que hacen transacciones con el país.

En este aspecto, tales mecanismos ponen en riesgo las garantías sobre el derecho a la salud, ya que limitan el acceso a servicios, medicamentos, tratamientos especializados para enfermedades crónicas, impactando sobre la vulnerabilidad de algunos sectores, como por ejemplo, las mujeres con algún tipo de discapacidad, que se enfrentan a limitaciones y barreras adicionales.

En el caso de los Derechos Sexuales y los Derechos Reproductivos, la falta de autonomía sobre la sexualidad, impacta sobre la salud integral y ubica a las mujeres en una situación de vulnerabilidad, al limitar la prevención y la planificación familiar. Así, fenómenos complejos como los embarazos en adolescentes, infecciones de transmisión sexual y la mortalidad materna, se constituyen en daños colaterales del criminal bloqueo.

Si bien las sociedades latinoamericanas son profundamente machistas, la guerra psicológica, la presión, la incertidumbre y la frustración generada por las condiciones materiales precarias contribuyen a naturalizar aún más distintas formas de violencia y a afianzar un modelo de masculinidad autoritaria y patriarcal que “desahoga” las presiones generadas por el contexto, con las mujeres.

De igual manera el bloqueo económico contribuye con el incremento desproporcionado de las labores de cuidado y de trabajo no remunerado, que han afianzado la división sexual del trabajo, expresadas en largas colas para acceder a comprar alimentos, medicinas, gas, agua y productos de primera necesidad.

En otro orden las condiciones económicas materiales a las que las MCU someten al país, han sido detonante de la alta tasa de movilidad humana por razones económicas registrada en los últimos años, siendo la trata de mujeres, niñas y niños, un fenómeno conexo que se ha exacerbado, producto de las condiciones de vulnerabilidad a las que se somete a nuestra población. A ese fenómeno se suman los femicidios registrados de migrantes venezolanas en los países receptores, donde deben enfrentarse a estigmas de todo tipo, entre las cuales destaca la xenofobia y la discriminación, una consecuencia más de este desproporcionado ataque contra Venezuela.

Los principales heridas de esta guerra, han estado centradas es reabrir las brechas de desigualdad que había cerrado Venezuela con la redistribución de la riqueza, y a partir de allí generar condiciones para un cambio de régimen que les permita poner las manos a los países del norte global, sobre los recursos naturales en nuestro país.

Estos elementos dan cuenta de la comisión del delito de lesa humanidad perpetrado contra el pueblo venezolano, de conformidad con lo establecido en el artículo 7 literal K, del Estatuto de la Corte Penal Internacional, que los define como diferentes tipos de actos inhumanos graves que reúnen dos requisitos: “la comisión como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil, y con conocimiento de dicho ataque”.

Los derechos reconocidos por la revolución bolivariana se encuentran en riesgo, esta guerra tiene en el centro de la agresión a la mujer venezolana, porque son la vanguardia política de este proceso, y sobre ello operan todos los mecanismos psicológicos, mediáticos, simbólicos, económicos y materiales de la guerra híbrida contra Venezuela.

A pesar de ello, las mujeres estamos en la primera línea de batalla y resistencia, y asumimos como prioritaria la lucha por la soberanía sobre el territorio que ocupamos como nación libre y soberana, y exigimos que cese el bloqueo criminal, para que continúe la ruta de ascenso y de consolidación de derechos que se venían alcanzando hasta la aplicación de las írritas medidas unilaterales que hoy son fuente de vulneración de los derechos humanos en nuestro país.

Nuestra mayor fortaleza, es la tradición heredada de los feminismos latinoamericanos que lejos de la concepción liberal individual, tienen su centralidad en la comunidad, el bien común y en los derechos colectivos, haciendo del feminismo popular venezolano la principal base social de apoyo a la Revolución. Las mujeres venezolanas lideran y resisten la agresión imperial y colonial que se nos impone, que es también profundamente patriarcal.

El ataque generalizado y sistemático que se viene perpetrando contra la población civil en nuestro país, tiene como marco el proyecto imperialista de recolonización de nuestro continente, que contempla entre sus elementos centrales, el retroceso conservador de las conquistas alcanzadas por los pueblos latinoamericanos.

Sin embargo emerge la solidaridad de los pueblos con Venezuela, especialmente de nuestras hermanas feministas populares con la que compartimos horizontes de lucha. Lo inusual y extraordinario en Venezuela, es el mal ejemplo que ha significado el modelo de inclusión social de la Revolución Bolivariana para los pueblos del mundo. Lo inusual y extraordinario en Venezuela es el pueblo organizado que ha decidido ser libre, y en su seno, las mujeres a la vanguardia.

Fuente:
Nodal

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