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05/05/24
Regiones: Palestina
Los crímenes abominables de la sociedad israelí
Por Pablo Jofre Leal

El autor sostiene en su artículo «que la sociedad de la entidad nacionalsionista israelí, es mayoritariamente también responsable de los crímenes de guerra y lesa humanidad, ¿que se han concretado desde el año 1948 hasta ahora?

“Israel”, su casta política y militar – con el apoyo mayoritario de la sociedad israelí- ha declarado la guerra a la humanidad, a aquella parte de los seres humanos que consideramos que la ocupación, la colonización y el exterminio de miles de hombres, mujeres –entre ellos miles de niños– palestinos es un crimen abominable, que entra en la categoría de crímenes de lesa humanidad y por tanto sujeto a la persecución, sin que estos puedan prescribir.

¿Por qué sostengo que la sociedad de la entidad nacionalsionista israelí, es mayoritariamente también responsable de los crímenes de guerra y lesa humanidad, que se han concretado desde el año 1948 hasta ahora por los regímenes nacionalsionistas que gobiernan este engendro internacional surgido el 14 de mayo de 1948? Principalmente porque los millones de colonos de origen extranjero que ocupan hoy la palestina histórica, aquella arrebatada a su pueblo a partir de lo que se conoce como la Al Nakba – catástrofe en árabe – han sido partícipes de la consolidación de un régimen dotado de una ideología racista, segregacionista que fue claramente definida por la propia Asamblea General de las Naciones Unidas en la resolución N° 3379 del 10 de noviembre de 1975 (1) al declarar que el sionismo es “una forma de racismo y discriminación racial y por tanto se hace un llamado a su eliminación”.

Una sociedad que ha elegido como conductores políticos a personajes que deberían ser perseguidos por las leyes internacionales, acusados de crímenes de guerra y de lesa humanidad, genocidas, partícipes de una política de solución final al estilo del Tercer Reich, en este caso contra el pueblo palestino. Hombres, mujeres y niños exterminados en virtud de una política creada, concebida y aplicada en función de una ideología racista, genocidas y que ha sido apoyada desde el momento mismo de su nacimiento el año 1948 por las potencias occidentales que a su vez utilizan al régimen israelí como testaferro, como instrumento de desestabilización para el conjunto de Asia Occidental e incluso extendiendo el ámbito de influencia a otras regiones como es el caso de un sionismo que apoya al régimen monárquico de Marruecos. Ocupante y colonizador de los territorios del pueblo saharaui en el Sáhara occidental, desde el año 1975 a la fecha, con avales que se repiten: Estados unidos, Francia, España y una Organización de las Naciones Unidas (ONU) incapaz de hacer valer los mínimos derechos del pueblo saharaui y que en el caso palestino replica tan nefasto comportamiento.

Como complemento de lo señalado recordemos que, el muro que separa los territorios ocupados del pueblo saharaui de aquellos liberados, con una longitud de dos mil 700 kilómetros fue construido gracias a dineros sauditas y tecnología de seguridad, vigilancia y militar del régimen nacionalsionista israelí.

Volvamos a la mencionada resolución N° 3379 y como esta daba cuenta a su vez la resolución 1904 (XVIII) de 20 de noviembre de 1963, en la que se proclamó la Declaración de las Naciones Unidas sobre la eliminación de todas las formas de discriminación racial, y en particular su afirmación de que “toda doctrina de diferenciación o superioridad racial es científicamente falsa, moralmente condenable, socialmente injusta y peligrosa”. Se fundamenta también el llamado a eliminar esta ideología perversa, mencionando la resolución 3151 G (XXVIII) de 14 de diciembre de 1973, donde la Asamblea General de la ONU condenó entre otras cosas la alianza impía entre el racismo sudafricano y el sionismo. Tomando nota, igualmente, de la denominada Declaración de México (2) sobre la igualdad de la mujer y su contribución al desarrollo y la paz, proclamada por la Conferencia Mundial del Año Internacional de la Mujer celebrada en México, en julio de 1975 en la que se promulgó el principio de que “la paz y la cooperación internacionales exigen el logro de la liberación nacional y la independencia, la eliminación del colonialismo y del neocolonialismo, de la ocupación extranjera, del sionismo, del apartheid y de la discriminación racial en todas sus formas, así como el reconocimiento de la dignidad de los pueblos y su derecho a la libre determinación”

Para aún más sustento a la necesidad de tener presente que el sionismo no es una visión de mundo que permita pensar en el desarrollo armónico y pacífico de los países, sumemos, igualmente, la resolución 77 (XII), aprobada por la Asamblea de Jefes de Estado y de Gobierno de la Organización de la Unidad Africana en su 12º período ordinario de sesiones (3) celebrado en Kampala en julio de 1975, en la que se consideró “que el régimen racista en Palestina ocupada y los regímenes racistas en Zimbabwe y en Sudáfrica tienen un origen imperialista común, constituyen un todo, presentan la misma estructura racista y están orgánicamente vinculados en su política destinada a la represión de la dignidad y la integridad del ser humano”.

Y, en forma aún más clara respecto a la amenaza que constituye –y lo es plenamente hoy – el sionismo, se tomó nota para fundamentar la mencionada resolución 3379, de la Declaración política y Estrategia para fortalecer la paz y la seguridad internacionales y reforzar la solidaridad y ayuda mutua de los países no alineados, aprobada en la Conferencia de Ministros de Relaciones Exteriores de los Países no Alineados (4) celebrada en Lima del 25 al 30 de agosto de 1975, en la que se condenó de la manera más severa al sionismo como una amenaza a la paz y la seguridad mundiales y se exhortó a todos los países a que se opusieran a esa ideología racista e imperialista.

Ninguno de aquellos basamentos de visiones, opiniones y definiciones respecto al sionismo, han cambiado un ápice, y constituyen en forma incontrarrestable al sustento ideológico de una sociedad como la israelí convertida en victimaria del pueblo palestino. Todo ello bajo el liderazgo de su casta política y militar que actúa como testaferro de los poderes de potencias occidentales lideradas por Washington. Peligro que se amplía a los pueblos de Líbano, Siria, Yemen, Irak y los ataques permanentes contra la República Islámica de Irán.

Este marco condenatorio contra el nacionalsionismo israelí ha cobrado plena vigencia a partir del 7 de octubre del año 2023, tras la legítima operación militar de la resistencia palestina –Diluvio de Al Aqsa- que volvió a visibilizar los derechos del ocupado. La necesidad de tener presente que millones de seres humanos están sometidos al arbitrio y los crímenes de un régimen, que con toda propiedad podemos denominar una entidad neonazi. Desde ese 7 de octubre no comenzó una guerra que la prensa occidental ha denominado “guerra contra Hamas” “guerra contra Gaza” se trata, claramente de la continuación de un proceso de ocupación, colonización y exterminio que tiene ya 76 años desde que surgió al mundo una entidad que denominaron “Israel”. Un nuevo hito de crímenes como han ocurrido durante más de siete décadas y que en estos siete meses suman 35 mil asesinados entre ellos 15 mil niños, sindicados por la perversidad israelí, sean estos civiles o militares, como “miembros de Hamas a los cuales hay que exterminar”.

Para la sociedad israelí todo palestino mayor de cuatro años, y toda mujer son blancos de las bombas, misiles, el fosforo blanco, los bombardeos con drones y desde barcos ubicados en la costa gazetí. Estos crímenes no son la cacareada autodefensa israelí, porque no existe autodefensa para aquel que ocupa un territorio que no le pertenece. Se trata de crímenes, de asesinatos, de la perversidad política de solución final.

Según el derecho internacional, “Israel” no cuenta con ese privilegio debido a que es un ente que ocupa ilegalmente el territorio palestino y en el que ha sido con numerosas resoluciones conminando a devolverlos, eliminar el muro de segregación, permitir el retorno de los refugiados, no establecer más asentamientos en Cisjordania, entre otras exigencias. Por tanto, esa idea falsaria de hablar de autodefensa resulta negado en virtud de un fallo consultivo de la Corte Internacional, expedido en 2004.

En letras anteriores (5) he sostenido el carácter trastornado y perverso de la sociedad israelí y de aquellos que la gobiernan. Para un mundo ingenuo en materia de seguir creyendo que las leyes son de obligatorio cumplimiento para todos, la política de exterminio del régimen israelí nos golpea con su brutalidad, con la bestialidad hecha política y sobre todo la impunidad de sus crímenes contra el pueblo palestino, que se incrementan día a día, unido a la destrucción de sus ciudades piedra sobre piedra.

El bombardeo de escuelas, universidades, hospitales, infraestructura básica que sólo en la Franja de Gaza , según palabras del Alto representante de la Unión Europea para su política exterior, Joseph Borrell “sufrió más destrucción que Alemania durante la segunda Guerra Mundial” aclaro, sigue sufriendo la destrucción a manos de los incesantes bombardeos y crímenes del ejército SS -soldados sionistas israelíes-.

Y en ese panorama que nos estremece no se vislumbra castigo alguno por esa violación permanente del derecho internacional. Y seguirá siendo así, mientras no seamos capaces de lograr la total eliminación de una ideología perversa y violatoria de los derechos humanos como es el sionismo y su política colonialista y criminal. Una realidad brutal para aquellos que la padecen a costa de muerte y destrucción; conceptos que suelen ir aparejados cuando se trata de la implementación de la solución final en versión sionista contra Palestina.

No es ficción cuando damos cuenta de la versión del siglo XXI del nacional sionismo. Una adaptación dolorosa del régimen nacional socialista del cual tanto rédito ha obtenido el sionismo internacional: creación de guetos, consolidación de bantustanes en Cisjordania, destrucción de pueblos y aldeas palestinas surcadas de muros, carreteras exclusivas para colonos y en el caso de Gaza, la política de solución final estilo nacional socialista. Una política de deshumanización e invisibilización de la sociedad palestina. Un régimen que además desestabiliza el conjunto de Asia Occidental ataca permanentemente al pueblo de Líbano cuyas granjas de Sheeba aún las ocupa el sionismo. Como también con Siria cuyos Altos del Golán, en un mayoritario porcentaje, está en manos del ocupante israelí. Sus ataques a Irak y con ello sus actos desestabilizadores contra la República Islámica de Irán.

Durante 76 años el régimen nacionalsionista con el aval y la complicidad económica, política, diplomática y militar de Washington junto a sus cervatillos de Francia, Gran Bretaña y Alemania, con la acción permanente de los lobbies sionistas en estos países ha desafiado y violado las leyes internacionales, los derechos humanos de la población palestina, agredir a países vecinos y cometer crímenes de lesa humanidad con total impunidad. Una realidad que hay que cambiar de raíz que signifique la eliminación de la ideología del violador que impone sus condiciones, sin que se concrete una política de sanciones, bloqueos, embargos y uso de los mecanismos establecidos, por ejemplo, en la Carta de las Naciones Unidas –en específico su capítulo VII– que permita finalmente poner freno a los crímenes del nacionalsionismo y con ello el logro de la autodeterminación de Palestina.

Fuente:
Almayadeen

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