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10/01/23
Regiones: Brasil
Una lectura geohistórica del Asalto al Palacio de Planalto en Brasilia
Por Juan Eduardo Romero

1. Hay que comenzar a señalar el hecho de como se ha venido orquestando una estrategia de neocolonización, a partir de iglesias con influencia calvinista y anglicana en Nuestra América. Ambas iglesias, han Sido clave en los movimientos supremacistas que han tenido epicentro tanto en EEUU como en otras partes de Europa. Eso no es nuevo. En el caso de la historia de EEUU se constituyeron en la base de los llamados «padres fundadores» y con ellos el sustento de superioridad étnica – religiosa, que permitió el casi total exterminio de las comunidades originales en el actual territorio de EEUU así como en los territorios despojados a México, en el siglo XIX. La comunidad wasp (white-anglosajon-protestante) ha venido sosteniendo la idea de una «misión de Dios», destinada a someter (por la fuerza ) a los pueblos «inferiores» (así los denominan sustantivamente) que no pertenecen a esa comunidad wasp. En la historia de EEUU, eso les sirvió para justificar la violencia sobre los afrodescendientes hasta bien entrada la 2da mitad del siglo XX y les ha servido, hasta el día de hoy, para seguir las tesis del Destino Manifiesto, que los asume con una misión de Dios cómo pueblo elegido.

2. El impulso de penetración de este tipo de neocolonialismo religioso, ha tenido uno de sus mayores focos de atención en el Brasil, impregnado por el supremacismo etnocéntrico europeo, que ha tratado con desprecio -y segregado social y culturalmente- a una sociedad multiétnica cómo es la brasileña, que además del elemento europeo (de origen portugués e inglés ) tiene además la impronta de los pueblos bantú, y el resto de identidades culturales «exportadas» inhumanamente desde el Continente Africano e implantadas (y esclavizados ) por los colonos europeos; hay que agregar también a la población de origen asiático venido a Brasil y que conforma una de las sociedades multiétnicas más complejas de Nuestra América. La penetración de este tipo de religiosidad, insistimos influida por el calvinismo y el anglicismo en el caso de Brasil, ha generado una muy fuerte comunidad religiosa (tanto en términos políticos como económicos ), que insisten en asimilar las ideas de superioridad étnica y económica.

3. La llegada al poder de Lula da Silva y Dilma, significó para esos sectores de la sociedad brasileña el «miedo a los excluidos». El choque es no solo en torno a la visión de la superioridad étnica-religiosa sostenida, sino un choque cultural. Es la idea de un Dios inclemente con cualquier otra forma de adoración. El antagonismo con la religiosidad yoruba (de origen africano) es más que evidente detrás de los gritos y la copia de la violencia al Capitolio de los EEUU. La religiosidad yoruba y sus derivaciones, son consideradas por esos grupos extremistas religiosos, con su planteamiento de superioridad de los grupos blanco-europeos, como una «aberración» que merece el ejercicio de una violencia inusual. Subyace en ellos el miedo al cambio de las relaciones de subordinación y sometimiento que han caracterizado la historia de Brasil y al mismo tiempo, el peligro del «populacho». Esto suena muy común al venezolano. Recordemos a los sectores pudientes, de clase opulenta entre 2002-2014 gritando y vociferando contra las «hordas chavistas» que iban a  «invadir» y arrasar sus urbanizaciones y conjuntos cerrados. Es el mismo «miedo a la revolución» de siempre. Es el miedo del opresor ante la acción insurrecta del oprimido, que se cansó de ser explotado.

4. Bolsonaro representa un fenómeno mundial: la nueva derecha que transmuta su lenguaje, pero que en el fondo sigue siendo excluyente, segregaria, etnocéntrica, violenta. Bolsonaro se asume como lo hizo Trump cuando ganó la Presidencia de EEUU. O como lo hace Le Pen en Francia, o como lo hizo Macri en Argentina con el PRO. No es un fenómeno aislado y debe ser visto con preocupación, incluso en nuestro territorio. El uso de la religiosidad como arma política no es nuevo, ni lo será. Si algo caracteriza los momentos de crisis, es el recurrir a la fé como impulso vital. Eso de por sí no es malo. Lo malo deriva, cuando esa religiosidad y esa fé se encuentra permeada, filtrada por elementos de fanatismo extremo, que ocultan o mimetizan posiciones de segregación o dominación simbólica.

5. El asalto a Planalto debe ser visto en el contexto geopolitico de un retroceso de la Derecha Internacional, que ha visto perder espacios desde 2018 para acá. Este nuevo ciclo de Progresismo, que si bien es interesante por lo que significa de retroceso de la derecha ultraconservadora, pero que ha redefinido sus símbolos y representaciones, siendo menos anti-capitalista y menos anti-imperialista que los representantes del 1er ciclo progresita (Chávez, Lula, los Kichner, Pepe Mujica, Evo Morales, Rafael Correa, Daniel Ortega). La nueva derecha viene reaccionando con violencia, veamos el fallido atentado contra Cristina Kirchner, veamos la defenestración de Pedro Castillo en Perú, veamos el Golpe a Evo Morales, veamos las reacciones contra la Reforma Electoral propuesta por AMLO en México. Veamos los intentos de desestabilización impulsados por EEUU a través de la antigua Asamblea Nacional en nuestro país. Todos tienen en común el llevarse a cabo contra gobierno más (o menos) progresistas. Esto debemos verlo dentro del marco que nuestro camarada Carlos Lanz denominó Rollerback (volver atrás). La búsqueda de volver al momento antes del «miedo a la revolución», recurriendo ahora -para el caso de Brasil- con el uso de la religiosidad extremista y segregacionista. Y no hay que descontextualizarlo del debate de la derecha internacional en EEUU, España, Francia, Alemania, Italia y por supuestos, sus manifestaciones en los epicentros de influencia en Nuestra América (Venezuela, México, Argentina, Brasil, Colombia, Chile).

6. El triunfo de Lula nos alegro, pero ya advertimos en el momento de su elección, que la naturaleza de su triunfo, ante Bolsonaro,nos preocupaba mucho. La huida de Bolsonaro demuestra que ese Estado Supremacista, pervive aunque esté él ausente. El asalto a Planalto muestra una estructura política, económica, policial y militar permeada por ese extremismo religioso, que asume como una «misión divina» la lucha contra las formas «herejes» religiosas,consideradas en forma de minusvalía, en términos de expresión cultural. Hay una visión socio-céntrica (de superioridad cultural) que subyace en las formas y enunciados de quienes irrumpieron en Planalto,que compromete -desde temprano- el futuro de la gobernabilidad de Lula y con ello, genera un sombra oscura sobre otros escenarios geopoliticos de Nuestra América. Las alarmas deben prenderse y pasar a organizar y fortalecer los movimientos populares y diversos en Nuestra América. El peligro es más que evidente de una reacción en cadena de esa derecha que ha mutado, que ha cambiado sus formas, pero mantiene su fondo de exclusión y dominación.

7. No creo en casualidades. La historia nos demuestra el valor del análisis comparado. Este año 2023 se inaugura con esta acción, en cuyo rastro está la mano de esa derecha extremista y fanática, que se conecta con otras en el mundo por su visión ortodoxa religiosa. Y se da precisamente en el marco del Bicentenario de la Formulación de la Doctrina Monroe y sus implicaciones. Doctrina que se sustentó es una perspectiva étnica, religiosa y económica, totalmente Supremacista. ¿ Coincidencia? Eso no existe en los procesos históricos. Seguiremos con mucha atencion lo que suceda con esta Derecha Internacional, que cuenta con recursos, medios de comunicación, actores y redes supracontinentales. 

Maracaibo 9 de enero de 2023.

Dr. Juan Eduardo Romero Jiménez 

Historiador/Politólogo 

Profesor Universitario

Diputado a la Asamblea Nacional

Fuente:
Portal Alba

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