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28/09/22
Temas: Soberanía
Regiones: Colombia
¿Cómo se van desarrollando las relaciones entre Petro y EEUU hasta ahora?
Por Misión Verdad

Muchos elementos estructurales de la relación entre Venezuela y Colombia se deterioraron desde que Caracas rompiera relaciones con Bogotá a inicios del 2019, la causa fue el apoyo del expresidente Iván Duque al antichavismo en su intento de cruzar desde territorio colombiano con supuestos camiones cargados de alimentos y medicinas, encubriendo un intento de golpe de Estado con apoyo de la extinta administración Trump.

Sin embargo, el gobierno de Biden ha moderado algunas posiciones contra Venezuela sin reducir, en esencia, el pulso injerencista y una eventual agenda de cambio de régimen.

Los gobiernos anteriores en Bogotá han acusado a Venezuela de albergar a «terroristas y criminales» colombianos, acusaciones que desde Caracas se han negado. Por su parte Venezuela ha detectado una migración de la actividad paramilitar originada en Colombia (resumida como grupos Tancol) al punto que se han mostrado pruebas de cómo desde aquel lado de la frontera se organizaron, al menos, un magnicidio frustrado y una invasión paramilitar denominada «Operación Gedeón».

Desde que inició su gestión, Duque cortó toda posibilidad de acuerdo con el gobierno venezolano. Eso se agravó cuando el mandatario colombiano decidió, a instancias de la administración Trump, no reconocer al presidente constitucional venezolano, Nicolás Maduro, como jefe de Estado. Además de la vorágine política, que ha derivado en declaraciones y acciones de injerencia por parte de actores del entramado corporativo que amalgama al uribismo, están los efectos en la economía.

Actualmente, el transporte de carga solo está permitido a través de un punto de cruce a lo largo de la frontera de 2 mil 219 kilómetros, que tiene decenas de pasos irregulares (trochas) y alberga el contrabando de combustible y alimentos, así como el tráfico de drogas. Esto ha derivado en desempleo, criminalidad e impacto negativo en varios indicadores sociales.

Es lo que ha heredado el recién electo presidente colombiano, Gustavo Petro, quien ha mantenido una relación fluida tanto con Venezuela como con Estados Unidos, algo que hasta ahora le ha permitido mantener un equilibrio dinámico con avances que han oxigenado la diplomacia colombiana al sacarla de la obediencia ciega, sin entrar en la confrontación total con Washington.

AVANZA LA COOPERACIÓN CON VENEZUELA

Desde su campaña electoral, Petro afirmó que reanudaría las relaciones con Venezuela subrayando la importancia de que esto suponga «el fin de la crisis humanitaria, que, quebrando derechos humanos, afectó a millones de personas». Algunos de los pasos concretos y perspectivas de reanudación de relaciones entre ambos países iniciaron cuando ambos gobiernos nombraron embajadores en Caracas y Bogotá, al tiempo que avanza la cooperación en varias áreas:

  • Apertura del paso del transporte de carga por la frontera a partir del 26 de septiembre. Con ello empezará una «gran integración en materia de carga, de transporte, de flujo y naturalmente están los seres humanos, los venezolanos que han llegado a territorio colombiano», ha dicho el ministro del Interior de Colombia, Alfonso Prada.
  • Se reanudarán los vuelos entre ambos países con el despliegue de dos aerolíneas que iniciarán las conexiones entre Bogotá y Caracas, según ha informado el Ministerio de Transportes de Colombia. La estatal venezolana Conviasa hará el primer vuelo charter que unirá Caracas y Bogotá; mientras que la colombiana Wingo hará el primer recorrido que conectará los aeropuertos internacionales El Dorado, en Bogotá, y el Simón Bolívar, que sirve a Caracas, el próximo 3 de octubre.
  • El gobierno de Colombia difundió una carta que Petro le envió a Maduro para solicitarle su participación en las negociaciones de paz con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), ante lo cual Maduro respondió que «Una vez más, como lo hizo el comandante Chávez en su tiempo, para garantizar los acuerdos de paz que luego se firmaron, y en los que me tocó participar como garante, una vez más, al presidente Gustavo Petro y a Colombia le decimos: Venezuela acepta el carácter de garante de las negociaciones», anunció.

Por otra parte, durante la campaña electoral se dijo que hay intención de que la estatal petrolera colombiana Ecopetrol le compre gas natural a PDVSA Gas y el suministro se haga a través del gasoducto Antonio Ricaurte que conecta a la costa oriental del lago de Maracaibo con Punta Ballenas (Guajira colombiana).

Esa infraestructura fue inaugurada por los presidentes Hugo Chávez y Álvaro Uribe en 2007 y, en un primer momento, fue Colombia la que proveyó el gas a Venezuela hasta 2015. A partir de ese año fue suspendido por parte de PDVSA debido a presuntos suministros irregulares que en promedio debían estar en 50 millones de pies cúbicos al día y solo se alcanzaron los 20 millones de pies cúbicos diarios.

WASHINGTON, ENTRE REACCIONES Y REACOMODOS

Luego de que Petro confirmara que sostuvo una conversación telefónica con Maduro y le solicitara activar a Venezuela como «país garante» para el restablecimiento de la mesa de negociaciones con el ELN, las reacciones desde Estados Unidos no se hicieron esperar.

Durante una audiencia sobre Venezuela realizada el pasado 15 de septiembre, a cargo de la Comisión de Relaciones Internacionales del Senado estadounidense, Brian Nichols, subsecretario de Estado para el Hemisferio Occidental, aseguró que el gobierno de Joe Biden valora la búsqueda de una «paz total» por parte de Petro, pero insistió en que espera que Colombia «siga buscando el restablecimiento de la democracia» en Venezuela. Agregó que la paz en el país depende del regreso del orden democrático en el otro lado de la frontera y que la presencia de miembros del ELN allí puede ser un obstáculo para ello.

Cabe destacar que la Oficina para el Control de Activos (Ofac, por su sigla en inglés), que forma parte del Departamento de Tesoro estadounidense, incluye al ELN como organización terrorista extranjera y como terrorista global especialmente designado.

Un actor usualmente antagónico al chavismo como el senador demócrata Bob Menéndez comentó: «La realidad es que lo que está garantizando Maduro en este momento es darle refugio al ELN, así que no entiendo esa postura como algo que sea positivo para Colombia». Otro patrocinante del cambio de régimen en Venezuela, el senador Marco Rubio, agregó:

«Sabíamos que teníamos una nueva administración en Colombia que iba a hacer un poco más de caso a lo que dice el régimen de Maduro. Es lamentable, pero bueno, es la decisión de un presidente electo de una nación soberana, que no debe afectar o tener impacto de ningún tipo sobre la política norteamericana con respecto a esos grupos terroristas».

Los republicanos como Rick Scott, senador de Florida, también le pidieron a Biden «no apoyar dictaduras latinoamericanas» agregando que «el presidente de Estados Unidos es el líder del mundo libre. Necesita empezar a actuar como tal. Nuestro hemisferio se está convirtiendo en un lugar más peligroso por culpa de la debilidad de Biden».

Tales posiciones implican presiones desde Washington hacia Bogotá que, hasta ahora, no parecieran ser determinantes de automatismos por parte de la administración Petro, pero al mantener una relación directa y constante con un gobierno de izquierda han establecido un cambio respecto a Trump. 

Abriendo el lente, ante el establecimiento de varios gobiernos nacionalistas o progresistas, el escenario que Washington enfrenta no precisa de confrontaciones en todos los casos sino de distintos niveles de acercamiento o alejamiento, según sea el caso. Es así como se evita mantener presiones mayores con un gobierno que siempre se muestra dispuesto a establecer nexos y no se ha planteado, por ejemplo, sacar las bases militares estadounidenses de su territorio.

En una reciente visita a Washington junto al ministro de Defensa, Iván Velásquez, el canciller colombiano Álvaro Leyva desestimó las críticas por parte de los senadores, congresistas y funcionarios del Departamento de Estado de Estados Unidos, sobre Venezuela y su papel como garante del proceso entre el gobierno de Colombia y el ELN diciendo que: «Algunos parlamentarios son ajenos, carecen de información porque nunca los he visto presentes en los diálogos que he tenido, entonces llegan versiones que los confunden, pero bienvenidas las observaciones».

Dejó claridad que Venezuela es un tema en el que Colombia no coincide con Estados Unidos y, ante las preguntas sobre su posición respecto a Venezuela y los derechos humanos, aseguró: «Yo no vengo a calificar nada distinto porque yo no soy la autoridad competente, yo he abrazado la defensa de los derechos humanos y naturalmente estoy en la defensa de la dignidad humana», diciendo que su misión es restablecer las relaciones y «adelantar todo lo que esté a su alcance», para que se abra la frontera y se viva pacíficamente.

Por otra parte, según Petro, Colombia ha «avanzado en algunos temas con Estados Unidos», así lo dijo en agosto pasado durante la visita de Rahul Gupta, director de la Oficina de Política de Control de Drogas de la Casa Blanca. Tras dicha cita, que sirvió para encontrarse con el fin de trazar ideas estableció que «propusimos cuatro puntos para cambiar la política de drogas», uno de ellos, el más estructural, fue la extradición.

Agregó que «narcotraficante que negocie con el Estado colombiano con beneficios jurídicos y se comprometa a dejar de ser definitivamente el narcotráfico, no se extradita a Estados Unidos».

Durante el acto de posesión del exministro Luis Gilberto Murillo como nuevo embajador de Colombia en Estados Unidos, declaró que conversó con la comandante del Comando Sur (Southcom) de Estados Unidos, la generala Laura J. Richardson respecto a temas de cooperación militar:

  • «La política que se llamó guerra contra las drogas, de tiempos de (Richard) Nixon para acá, ha fracasado. Y es nuestro deber ante los mismos Estados Unidos, pero también ante el mundo, no solo decirlo sino proponer alternativas».
  • “Le proponía a la general la construcción de una fuerza, que ya me dijo ella tenía un esbozo en Brasil, una Fuerza Militar con helicópteros, etcétera, pero destinada a apagar los fuegos de la selva amazónica, que es el principal problema de seguridad de la humanidad hoy. No es el narcotraficante tal o pascual, sino que es la gente que está quemando la selva y eso es punto de no retorno”.

Petro busca que una de las banderas de Colombia en temas internacionales sea la lucha contra la crisis climática y que ante la «quema de la selva amazónica», el mejor mensaje que pueden dar su país y Estados Unidos sea la «colaboración militar». Propuso que, esta fuerza con alcances militares, tenga el objetivo central de proteger el Amazonas de los incendios que se registran, cada vez con mayor frecuencia en esta zona del planeta. Esta situación, aseguró el presidente, representa un problema de seguridad que involucra a toda la humanidad.

De esta manera el mandatario colombiano ha ido generando algunos puntos críticos con el gobierno estadounidense en los que se requerirá debate y diálogo, a lo cual Washington mantendría flexibilidad hasta que toquen los intereses del Complejo Industrial Militar, que se ha visto beneficiado del extinto y fracasado Plan Colombia.

Por otra parte se abren ventanas de oportunidades para replantear el cómo abordar la complejidad del narcotráfico y en eso Venezuela saldría beneficiada debido a que los impactos negativos de esa actividad son tangibles.

El equilibrio dinámico que Petro busca mantener pareciera requerir mayor maduración de algunos temas para alcanzar su estabilidad, todo muy complejo.

Fuente:
Misión Verdad

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