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11/01/22
La oposición de Venezuela ganó el simbólico estado de Barinas: razones y consecuencias
Por Marco Teruggi

La oposición venezolana ganó el domingo la elección a gobernador en el estado Barinas. Su candidato, Sergio Garrido, de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), venció a Jorge Arreaza, excanciller y ministro de Industria y Producción Nacional. El primero alcanzó 55.37% del apoyo, contra 41.26% del segundo, más de 13 puntos de diferencia, en una elección de la cual participó el 52.23% del padrón. El tercero, Claudio Fermín, también parte de la oposición, obtuvo el 1.77% de los votos.

El resultado fue reconocido por Arreaza, quien, antes que el Consejo Nacional Electoral (CNE) emitiera el boletín oficial twitteó: “Barinas querida. La información que recibimos de nuestras estructuras del PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela), indican que, aunque aumentamos en votación, no hemos logrado el objetivo”. Garrido, por su parte, anunció su victoria desde su comando de campaña: “ganó Barinas, ganó Venezuela, ganó la Unidad”, afirmó, acompañado de diferentes dirigentes de la oposición.

La elección en estado llanero de palma y sol fue particularmente importante por varias razones. En primer lugar, se trató de la reedición de la contienda del 21 de noviembre, cuando, luego de que la oposición asomara como vencedora sobre el chavismo por un escaso margen, la Sala Electoral del Tribunal Supremo Justicia declaró que la elección debía repetirse. La razón esgrimida fue la inhabilitación del opositor Freddy Superlano desde el año 2019, una decisión que resultó cuestionada por la oposición, así como por algunas figuras públicas del chavismo.

La historia de los Chávez

La nueva fecha anunciada por el CNE estuvo luego acompañada por denuncias de la inhabilitación de otros candidatos opositores, como Aurora Silva de Superlano, esposa del expostulante, y el candidato del Partido Comunista de Venezuela, Aldemaro Sanoja. En ese contexto tuvo lugar la campaña para una elección en un estado de fuerte carga simbólica por ser el de nacimiento de Hugo Chávez, y por haber sido gobernado por el chavismo durante 23 años seguidos: primero por su padre, Hugo de los Reyes Chávez, luego por su hermano Adán Chávez -actualmente embajador en Cuba-, y finalmente por su otro hermano Argenis Chávez, quien renunció a su intención de ser gobernador luego de la derrota del 21 de noviembre.

Barinas, el pueblo de Sabaneta donde nació y se crío Hugo Chávez, es uno de los puntos fundacionales de la historia del chavismo, parte de su mitología, como, en términos de acontecimientos históricos lo es el caracazo del 27 de febrero de 1989 o el levantamiento del 4 de febrero de 1992 en el cual Chávez apareció en la escena pública. Pero Barinas es también un estado marcado por las numerosas dificultades materiales, de servicios gasolina, gas o luz -como gran parte del país-, así como por las críticas a las gestiones de los gobernadores, algo repetido y conocido desde varios años atrás. Una organización popular chavista, con trabajo en el estado, atribuyó, por ejemplo, la derrota a “una parte, no toda, de la dirigencia, que practica una forma de hacer política autocrática, distanciada de las bases, sin contenido ideológico, meramente asistencialista, que trata al pueblo como reservorio de dádivas”.

Esa situación de desgaste en Barinas fue reconocida implícitamente por Arreaza que levantó la antigua consigna de Chávez, “revisión, rectificación y reimpulso”, en el marco de una campaña que puso al expresidente en el centro, a diferencia de otras apuestas electorales del chavismo que, para el 21 de noviembre, optaron por dejar de lado, o poner en segundo plano, la simbología roja más tradicional. Arreaza apostó a un despliegue de elementos del chavismo, desde la música hasta la espada de Simón Bolívar. “Logramos reconectar con el sentimiento, logramos reconectar con el Chávez que llevamos dentro (…) hubo una desconexión, pero hemos logrado reconectar”, afirmó en una rueda de prensa el día lunes.

Arreaza señaló que se trató por un lado de una “derrota cuantitativa”, pero, por el otro, de una “victoria cualitativa de la revolución bolivariana en un escenario difícil y adverso”. La dimensión cuantitativa fue visible en la diferencia de Garrido y el crecimiento de votos: entre la elección del 21 de noviembre y la del domingo 9 de enero la MUD pasó de 103.809 votos a 172.693, un 66% más, mientras que el chavismo creció de 103.693 a 128.583 votos, es decir un 24% más. Garrido, oriundo de Barinas y militante de Acción Democrática en el sector de Henry Ramos Allup, no era, hasta entonces, un dirigente de gran fuerza o trayectoria reconocida nacionalmente.

El resultado abre diferentes puertas de interpretación y posibles cursos de acción política para cada lado. Por el lado del chavismo, la nueva derrota en Barinas confirma el escenario adverso en el estado de Chávez, que no logró ser revertido aún con un candidato de envergadura nacional y el gran despliegue de fuerzas y recursos. Una pregunta podría ser si ese cuadro es extensible a otros estados del país o no. Si bien visto en términos de mapa el chavismo tiene 19 de las 23 gobernaciones, en las alcaldías ganó en cambio 205 de 322, y, en términos de votos su tendencia es, como se vio en los últimos años, a una disminución. El chavismo, con un núcleo duro y en gran parte organizado, se encuentra ante la pregunta de cómo volver a crecer en un marco de fuerte desgaste político generalizado, donde la división de la oposición no le es, como se vio el domingo, una garantía de victoria.

¿Qué estrategia encarará la oposición?

Del lado de la oposición, el panorama sigue, a pesar de los festejos por Barinas, marcado por la fragmentación y la falta de certeza sobre las estrategias a seguir. El resultado del domingo fue utilizado, por ejemplo, para posicionar en redes sociales la idea del referéndum revocatorio presidencial, cuyo camino podría ser iniciado este año. Sin embargo, esa apuesta no aparece como compartida en las filas de una oposición que puede subdividirse en cerca de cuatro sectores, atravesada por disputas públicas dentro de algunos de ellos, con la figura Juan Guaidó que volvió a ser reconocido como “presidente interino” por Washington, pero que dentro del país se encuentra reducido a una virtualidad por momentos grotesca.

¿Buscará la oposición un proceso de unificación y acumulación de fuerza en el horizonte de las presidenciales del 2024? ¿Intentará antes el revocatorio? ¿Optará nuevamente por un atajo? Las preguntas, que tienen varias de sus respuestas en el departamento de Estado, ocurren en el marco de la que aparece como el freno a la caída económica que se mantuvo desde el 2014, un posible nuevo crecimiento del PIB, con una visible mayor circulación de dinero, dólares, consumo, zonas de opulencia en el este caraqueño, que conviven con las dificultades crónicas de falta de agua, luz, gasolina o gas en numerosas partes del país.   

Fuente:
Página12

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