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06/06/23
Temas: Soberanía
Regiones: Venezuela
La Democracia Bolivariana desafía a la Doctrina Monroe
Por Roy Daza

La agresión económica, política, cultural y diplomática de Estados Unidos contra la República Bolivariana de Venezuela solo puede ser explicada a partir de la comprensión del carácter imperialista de los centros de poder estadounidense, de un hecho incontrovertible, la necesidad que tiene la primera economía del mundo de controlar las ingentes reservas petroleras que tiene nuestro país, y de una realidad que no pueden esconder: la Democracia Bolivariana desafía, increpa, cuestiona, a la Doctrina Monroe.

Durante cien años, siendo mucho más precisos, desde 1917 a 2017, la relación entre Washington y Caracas estuvo marcada por un hecho históricamente constatable: Venezuela garantizó y garantiza el suministro de petróleo y gas que requiere la industria y el transporte de la que es, sin duda, la primera economía del mundo, esa realidad solo fue rota por la decisión de la élite imperial de destruir a la República y liquidar la experiencia genuinamente democrática de la Revolución Bolivariana.

Ciertamente, la relación entre la Venezuela exportadora de petróleo y los Estados Unidos como importador de crudo fue estable, y al mismo tiempo contradictoria. ¿Y no es eso una paradoja? Sí, efectivamente lo es. Sobre todo si entendemos que la contradicción no se circunscribe a la necesidad que tiene la economía estadounidense de petróleo, la relación es mucho más compleja, y radica en que el petróleo es un bien no producido y es propiedad de la nación venezolana, y ésta, por ser propietaria del recurso tiene el derecho inmanente de cobrar regalía e impuestos. La disputa, entonces, no es solo por el petróleo físico, o por los precios, sino por quien controla la renta petrolera.

El petróleo, analizado a partir de nuestra realidad, es una relación social, si nos atenemos a los principios básicos de la economía política.

Resulta obvio observar que de tal hecho objetivo se derivan otros problemas no menos complejos, como es la existencia misma de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, de la cual Venezuela no solo es fundadora, sino parte importante, y eso es –y cómo no decirlo- una contradicción que abarca al mercado capitalista globalizado, dado que las decisiones que se tomen o dejen de tomar en la OPEP influyen de manera determinante en la comercialización de un producto de interés estratégico para todos los países: el petróleo –y ahora el gas que pasa a tener una relevancia significativa.

En el mercado capitalista mundial hay una realidad que está en la génesis de los más agudos conflictos geopolíticos de este tiempo: las decisiones de la OPEP determinan, en alguna medida, la fijación de los precios del barril de petróleo, y algo que debe quedar muy claro: el asunto de los precios del petróleo y del gas es un problema político, con todas las contradicciones que ello implica.

Y el tema tiene, ahora también, otros alcances, no se trata solo de los acuerdos en la Organización, sino también, de la alianza que se denomina OPEP plus  que suma a casi todos los exportadores de crudo, entre ellos, a un productor de peso en el mercado: la Federación Rusa. Ello impacta la recomposición geopolítica a escala internacional, y en particular, en un momento en el que se desarrolla la guerra en Ucrania.

Venezuela ha estado, está y estará en las décadas por venir en el panorama mundial de la economía y la política.

Es obvio que el interés primario de Estados Unidos en Venezuela es el petróleo que está en el subsuelo, pero en las últimas tres décadas, está demostrado que no se trata solo de tener garantía sobre el suministro, que la ha tenido, sino que hay otros tres intereses geopolíticos, que se integran en la contradictoria relación entre Venezuela y Estados Unidos: la disputa por la renta petrolera, dada su importancia cuantitativa, y porque a partir del gobierno del Comandante Hugo Chávez, la renta petrolera sirvió der base material para dos grandes vertientes del proyecto bolivariano: 1) pagar la deuda social con el pueblo, y 2) la aplicación de una vigorosa política de solidaridad con los pueblos de América Latina y el Caribe.

Es decir, la élite imperialista estadounidense está interesada en la renta petrolera venezolana, para ello activa planes, conspiraciones, agresión sin límite, y si bien es cierto que en este momento la renta no es cuantitativamente significativa, por el bloqueo a la economía venezolana y en especial a la empresa estatal, Petróleos de Venezuela, cualquier analista sabe que si Venezuela rompe el bloqueo, se convierte en un potente exportador de crudo en poco tiempo.

La pugna de más de un siglo entre las transnacionales del petróleo y Venezuela tiene como puntos álgidos: los precios del barril, que se fijan a escala internacional; y la cuantía y la existencia misma de la tasa de la regalía y de los impuestos. Es por ello que se puede afirmar que el propósito del plan del imperialismo contra nuestro país, no es solo negociar petróleo, de hecho, tal proposición no tendría ningún problema; queda muy claro que el objetivo trazado por Washington es liquidar, de una vez por todas, toda la legislación en materia de hidrocarburos, es por ello que su ataque de fondo es a la soberanía nacional. No se puede soslayar que el primer objetivo histórico trazado por el Comandante Hugo Chávez, en 2012, es: preservar nuestra independencia como el bien más preciado,

La derogatoria de la Ley Orgánica de Hidrocarburos de noviembre de 2001, promulgada en el estado Táchira el 1° de enero de 2002 por el Presidente Hugo Chávez Frías, es el objetivo estratégico que se ha trazado la élite imperialista y las transnacionales petroleras, que son, a la vez, un poder económico y político global. Los imperialistas y sus lacayos vendepatria perdieron la batalla en 2002/03, analizaron las razones de su derrota y trazaron una nueva línea, un nuevo plan, que pusieron en marcha en 2017, es la “Doctrina Monroe” puesta en desarrollo en la realidad concreta de Venezuela, por una parte, y la espada de Simón Bolívar en las manos del pueblo, por la otra. 

Estas notas no pueden ser un recorrido de todas las aristas de la contradicción señalada, es claro que hay otros factores a tomar en cuenta, como es el hecho del desarrollo de la decisión de asfixiar a nuestra economía a partir del Decreto del Presidente Barack Obama del ocho de marzo de 2015 y su posterior desarrollo, que no es otra cosa que la aplicación de 730 medidas coercitivas unilaterales del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, y otras instituciones, es la demostración palmaria de la decisión que el Estado de Estados Unidos tomó: destruir a la República Bolivariana de Venezuela.

La estrategia multiforme de agresiones políticas, de bloqueo económico, de campañas mediáticas, y el accionar de todo el poder diplomático y político de la primera potencia militar del mundo para alcanzar la meta que se trazaron: derrocar el Gobierno del Presidente Nicolás Maduro.

Ahora bien, antes de pasar a otro aspecto que podemos considerar como de síntesis analítica, es preciso identificar las dimensiones de la contradicción objetiva entre la nación venezolana y el imperialismo:

– La posición que ocupa Venezuela en el mercado internacional de los hidrocarburos y su participación activa en la OPEP+, genera una contradicción con el poder imperial, y en su conjunto con la Agencia Internacional de Energía, suerte de contraparte de la OPEP, pero que tiene una carencia nada despreciable: al no reconocer los derechos de cada uno de los actores que juegan en el mercado petrolero -de suyo- global, no ha logrado erigirse como un  interlocutor válido, lo que indica que la élite imperial y las transnacionales de la energía, se deslindan, cada vez más, de lo que podría ser un espacio para administrar las contradicciones y buscar acuerdos.

– El bloqueo a las transacciones financieras, a la comercialización del petróleo y el gas, es un “crimen de lesa humanidad” contra el pueblo venezolano, que ha sufrido y resistido la agresión de Estados Unidos y de la Unión Europea.

– La indeclinable posición del Gobierno Bolivariano del Presidente Nicolás Maduro de luchar por la unión de las naciones latinoamericanas y caribeñas, que es un concepto constitucional en el caso venezolano, no es asumida por Estados Unidos como la oportunidad de encontrar nuevas fórmulas de relacionamiento, en vista de una situación geopolítica distinta, sino que por el contrario, Washington califica al proceso de integración como una amenaza a sus intereses, y a lo pautado en la “Doctrina Monroe”.

La radicalidad de la democracia bolivariana.

Y, la otra dimensión de la contradicción objetiva entre el poder imperial y la terca e indeclinable posición independentista de los descendientes de Simón Bolívar y Hugo Chávez, está referida al sistema político.

Es evidente que la existencia misma de un imperio es absolutamente todo lo contrario a la democracia, es claro que una nación que sojuzga a otra nación, ella misma, nunca, puede ser libre, porque la Libertad es un principio universal, una resultante histórica de las luchas de la humanidad toda por alcanzar mayores niveles de desarrollo del ser humano, que han tenido dos momentos síntesis que tomar en cuenta.

Chávez estudia a Bolívar en su esencia, entiende su tiempo y su trascendencia, Bolívar estudia a Miranda y su proyecto estatal continental, resumido en las Actas de París de 1799, Bolívar que bebió de la Ilustración, al lado de su maestro, paisano y tocayo, Simón Rodríguez, conoce a los clásicos de la Enciclopedia que precedió la turbulencia histórica de la Revolución Francesa, también supo de la obra de George Washington, el líder máximo de la epopeya, la  de Thomas Jefferson, de Benjamín Franklin, Robert Livinstong, Roger Shermann, redactores de la la Declaración de la Independencia de Estados Unidos, cuyo enunciado es el que sigue:

“Todos los hombres nacen iguales; el Creador lo ha dotado de ciertos derechos inalienables: el derecho a la vida, el derecho a la libertad y el derecho a lograr la felicidad”.

Declaración de la Independencia de Estados Unidos. 1776.-

Si reflexionamos sobre este documento, huelga decir, magno, por su contenido, y por la fecha, es decir, cuando no existía el principio de la soberanía popular ni de la igualdad, y todo el sistema político se fundamentaba en la “divinidad” de los reyes y emperadores, como principio de justicia y de dominación social.

¿Qué contradicción? ¿Qué tiene que ver esa Declaración pionera con la opresión de pueblos enteros, como es el caso de la historia de Estados Unidos? El problema no es la Declaración, que es un principio, el problema es que va en dirección opuesta a la que definió en 1823, James Monroe, cuando establece la estrategia de dominación imperial de lo que era en ese momento un Estado esclavista.

Ahora bien, rescatemos otro principio:

“Todos los hombres nacen y viven siendo libres y con igualdad de derechos”

Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, proclamada por la Revolución Francesa en 1791.

Cabe una sola interrogante: ¿por qué la Unión Europea no considera como seres libres a quienes vivimos en Venezuela, es que acaso no tenemos derechos? ¿Por qué?

Una parte de la respuesta no tiene que ver con la existencia de monarquías en el viejo continente, pues no, el problema es que la Unión Europea no es independiente, no tiene soberanía, está subordinada a la política exterior de Estados Unidos. ¿Será porque fue la independiente Haití la que puso en vigor los principios de la “Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano” en el mar Caribe, y derrotó al Ejército francés, al que podría suponerse hijo de la Ilustración francesa? ¿Les incomoda aún el hecho de que los barcos, las armas y la imprenta que trae Bolívar para liberar a su Patria, le fue otorgada por Alexandre Petión, líder máximo de los haitianos? O, lo más seguro: ¿están en desacuerdo con el Decreto de Bolívar libertando a los esclavos en Ocumare de la Costa?

– ¿Por qué razón el Rey de España, Felipe VI no se levantó de su asiento en la ceremonia de toma de posesión del Presidente Gustavo Petro, cuando pasó frente a los mandatarios la espada de Simón Bolívar?

– La respuesta es muy sencilla: esa espada derrotó a su Imperio.

Entonces, no es solo petróleo lo que buscan los imperialistas en esta tierra, es también volver a sojuzgarnos, volver a esclavizarnos, y es esa la quinta esencia de la “Doctrina Monroe”.

Y sumemos al análisis otro principio, de un republicano que luchó contra el esclavismo, y a pesar del magnicidio que acabó con su vida, su ideal libertario se cumplió.

En el mismo sitio en el que se libró la batalla de Gettysburg, entre el ejército de la Unión, y el ejército de la Confederación, que defendía el esclavismo de los estados del sur, en la cruenta guerra civil de Estados Unidos, el Presidente Abraham Lincoln, luchador incansable por la abolición de la esclavitud, dijo una breve frase en la que expresa: “democracia es gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Gettysburg, 19 de noviembre de 1863. La guerra civil entre 1861 y 1865 finalizó con la victoria de la Unión y la abolición de la esclavitud. Lincoln murió asesinado por los esclavistas siendo Presidente, mientras acudía a una obra de teatro.

¿Guarda alguna relación la “Doctrina Monroe” con el principio expuesto por Lincoln, según el cual, democracia es gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo?

El problema de la élite imperialista con el movimiento bolivariano revolucionario consiste en que la puesta en marcha de un nuevo modelo democrático, participativo y protagónico, que va a la raíz del concepto mismo de democracia, esbozado por Lincoln, pone de relieve que el sistema político norteamericano no tiene nada que ver con el principio esbozado por Abraham Lincoln.

La comparación entre la democracia bolivariana y la “plutocracia” estadounidense es una de las causas de la tensión política existente, entre Venezuela y Estados Unidos. ¿Quién puede dudarlo?

No se trata solo de un asunto conceptual, que ya es mucho decir, lo que pasa es que el sistema político norteamericano está flanqueado por varios fenómenos concomitantes:

1) Aunque la abolición de la esclavitud data de mediados del siglo XIX, cuando el norte industrial, netamente capitalista, vence a la confederación del sur, esclavista, la sociedad norteamericana arrastra, hasta hoy, con una cultura segregacionista, racista, que devela que no es cierto el “consenso social”, que tal “consenso” se remite a los factores de poder, más no al conjunto social. El que la segregación ya no esté en las leyes tiene una explicación: es un logro de la lucha de miles y miles de revolucionarios que levantaron la bandera de la igualdad, la misma que está consagrada en el acto fundacional de la Independencia el 4 de Julio de 1776.

Una figura histórica como la de Martin Luther King, sintetiza un pensamiento de gran trascendencia, y que tiene plena vigencia, no solo en Estados Unidos, sino en todo el mundo, sigue siendo un clamor, un llamado, una visión, en el acto del 23 de agosto de 1963, en el centro de Washington, el gran líder de la lucha por la libertad exclamó:

“Tengo un sueño, que mis cuatro hijos vivan un día en una nación en la que no sean juzgados por el color de su piel sino por la naturaleza de su carácter”.

En la mañana del 4 de abril de 1968 un grupo de racistas, pertenecientes al KKK, asesinaron al Doctor King. Había recibido el Premio Nobel de la Paz, se enfrentó con valentía a la guerra imperialista del Gobierno de los Estados Unidos contra los pueblos de Vietnam, Laos y Cambodia. Siempre se pronunció por la no violencia, tomando las enseñanzas del líder hindú Mahatma Gandhi.

– La base de la democracia es la igualdad de los seres humanos, de los ciudadanos, y no es lo que –aún hoy- existe en Estados Unidos.

2.- El exterminio de un número incalculable de comunidades indígenas y la reclusión de los que quedaron en resguardos, es la resultante de la apropiación de las tierras al oeste de esa nación. Un crimen de lesa humanidad, un genocidio según algunos estudios realizados.

– ¿Con qué moral pueden hablar de justicia los imperialistas?

3.- El expansionismo territorial del imperialismo norteamericano, fundamentado en la “Doctrina Monroe” es el origen de la guerra con México, que concluyó con un hecho: Estados Unidos le arrebató a México los territorios de lo que hoy es Texas, California, Nuevo México, Colorado, Arizona, Nevada y parte de Utha.

– Un país que sojuzga a otro no puede ser libre.

4.- Las invasiones militares norteamericanas en las naciones del Caribe son conocidas y bien fundamentadas, su injerencia en la Guerra de Independencia de los patriotas cubanos, liderados por José Martí, Antonio Maceo y Máximo Gómez convirtió a Cuba en una semicolonia hasta el 1° de enero de 1959, y aún mantiene como posesión colonial a Puerto Rico; así como también, la invasión a Guatemala en 1954 para acabar con el gobierno popular de Jacobo Arbenz; las tres invasiones a Haití; las siete invasiones a Nicaragua; la posesión por casi cien años del Canal de Panamá, hasta que la lucha del pueblo panameño, liderado  por Omar Torrijos, alcanzó la independencia de esa nación, que fue parte de la Gran Colombia; la invasión a República Dominicana en abril de 1965, y a la pequeña nación caribeña de Grenada en 1983.

– ¿De qué democracia hablan los norteamericanos? 

5.- En EE.UU. existen dos partidos: el Demócrata, y el Republicano, que constituyen un solo bloque político, la elección de sus representantes, senadores y del Presidente, se realizan con base a una elección de segundo grado, y además, con la participación expresa de las grandes corporaciones económicas, que son las que determinan cuales son los candidatos, por ser las que invierten los recursos para las campañas.

Fue Al Gore, quien primero denunció que la maquinaria de manipulación de los medios controlados por la élite gobernante, lo que hizo posible que la familia Bush le arrebatara la victoria electoral en los comicios del 2000, más recientemente, el líder de la corriente socialista en el Partido Demócrata, Bernie Sanders, denunció, una y mil veces, el empleo de los métodos plutocráticos para la escogencia de los candidatos, y el seis de enero de 2021, las huestes de Donald Trump asaltaron el Capitolio, reclamando que hubo fraude en las elecciones de 2020 que dieron ganador a Joe Biden.

-  El modelo electoral norteamericano es cuestionado desde adentro. Las tensiones internas están en pleno desarrollo.

6.- El desarrollo del capitalismo en Estados Unidos es de larga data, es en esa nación en la que se desarrolló un vigoroso movimiento obrero, hegemonizado por anarcosindicalistas y socialistas de las más diversas corrientes, las luchas por la jornada laboral de ocho horas, y otras reivindicaciones, fue protagonizada por una aguerrida clase obrera durante décadas, fechas cimeras como el 1° de mayo, y el 8 de marzo, dan cuenta de las heroicidad de las obreras y los obreros, y también del carácter reaccionario de la patronal y del Estado. El juicio a Sacco y Vanzetti es emblemático, así como también, la impronta neofascista aplicada en la sociedad norteamericana contra toda corriente que asumiera la política socialista.

Hay que decir, no obstante, que como respuesta a la crisis económica de 1929, se produjo un viraje en los Estados Unidos, era presidente Franklin D. Roosevelt, quien instaura el New Deal, modalidad del Estado de Bienestar, tesis política ahora vapuleada por los ideólogos de la ideología neoliberal.

7.- La condición de ser la primera economía del mundo, y la potencia militar más importante del planeta, es decir, la base material del imperialismo norteamericano, el hecho de ser el dólar la moneda de referencia en el comercio mundial, y el control de las principales instituciones financieras y económicas, dan como resultado que los centros imperialistas tienen el control de la economía de muchos países, la facultad de determinar medidas como el flujo de financiamiento, imponer planes, negocios, etc. El hecho de romper con los acuerdos de Bretton Woods es un tema clave para comprender el carácter del imperialismo y una de las causas de las tormentas por las que navega el barco de la economía globalizada.

– En la crisis multidimensional de la economía mundial tiene su génesis la quiebra del consenso de la política, y de las instituciones internacionales.

La radicalidad de la democracia bolivariana.

Más allá de las formulaciones teóricas, en el caso venezolano, comenzando por el contenido de su Constitución, se pueden destacar tres hechos históricos, en las que la democracia bolivariana ha mostrado su solidez, su amplio consenso, a pesar que las fuerzas conservadoras de la derecha siempre han querido borrarla del mapa político.

a) La convocatoria a referendo revocatorio en 2004, fue la fase final de un proceso de intensa disputa por el poder, que se desencadenó el 10 de diciembre de 2001, y concluyó el 15 de agosto de 2004, cuando el Presidente Chávez convirtió el referendo revocatorio en aprobatorio y el pueblo le propinó una derrota estratégica al plan imperialista.

b) En uno de los momentos de mayor confrontación política, cuando el Gobierno de Trump y sus aliados locales se lanzan a la ofensiva insurreccional contra el Gobierno del Presidente Maduro, 2017, la respuesta fue la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente, en la que la derecha no participó, pero su sola existencia dejó sin piso social a la ofensiva reaccionaria y fue el eje de la política de paz, que prevaleció por encima de la guerra que han querido imponernos.

c) La elección de la nueva Asamblea Nacional en diciembre de 2020, con la cual se alcanzó la estabilidad política de la nación, fue una respuesta masiva, concreta, directa, al plan de destrucción de la República que habían puesto en marcha desde los primeros días de abril de 2017.

– La Democracia Bolivariana demostró su fortaleza

Anota AlainTouraine: “la democracia sería una palabra muy pobre si no fuera definida por los campos de batalla en los que tantos hombres y mujeres combatieron por ella”.

El proceso político venezolano es el mejor ejemplo, y el “chavismo” como corriente política se fundamenta en la participación electoral, en el Diálogo Político, en la convergencia nacional e internacional de los esfuerzos por la paz. Aquí lo extraordinario se volvió cotidiano.

Nuestra democracia no solo ha adquirido su genuina legitimidad en las heroicas acciones de defensa, sino en su desarrollo práctico y teórico, con experiencias como los consejos comunales, y su agregación en las comunas, lo que irrita enormemente a la derecha que solo entiende a la democracia como un consenso entre los factores de poder, dejando por fuera al pueblo trabajador.

El fracaso histórico del modelo político que tuvo como base el Pacto de Punto Fijo, suscrito por los partidos AD, Copei y URD, se debe a que en ese acuerdo prevalecieron los intereses del imperio y de la oligarquía.

La respuesta a la quiebra política del “Puntofijismo” viene dada por Chávez desde el primer momento, en el Libro Azul, y en otros documentos, en el fértil proceso constituyente y en el texto constitucional de 1999, donde están los principios conceptuales de la democracia radical, y que se traducen en una nueva relación entre el Estado y la sociedad, que no se pone límites en lo estructural, sino que fluye, en medio de las fuertes tormentas que toda Revolución comporta, en ruta hacia el socialismo del siglo XXI.

Al mismo tiempo que se desarrollan las Comunas, en medio de la lucha intensa por preservar nuestra independencia, el Presidente Nicolás Maduro propone y pone en marcha los Consejos Productivos de Trabajadores, los CPT, pieza clave del aún germinal proceso de recuperación de la economía petrolera y de la no petrolera, pero que es la expresión de una idea convertida en fuerza social.

Las Comunas y los CPT son un camino inédito, inconcluso, contradictorio, y el horizonte de época de un proceso que ni calca ni copia, sin dejar de aprender de otras revoluciones, porque la nuestra tiene una particularidad que le es esencial: la unidad cívico – militar, demostrada en los momentos críticos y en el ejercicio cotidiano del Gobierno Bolivariano, que intenta nuevas formas de relacionamiento con el pueblo, empleando, por cierto, todas las nuevas posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías, y que es un proceso inédito, y que se fundamenta en que la revolución es producto de nuestros propios esfuerzos, de nuestra decisión de vencer.

Por estas razones la Democracia Bolivariana desafía a la Doctrina Monroe, y como dato final, veamos una frase fundacional del líder histórico de la Revolución, Hugo Chávez, con una enseñanza que no es posible soslayar:

“Al imperio no hay que subestimarlo, pero tampoco hay que temerle. Quien pretenda llevar adelante un proyecto de transformación, inevitablemente chocará con el imperio norteamericano”

Fuente:
Pueblo en Armas

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