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13/02/22
Temas: Socialismo
Regiones: Mundo
La ciencia del socialismo y el socialismo como ciencia. Retos y desafíos
Por Olga Pérez Soto

Los debates sobre los temas sociales nacionales y globales con­temporáneos, en nuestras realidades, se tornan muy complejos. Conviven al mismo tiempo, determinaciones de diversos paradigmas en el ámbito académi­co, político, gubernamental, institucional, militante, individual y co­lectivo. Es vital en el debate lograr un dialogo que permita avanzar en la interpretación esencial de los fenómenos, para llegar a propuestas estructuradas de trasformación.

Lo peor es cuando nos agotamos de manera estéril, dentro y fue­ra de cada uno de nuestros paradigmas, sin ni siquiera lograr colo­car nuestro razonamiento y el del “otro” en el lugar que corresponde dentro del reflejo de la realidad testaruda, que necesita de manera urgente ser trasformada. Este dilema discursivo, teórico, práctico y analítico no tiene al fi­nal su origen y causa en las competencias profesionales de ninguno de los que participamos, tiene sí, las diferentes expresiones de las conexiones entre ciencia, ideología y sociedad que implícita y explí­citamente, consciente o inocentemente cada cual suscribe.

Se trata de buscar lo más esencial a través de los procesos de co­nocimiento de la realidad y sus formas de movimiento para acercarnos a los contenidos de los problemas sociales, y así elaborar las posibles propuestas de transformación social desde la causa y no desde sus efectos. Para abordar los desafíos teóricos y prácticos del proceso de construcción del socialismo y el desarrollo de la ciencia que lo sustenta en el proceso de ruptura y superación como propuesta de desarrollo para subvertir la lógica del capital, este artículo comienza analizando el desarrollo del capitalismo neoliberal como proceso y proyecto; la importancia de la asimilación crítica de su matriz teórica, metodológica e ideológica para, a través del marxismo, avanzar y fundamentar la transformación social socialista .

Neoliberalismo como proyecto del capital

El desarrollo histórico del capitalismo exigió resultados prácti­cos con fines utilitarios que posibilitaran el creciente dominio del hombre sobre el medio a transformar. Esto determina el sentido práctico del desarrollo de las fuerzas productivas al servicio de la productivi­dad, la acumulación y el enriquecimiento. Los intereses del siste­ma atraen para sí los adelantos de la ciencia, la que él mismo ha contribuido a desarrollar, mediante las demandas que las nuevas relaciones sociales de producción y la nueva organización de la sociedad imponen al pensamiento científico.

Las exigencias del propio sistema capitalista, en su fase de desarrollo de la sociedad industrial, influyen directa e indirec­tamente en la construcción de los conceptos fundamentales del positivismo. Desde el siglo XIX los grandes éxitos científicos y sus vinculacio­nes con la tecnología y la producción, que la habían convertido de forma creciente en elementos fundamentales del desarrollo de las fuerzas productivas capitalistas, demandaban una legiti­mación epistemológica que trascendiera los simples enunciados de búsqueda de la verdad. Se acometió la tarea de legitimar sus reglas del juego científico en consonancia con la necesidad de su justificación ideológica. Se trataba de la institucionalización de la ciencia y de la conversión de científicos y filósofos en “funciona­rios” del Estado, para los cuales dejaba de interesar la perspectiva crítica y en su lugar, se asumirían las funciones de vigilancia sobre los usos legítimos del pensamiento científico. Del poder político y económico emanaban las nuevas demandas de vigilancia y con­trol, corrección y normalización del discurso científico, según las visiones dadas por las leyes naturales. Esta institucionalización de la ciencia sustituyó la ideología revolucionaria por un saber disciplinario, según las nuevas necesidades de la clase en el poder.

El positivismo asumió las funciones normalizadoras sobre la teoría, lo que implicó la construcción de normas epistemológi­cas que frenaran o descalificaran cualquier proyecto teórico alternativo. El positivis­mo desarrolla su gran relato legitimador de la ciencia donde se corrigen y legitiman todas las teorías pretendidamente científicas, según sus referentes “racionales”. Es una ciencia parcelada en especialidades e indiferente a la necesidad de integración de los saberes. Así lo fomentaron la insti­tución universitaria y las academias de ciencias, que bajo la protec­ción del Estado y con el apoyo de los grupos hegemónicos del capi­tal, sostienen y orientan la formación intelectual y el trabajo de los investigadores desde su proyección de ciencia neutral. Se impulsó un plan de educación científica con un sentido de reorganización social, de normalizar el orden social capitalista. La sociedad y el Estado son conceptualizados, según el modelo de la naturaleza de acuerdo con parámetros de control y dominio técnico. Se eliminó toda crítica abarcadora de lo existente, por lo que el pensamiento capituló hacia lo “dado”, afirmando el or­den existente. Se extendió la racionalidad científico-técnica ha­cia todos los ámbitos de la vida social. Esta razón científico-técnica solo realiza “juicios de hechos”, vela por la coherencia de los medios a los fines, pero sin valorar a los segundos, pues no realiza “juicios de valor”. Se limita a lograr predicciones que faciliten los controles técnicos, la técnica se transforma en tecnología y está en tecnocracia.

La globalización de la economía mundial aparece como la ex­pansión del capital como nunca antes a través de las fuerzas del mercado y la mercantilización de la vida. Supone que la so­ciedad olvide toda idea de orientar, dominar, controlar, dirigir las fuerzas económicas. La competencia se erige como ley suprema y el mercado alcanza una preponderancia absoluta. Todo lo que puede hacerse es adaptarse a la economía global y la sociedad se convierte en un sujeto pasivo.

En esencia la globalización es un proceso objetivo de adap­tación y ajuste del mecanismo económico del capitalismo con­temporáneo, a través de las cuales se desarrolla su esencia. Es una nueva etapa del desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción capitalistas como resultado del sistema de leyes económicas que desarrollan la forma de compe­tencia. La globalización económica reproduce a escala interna­cional la ley de la acumulación capitalista y profundiza la brecha entre subdesarrollados y desarrollados.

El proceso de globalización es el proceso objetivo de adapta­ción y ajuste del mecanismo económico capitalista a las exigen­cias de un nuevo nivel de internacionalización de las relaciones capitalistas de producción. Lo que se globaliza son las relaciones sociales de producción capitalistas globales como forma de de­sarrollo de las fuerzas productivas capitalistas globales.

El proceso de globalización expresa el proceso de la econo­mía mundial capitalista. La lógica del capital contiene no solo un aspecto económico, sino que también sintetiza las relaciones de la lógica política, institucional, militar, jurídica, medioambiental, etcétera, y que se retroalimentan entre ellas, teniendo como eje a la globalización económica. La secuencia internacional-transnacionalización-globalización es la expresión del desarrollo de la ley general de la acumu­lación capitalista en el plano internacional.

La globalización abarca un proceso y un proyecto: los proce­sos objetivos que se desarrollan en la base nacional, regional o mundial con el proceso de globalización impulsan un proyecto que sea capaz de estimular las tendencias favorables a aque­llos. La globalización —como proceso— requiere e impone la estrategia neoliberal como proyecto.

Este proyecto contiene una política económica para la ges­tión de la economía —lo que significa la adaptación y ajuste del mecanismo económico—, y supone también, un modelo espe­cífico de crecimiento para desarrollar el mecanismo de acu­mulación transnacional. El modelo neoliberal de gestión de la economía a corto plazo, ajusta de forma subordinada a su otra cara, el patrón periférico de acumulación, con nuevas formas de sujeción jerarquizadas y relaciones de interdependencias dependientes.

Globalización y neoliberalismo son consustanciales, resaltar distintos apellidos para la globali­zación no altera el carácter esencial de esta, ni significa que pierde su carácter neoliberal. Con frecuencia se tratan de contraponer distintas versiones de “globalización” (“solidaria”, “con rostro humano”, “otra globalización”) frente a globaliza­ción neoliberal, o argumentar que no se plantea una oposi­ción al proceso de globalización en general, sino solo al de globalización neoliberal en una utilización ambigua, cuando no confusa del concepto y del lenguaje, que en ocasiones pa­rece estar motivada por las necesidades de legitimación y de expresar que una reforma humanista de la globalización es factible.

El neoliberalismo concretado, ha sentado las bases no solo para un pensamiento único —y para no pensar—,  en política económica a nivel de gobiernos y en el estudio de la realidad en las universidades y centros de investigación. La profunda ofensiva en la colonización del pensamiento ha provocado que una parte de los científicos so­ciales, compartieran con ingenuo entusiasmo, sus limitaciones para la construcción del necesario marco de referencia desde la noción de totalidad, lo que impidió la comprensión de la globalización de manera integral.

Es también una producción social, una forma de producir sujetos humanos y órdenes sociales de un determinado tipo. Se trata no solo de la reestructuración de la economía en correspondencia con las exigencias del nuevo patrón de acumulación, sino también, la re­definición de la legitimidad política del discurso hegemónico de un modelo civilizatorio a partir de la negación de toda parcelación ver­ticalizada del conocimiento, y las propuestas que de él se deriven.

Todo análisis de la hegemonía y la contrahegemonía es funda­mental para referirse al contexto de las relaciones de poder desde el punto de vista de las actividades que resultan esenciales para la reproducción del sistema capitalista, cuyo control implica el mantenimiento del liderazgo económico a nivel internacional. La hege­monía es una construcción social que tiene en la coerción y en el consenso sus medios generales de acción. Está constituida por tres dimensiones principales: la económico-financiera, la ideocultural y la político-militar. Todas ellas oxigenan la relación trabajo-capital global.

Analizar el sistema capitalista y su proceso de globalización como un sistema de organización y dominación social, es un paso esencial para trascender los propios fundamentos epistemológicos y metodo­lógicos del pensamiento dominante. Toda parcelación del discurso desde ortodoxias fundamentalistas hace imposible por su incapaci­dad metodológica, la comprensión total del propio proceso de globali­zación. Los temas de la hegemonía y la contrahegemonía presuponen la inclusión de los aspectos cualitativos del conflicto de poder que subyace en las relaciones económicas internacionales capitalistas.

Marxismo como ideología para la transformación social socialista  

La ruptura con el concepto de desarrollo capitalista debe partir de instalar un tipo de desarrollo que contenga una definición de economía diferente a la perspectiva neoclásica. No puede ser que para hacer ruptura utilicemos el mismo concepto estrecho de asignación eficiente de recursos escasos, falta colocar en el centro de la ciencia económica al sujeto portador del proceso de transfor­mación social, al hombre como ser social. La ciencia económica, como ciencia social no neutral, es la ciencia que distribuye y asigna eficientemente recursos escasos en fun­ción del desarrollo del hombre en armonía con la natura­leza, y procurando un tipo de crecimiento que garantice la transformación estructural con nuevas relaciones sociales de producción.

Cuando se realiza una interpretación sesgada y desarticulada de la obra de Marx hay una incomprensión acerca de los vasos comunicantes y de los nexos necesarios entre las leyes económicas y las luchas de clases en el capitalismo. Por eso, la crítica de la economía política no se reduce a una modelación lógico-teórica como “otro discurso económico” en el mismo sentido del concepto. Por el contrario, esta crítica representa la formulación de una posi­ción política de clase que rebasa la producción de enunciados económicos.

Marx supera el alcance del discurso económico al recha­zar a este como el discurso de una ciencia aparentemente autónoma, cuyo análisis no va más allá de las apariencias de la pura investigación científica: para él, la economía política es la expresión de la posición política de clase de la burgue­sía capitalista, es decir, la ideología del Estado de la sociedad capitalista. Al desarrollar la relación entre economía y política, entre economía y Estado, trasciende la visión convencional positivi­zante de la ciencia económica y del economicismo a partir del análisis de sus propias formas, para considerar sus implicacio­nes políticas.

Globalización es el concepto que emergió para describir el proceso de internacionalización del capital que reproduce la relación de enajenación entre el capital y el trabajo y, garantiza su recom­posición de espacios de valorización por medio de la estrategia neoliberal. Para ello, sustituye conceptos mucho más claros como imperialismo, dominación, explotación.

La ciencia económica contemporánea, al ser una ciencia social, ha estado muy impregnada, también, por el paradigma neolibe­ral en formas solapadas y alienantes. El pensamiento único ha “colonizado” las ciencias sociales, desde ellas se manejan —en ocasiones— las sociedades como cosas y hechos, con teorías supuestamente neutra­les pero que en realidad son verdaderas apologías del mercado y las reglas del juego del positivismo. La necesidad de utilización y desarrollo del método marxista como instrumento para la transformación revolucionaria de la so­ciedad es un imperativo para el socialismo.

La aceptación o el rechazo acríticos, como la ignorancia de los aspectos epistemológicos de la teoría económica, y de las meto­dologías subyacentes en los diferentes enfoques teóricos, solo pueden conducir a posiciones oportunistas y superficiales y de­formadas de la realidad. Los problemas que enfrenta la teoría eco­nómica son de manera indivisible social y económica. Es posible ofrecer un análisis “puro” desde el punto de vista instrumental de un fenómeno socio-económico dado, pero es imposible sugerir soluciones puramente económicas a problemas sociales reales.

El estudio de la evolución de la ciencia económica nos permite sus­cribir que el desarrollo de la lógica del capital se alimenta de la ley de la acumulación capitalista, y que la necesidad de pensar en un cambio social es urgente. Puede parecer una utopía, pero es im­portante diferenciar entre la utopía revolucionaria y la utopía del capital. La utopía es pensar que con la lógica del capital se puedan desarrollar los países, y que el ser humano se pueda emancipar. La acumulación imperialista hace más fetichista las formas en las que se manifiesta el capital, lo cual repercute en la formación de conciencia y la organización para la lucha de resistencia.

Se trata de una transformación social global. Necesidad de que las luchas de resistencia globales tengan fundamentos en con­ceptos basados en un nuevo paradigma económico, social, am­biental, ético, político e ideológico. Importancia de la lucha teóri­ca como forma de lucha de resistencia. La ciencia debe estar al servicio de un nuevo metabolismo social para avanzar sin dogmas en el desarrollo de la alternativa que explique e investigue las formas de lograr la ruptura con la lógica del capital. Para construir el pensamiento que necesitamos, las transforma­ciones deben ir acompañadas del conocimiento de la ciencia. La ciencia en función de la transformación, el marxismo como cien­cia para la transformación social debe ser capaz de pensar la so­ciedad. El socialismo es ciencia, ideología para la transformación social.

Es importante conjugar el reto entre la alternativa necesaria y posible en cada tramo histórico del proyecto y del proceso. La transición socialista avanza en cada momento histórico como resultado de que lo posible presente no contradiga lo necesa­rio futuro del proyecto monumental. Lo posible actual no pue­de comprometer lo necesario causal, esencial en el proceso de transformación.

Del abandono del tratamiento dialéctico de la totalidad de la obra de Marx, esta interpretación “economicista” ignoró las rela­ciones entre El Capital y otras obras filosóficas de Marx. Nada tiene de extraño que los objetivos originarios de la crítica de la econo­mía política se perdieran y que se hayan sustituido por el estudio mecánico de una ciencia particular con sus leyes propias.

La crítica de la economía política no consiste solo en historizar las categorías de la economía política, sino en hacer su sistema parte de la comprensión de lo social. La crítica del sistema es he­cha a través de su exposición científica. Es decir, ese sistema hace aparecer una estructura que solo puede comprenderse en la teo­ría del desarrollo de las formaciones sociales. Comprende todas las formas alienadas y fetichistas como formas de aparición de la esencia interna del proceso.

Pero, además, su concepto de ciencia está indisolublemente li­gado a la idea de la transformación revolucionaria del mundo, al ver en el pensamiento un instrumento de cambio que se subor­dine a un efecto concreto que se trata de alcanzar, pues Marx no acomoda la ciencia a un referente ajeno de ella misma, sino de la propia cientificidad de su análisis. De hecho, las categorías marxis­tas no tienen solo un estatuto positivo, como las de la Economía Política, sino también un estatuto crítico, que posibilita el conoci­miento del funcionamiento del capitalismo y de su reproducción, y, al mismo tiempo, descubre las contradicciones del modo de producción capitalista y, por tanto, los límites epistemológicos de dichas categorías y sus fundamentos ideológicos.

Marx ve en la relación de inversión entre la determinación cien­tífica y la forma fenoménica, una ley general de la cientificidad. La importancia de esta inversión es fundamental para entender el alcance científico de la crítica de la economía política. Su cien­tificidad no reside en la pretendida coincidencia de lo teórico con lo real, ya que el movimiento de lo real capitalista es reproducido a través de un análisis sistemático que traspasa la forma aparente de lo real para llegar al nexo interno del conjunto de las relaciones sociales de producción.

La crítica del sistema categorial burgués a través de la expo­sición del funcionamiento del sistema, desarrolla un discurso que se va a desplegar en dos órdenes. De una parte, el de la exposición de la teoría, asumiendo la positividad científica del discurso neoclásico y manteniendo la exigencia formal de proceso de ascensión de lo abstracto a lo concreto, y por otra parte, como discurso crítico desde el plano de la negatividad del sis­tema, que considera la contradicción desde el punto de vista de su posible solución histórica, incapaz de cerrarse en una po­sitividad afirmativa que se limitaría a explicar en lugar de trans­formar. Este desarrollo de las contradicciones del sistema en su movimiento localiza en las determinaciones más abstractas las líneas del sistema.

Hay un doble aspecto del mismo discurso marxista: el cien­tífico y el crítico. Ambos indisolublemente vinculados en todos los planos del análisis de la crítica de la economía política; en tanto, por su propia naturaleza de clase, esta requiere de co­nocer objetivamente el propio capitalismo, pero no desde la perspectiva operativa de la positividad afirmativa burguesa, sino desde su condicionamiento y transitoriedad histórica. No obstante, han sido tradicionalmente considerados por muchos marxistas a la manera de falsa disyuntiva: discurso científico o discurso crítico.

Dentro de un mismo cuerpo conceptual ambos aspectos: el de la crítica y el de la cientificidad están basados en el punto de vis­ta de clase. El intento de soslayar la dimensión crítica de manera independiente a la dimensión de la ciencia reduce a Marx a teóri­co de la economía política, separando artificialmente su discurso económico de su alcance crítico y político.

Y es que con el capitalismo, por primera vez en la historia, la vida social es determinada, organizada y reproducida sobre un sistema de formas de conexión social, es decir, de relaciones so­ciales de producción, en función de las necesidades de la valori­zación del capital. Esta forma de organización de la producción material determinó su propio conocimiento positivo a partir del cuerpo teórico de la Economía Política, la que se desarrolló desde la posición de la clase dominante sobre la producción material. Me­diante el pensamiento abstracto, intentó captar lo real capitalista, a través de la construcción de conceptos, categorías y leyes pues­tos en función de la positividad científica.

Esta es, por tanto, una síntesis del pensamiento que emerge de la práctica productiva de los agentes del capital, y se consti­tuye mediante el desarrollo de sus experiencias y del avance del pensamiento abstracto, que fija lo común de esta práctica hasta nuestros días.

Por su parte, existe una diferencia fundamental entre la trans­parente explotación pre-capitalista donde predomina la domi­nación de la instancia extra-económica, y la oculta apropiación de plus trabajo capitalista, que produce una alienación mercan­til donde existe una dominación directa de la base económica manifestada mediante “leyes económicas” y su correspondiente reflejo teórico a través de una ciencia económica: la Economía Política.

No se trata, entonces, de la crítica de determinada teoría o es­cuela de pensamiento económico ni siquiera solo de la crítica de todo el pensamiento económico no marxista, sino de la Economía Política, o sea, de la crítica de una ciencia que trata de las relacio­nes sociales de producción.

Si solo hiciéramos un repaso rápido en el desarrollo contempo­ráneo de las ciencias sociales, encontramos cómo se han renom­brado y reconceptualizado su sistema categorial para cualquiera de los paradigmas, provocando, un coqueteo intelectual entre paradigmas, olvidan­do que las epistemes son testarudas y tienen graduaciones diferen­tes para los mismos hechos de la realidad.

Socialismo  como propuesta de desarrollo diferente a la lógica del capital

La lógica del capital y su desarro­llo contemporáneo, nos dan las claves para entender la necesidad de cambio social. El cómo construir y fundamentar el cambio so­cial es parte de las implicaciones que tiene el proyecto histórico monumental socialista, su conjugación con el tiempo de vida del individuo, el trade off entre lo posible y lo necesario, haciendo rup­tura con la lógica del capital en cada momento histórico concreto.

La necesidad de cambio social implica profundizar en el cómo hacer ese cambio social. Se deben tener en cuenta, al menos, al­gunas claves en la elaboración de una teoría revo­lucionaria que fundamente las luchas de resistencia para la transformación social. Dicha transformación debe concretarse en un nuevo paradigma que contenga: una episteme diferente a la de la lógica del capital; que suscriba un viraje metodológico como una propuesta para transformación social y que proponga un modelo para el desarrollo por oposición y superación del capital. En este escenario, el triple desafío del socialismo es:

Primer desafío: Desarrollo del imperialismo y sus impactos. En el siglo XIX, Marx tuvo como objetivo avanzar en la teoría crítica del capitalismo, descubrir la ley fundamental de la acumulación capitalista para demostrar las relaciones de explotación y sus tendencias polarizadoras. El marxismo en el siglo XX, en sus primeras décadas, tuvo que enfrentar el reto de capturar los cambios contenidos en el capitalismo imperialista y la estructura social que lo acompañaba. El avance del siglo XX fue testigo de más de un ajuste del patrón de acumulación imperialista. Desde finales de los años sesenta aparece la regulación monopolista estatal transnacionalizada, consolidada e instalada en la última década del siglo XX, con el seudónimo de globalización y contenido neoliberal desarrollado en el siglo XXI como rentista, parasitario y neofascista.

El capitalismo como propuesta de desarrollo es un fracaso histórico impuesto a la gran mayoría que se traduce en hambre, pobreza, explotación, alienación, enajenación, migración, refugiados, corrupción, daño al medio ambiente, desnutrición, deuda al nacer y morir, hombres sin derechos, guerra, terrorismo y exterminio. Las profundas transformaciones de la lógica imperialista del capital ha complejizado las formas de subvertirlo.

Segundo desafío: Ciencia del socialismo. A las experiencias de construcción socialista se les exigió resolver, en pocos años, la herencia de deuda social, económica y humana que ha generado el capitalismo a lo largo de su existencia. El presente siglo hereda la deuda social acumulada bajo las etiquetas de diferentes generaciones de “objetivos de desarrollo”, imposibles de cumplir, en la medida que continúe avanzando el capitalismo imperialista como relación social global de acumulación. Lo anterior implica problemas sociales globales, ambientales, destrucción de fuerzas productivas, destemplo estructural, precarización del trabajo y la vida humana, en medio de profundos daños al medio ambiente y contradicciones globales del capital en la disputa por la recomposición de la geopolítica mundial.

Al mismo tiempo, durante el siglo XX y en las primeras décadas del siglo XXI, el socialismo histórico ha tenido el desafío de interpretar las profundas y complejas mutaciones del imperialismo para articular e interpretar las condiciones para subvertirlo, a través de la transformación socialista en países capitalistas subdesarrollados y concretar la utopía revolucionaria. Cuba tiene el desafío de ser una experiencia socialista que avanza y convive junto a la agudización del imperialismo y su geopolítica.

Tiene entonces una compleja tarea en la teoría y en la práctica: continuar explicando la necesidad del cambio social del capitalismo imperialista y, paralelamente, interpretar y proponer cómo hacer el cambio social que implica la transformación desde el subdesarrollo hacia el imaginario socialista. La crítica, como arma analítica e ideológica en la contemporaneidad, contribuye al continuo desarrollo del pensamiento socialista y, como consecuencia, de la alternativa posible y necesaria, por ruptura y superación del capitalismo imperialista contemporáneo.

Tercer desafío: Ser un referente de futuro. No se trata de volver al socialismo cuando el capitalismo está en crisis o negarlo cuando el socialismo no avanza a los ritmos deseados. El marxismo contiene el desarrollo de la crítica al capitalismo y de la nueva sociedad. No es solo la crítica a la sociedad capitalista, sino que también es un proyecto de nueva sociedad en constante crítica y una interpretación de la evolución histórica, política y social. El marxismo es una utopía revolucionaria y científica, una propuesta de futuro. La crítica para la interpretación esencial de la realidad. Pero no como ejercicio teórico, sino como búsqueda de causas con un enfoque de totalidad que exprese la articulación entre conocimiento, ciencia y axiología para subvertirla.

Pensar en la necesidad del cambio social como ruptura y superación puede parecer una utopía, pero es más convincente que la del capital, porque el socialismo es una utopía científica y revolucionaria.

Reflexiones finales

El neoliberalismo sentó las bases de un pensamiento único en política económica a nivel de gobiernos y en el estudio de la rea­lidad en las universidades y centros de investigación. Constituyó, en definitiva, una ofensiva política e ideológica global de coloni­zación desde los puestos de dirección y organización del orden mundial capitalista hacia la conformación de un nuevo consen­so acerca de lo “económicamente correcto”. La profunda ofensiva en la colonización del pensamiento conllevó que buena parte de los economistas compartieran con ingenuo entusiasmo sus limi­taciones para la construcción del necesario marco de referencia desde la noción de totalidad, lo que impidió la comprensión de la globalización de manera integral sin fragmentaciones analíticas artificiales.

Lo anterior significa que la economía no es solamente una mera entidad material, tal como se constata en las limitaciones de la crí­tica anti-neoliberal. Es también una producción social, una forma de producir sujetos humanos y órdenes sociales de un determina­do tipo. Se trata no solo de la reestructuración de la economía en correspondencia con las exigencias del nuevo patrón de acumu­lación, sino también de la redefinición de la legitimidad política del discurso hegemónico de un modelo civilizatorio a partir de la negación de toda parcelación verticalizada del conocimiento.

Todo análisis de la hegemonía y la contra-hegemonía es funda­mental para referirse al contexto de las relaciones de poder desde el punto de vista de las actividades que resultan esenciales para la reproducción del sistema capitalista, cuyo control implica el mantenimiento del liderazgo económico a nivel internacional. La hegemonía es una construcción social que tiene en la coerción y en el consenso sus medios generales de acción. Está constituida por tres dimensiones principales: la económico-financiera, la ideo-cultural y la político-militar.

La necesidad del cambio social es el resultado del desarrollo de la lógica del capital, sus contradicciones y fracasos. El cómo hacer el cambio social significa cómo construir una sociedad esencialmente diferente, recolocando al hombre en el centro del desarrollo; significa avanzar en cómo construir el socialismo. En el debate de cómo hacer el cambio social, es importante conjugar el reto entre la alternativa necesaria y posible en el proceso y en el proyecto; de manera que, lo posible presente no contradiga lo necesario futuro del proyecto histórico. Lo posible actual no debe comprometer lo necesario causal y esencial del proceso de transformación monumental del imaginario socialista.

El socialismo es una propuesta de desarrollo que implica ruptura y superación de la lógica del capital. La fractura contempla todos los órdenes de la sociedad, desde los patrones de producción, distribución, cambio y consumo, hasta los derechos, democracia, instituciones, cultura, educación, axiología, ciencia y ser humano. El socialismo como proyecto histórico monumental no es reforma, es revolución.

El socialismo en Cuba tiene el desafío de continuar consolidando la diferencia entre la necesidad del cambio social y cómo hacer el cambio social: es necesario delimitar, en cada debate, qué cuestión está en el centro de la agenda socialista, si se está debatiendo la necesidad del cambio social o cómo hacer ese cambio social.

Seguir apostando por el socialismo como alternativa revolucionaria significa reflexionar sobre el socialismo como ciencia y la ciencia del socialismo, al recordar que, sin teoría revolucionaria, no hay práctica revolucionaria. La teoría de la transición socialista está en construcción. Es imprescindible continuar rescatando todo el debate, así como toda la experiencia del llamado socialismo histórico, ya sea por oposición y/o suscripción desde la crítica marxista. La agenda de investigación de la ciencia del socialismo tiene muchas tareas pendientes. La construcción del socialismo debe basarse en el desarrollo de la investigación crítica de la sociedad capitalista contemporánea y de las experiencias históricas de la transición socialista.

Para aceptar la diversidad de formas de construcción del socialismo, a partir de una esencialidad, no hace falta recurrir a denominaciones y epítetos. No hay socialismo por siglos, ni socialismo de siglos; hay experiencias de construcción socialistas durante los siglos que desarrollan al imaginario socialista y expresan su esencialidad como expresiones concretas de la necesidad y del cómo hacer el cambio social en cada momento histórico y para cada país. El caso de Cuba, no es diferente.

Fuente:
Cuba Socialista
Etiquetas: ciencia | Cuba | marxista | Socialismo

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