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07/05/21
Regiones: Argentina
Malvinas, marxismo leninismo y la cuestión nacional y colonial
Por Sergio Ortiz

Charla de formación a cargo de Sergio Ortiz, el 24 de abril de 2021, en el marco del Ciclo de Debate «Liberación» que el Partido de la Liberación viene desarrollando desde comienzos del año 2020. Lo que sigue es la reconstrucción de la intervención del camarada en ese encuentro.

Buenas tardes camaradas y amigos, muchas gracias por participar de esta charla de formación organizada por el Partido de la Liberación en el ciclo “Debates Liberación”.

Primero les muestro a cámara cuál fue mi bibliografía para fundamentar las posiciones que voy a defender. Son dos libros de José Stalin, “El marxismo y el problema nacional y colonial”, escrito en 1912 y publicado al año siguiente, que en este volumen se suma a otros artículos del mismo autor sobre la misma temática. El otro trabajo de Stalin es “Fundamentos del leninismo”, son charlas de formación dadas en 1924, año de la muerte de Lenin, que tiene un capítulo sobre la Cuestión Nacional.

Y del fundador del partido bolchevique leí todo este tomo VI de sus Obras Escogidas, que contiene “El izquierdismo enfermedad infantil del comunismo”, pero hice centro en sus intervenciones sobre la cuestión nacional en el II Congreso de la III Internacional Comunista, en julio de 1920; y en el IV Congreso de la misma Internacional, en diciembre de 1922.

MALVINAS

Nosotros traemos a colación estos temas del marxismo leninismo no por un interés libresco, dogmático ni academicista sino porque el 2 de abril pasado se cumplieron 39 años de la breve recuperación de las islas Malvinas. En política y en las redes sociales hubo mucho debate alrededor de ese aniversario, con críticas de sectores democráticos y progres, como si esa recuperación hubiera sido “una locura” repudiable. Nosotros en cambio como PL tenemos desde entonces hasta hoy una posición malvinera y estuvimos de acuerdo con la recuperación de las islas. Nos asisten razones históricas nacionales, pero también la doctrina marxista-leninista para pensar de ese modo.

Esos críticos, algunos que se dicen de izquierda y centroizquierda, enfatizaron en que esa guerra fue decidida y conducida por la dictadura militar-cívica. Es cierto. Subrayaron que muchos de los oficiales no lucharon realmente contra los ingleses, lo que también es verdad. Más aún, recuerdan que hubo soldados argentinos torturados no sólo con hambre sino también estaqueamientos y otros castigos por sus propios oficiales y suboficiales. Eso originó un tiempo después varias causas judiciales que aún están abiertas y por supuesto deseamos fallos condenatorios contra esos torturadores.

Sin embargo todo eso, y mucho más que puede decirse en contra de la conducción improvisada e inepta de esa guerra (ver Informe Rattembach), no puede cambiar el fondo de la cuestión. Malvinas es parte de la Nación Argentina, fue ocupada militarmente en enero de 1833 por el Reino Unido hasta hoy, convertida en la base militar de Mount Pleasant de la OTAN en el Atlántico Sur y nuestros recursos ictícolas y petroleros son depredados por los ocupantes y ciertos beneficios para los “kelpers”. Como nuestras islas, hay otros 16 enclaves coloniales cuya situación debe discutir el Comité de Descolonización de la ONU.

Claro que ese desembarco en 1982 no fue lo ideal ni mucho menos. A nosotros nos hubiera gustado que sucediera muchos años antes y que al frente de los argentinos hubiera estado el general José de San Martín, pero era imposible porque él tuvo que partir al exilio en 1824. O que al frente de las tropas nacionales hubieran estado el Che Guevara y los dirigentes revolucionarios de la Generación del 70, pero eso tampoco pudo ser.

La realidad presentó sólo dos opciones: o estabas de parte de Margaret Thatcher, el imperio anglo-estadounidense, la usurpación colonial-imperial y la base de la OTAN, o reivindicabas el derecho de Argentina a recuperar lo que es suyo. El 2 de mayo de ese año la contradicción fue más sangrienta: o estabas del lado del submarino inglés Conqueror y sus misiles criminales, o estabas del lado del ARA General Belgrano y sus 323 tripulantes que murieron tras ese ataque fuera de la “zona de exclusión”. Desde el 2 de abril hasta la rendición del 14 de junio de 1982 hubo 649 argentinos muertos en Malvinas, más muchos otros que, de vuelta al continente, se suicidaron. Nosotros los defendemos, de igual modo que al Gaucho Rivero y a un puñado de bravos que resistieron la primera usurpación británica (está la versión de que ese personaje legendario después murió combatiendo en la Vuelta de Obligado, el 20 de noviembre de 1845, contra la armada anglo-francesa, que pretendía adueñarse del comercio y nuestros ríos navegables interiores).

Los ingleses también tuvieron sus bajas en 1982, señal de que no todos los argentinos fueron como el capitulador Mario B. Menéndez o el cobarde de Alfredo Astiz que se rindió sin tirar ni un tiro en las islas Georgias. Si los agresores tuvieron muertos y heridos, barcos y aviones abatidos, fue porque hubo oficiales, suboficiales y soldados argentinos que defendieron la Patria. Un caso poco conocido es el del soldado Oscar Poltronieri, que ganó la medalla al Heroico Valor en Combate, pero también se sabe de los valientes aviadores que con sus aviones y Exocet hundieron o averiaron severamente a barcos piratas, etc.

COMO FIDEL

Así fue la historia y la política del PL: estuvimos en las calles de Buenos Aires el 30 de marzo de 1982, en la movilización por Paz, Pan y Trabajo convocada por la CGT de Saúl Ubaldini, reprimida por la policía dictatorial; fuimos a la Plaza de Mayo el 2 y 6 de abril y otros días, apoyando la recuperación de las islas, y volvimos a esa Plaza el 14 de junio para condenar la rendición incondicional del general Menéndez ante el general inglés Jeremy Moore.

La recuperación de las islas generó un gran sentimiento patriótico y latinoamericanista, dentro del país y todo el continente. Los pueblos y la mayoría de gobiernos, para nada socialistas, tomaron una postura favorable a la causa de Argentina, salvo la dictadura de Augusto Pinochet que colaboró política y logísticamente con los ingleses. Quizás los pueblos de Venezuela, México y Perú, fueron los más expresivos en el apoyo a nosotros, después de Cuba, su gente y su gobierno.

Fidel Castro recibió al canciller argentino Nicanor Costa Méndez a principios de junio de 1982 y le expresó su apoyo, pidió información sobre las cualidades militares de la jefatura de Menéndez y en general de la tropa para lo específico de una batalla insular, etc.

Fidel y Cuba habían sufrido a manos de la dictadura militar-cívica la desaparición de 17 personas de su embajada en Buenos Aires, comenzando con los jóvenes miembros de esa legación diplomática, Crescencio Galañena Hernández y Jesús Cejas Arias. Eso está documentado en la investigación y libro “Operación Cóndor contra Cuba”, de José Luis Méndez Méndez. Y no obstante esas dolorosas pérdidas, Cuba socialista puso por delante la cuestión nacional y colonial en Malvinas, condenando al imperio angloyanqui.

El PL actuó con similar punto de vista. Tuvo 47 militantes secuestrados y asesinados por la dictadura, pero igual apoyó la recuperación de Malvinas, considerando como enemigo principal a Thatcher-Reagan y la OTAN. Como decían las Madres de Plaza de Mayo en sus pancartas: “Las Malvinas son argentinas, los desaparecidos también”.

¿Habrá influido en el pensamiento del comandante en jefe cubano la amputación de parte de su territorio en Guantánamo, anexado ilegalmente por EE UU mediante la Enmienda Platt en 1901? Es muy posible que sí. Que así pudiera entender tan rápido y bien lo de Malvinas.

Fidel tenía un arsenal teórico marxista-leninista y martiano en el que nutrirse, para ubicarse en esos casos de situaciones coloniales. Nosotros también, si bien sabemos de marxismo-leninismo mucho menos que ese sabio conductor de la primera revolución socialista en América Latina. La ligazón de ambos factores, el marxismo-leninismo y la cuestión nacional y colonial, es decisiva a la hora de explicar éxitos y fracasos de la lucha revolucionaria en nuestros países del Tercer Mundo.

Ya lo dijo el amauta peruano José Carlos Mariátegui, “El socialismo peruano no debe ser calco ni copia sino una creación heroica”. En nuestras palabras, hay que unir el marxismo-leninismo con lo sanmartiniano y bolivariano. Ese es el elemento constitutivo del Partido de la Liberación (PL) de Argentina y en ese proceso nos ayudó mucho la experiencia política de aquel año 1982 y la recuperación de Malvinas.

PLANTEOS DE LENIN

“El imperialismo etapa superior del capitalismo” es un estratégico libro de Vladimir Ilich Ulianov, Lenin, inserto en el tomo III de las obras escogidas del autor. Mi primera sorpresa fue la fecha de la escritura. Sabía que lo había escrito en su exilio de Zurich, pero estaba convencido que había sido en 1913 y resulta que fue en 1916. ¿Por qué mi error? Porque Lenin en el texto no hablaba de la I Guerra Mundial y entonces creí que lo había escrito antes de su estallido. En su prólogo pude entender una de las razones de esa omisión formal, pues Lenin explica que lo escribió en lenguaje “a lo Esopo”, indirecto, para sortear la censura zarista y se pudiera publicar en Rusia.

En ese texto clásico y de gran actualidad, los análisis leninistas ligan la concentración de la economía en esa etapa imperial, la fusión del capital industrial con el bancario, la aparición del capital financiero internacional, y el reforzamiento de algunas potencias, que según el poder que tengan se repartirán el mundo. Y que volverán a hacerlo por la fuerza y las guerras toda vez que sus poderes vayan cambiando a favor de unos y en contra de otros, disputando las colonias y zonas de exportación de capital.

Su línea fundamental de razonamiento es que el mundo ha quedado dividido entre un pequeño número de grandes potencias y una gran mayoría de naciones explotadas, coloniales, semicoloniales y dependientes. Incluso hace dos referencias concretas a Argentina como “casi una perfecta semicolonia británica”. Este mundo sigue siendo desigual e injusto, sobre todo con los últimos tiempos de financiarización del capital y la II Guerra Mundial que el autor del libro, fallecido en 1924, obviamente no pudo ver, y una serie de novedades más. Por caso la apropiación de las vacunas en esta pandemia de COVID-19 donde la OMS y la ONU han denunciado que 10 países tienen acaparadas el 75 por ciento de las vacunas. Estados Unidos tiene una población total de 330 millones de habitantes y acaparó hasta abril de 2021 más de 1.300 millones de dosis, incluso varios centenares de miles cuyo principio activo fue producido en Garín, Buenos Aires, por el grupo Insud, y que son muy necesarias para nuestro país.

Esas tesis antiimperialistas del fundador del PCUS y de la URSS fueron más desarrolladas en cuanto a lo nacional y colonial en su intervención ante el II Congreso de la III Internacional Comunista, en julio de 1920. En las Tesis preparadas a tal efecto, Lenin habla de que la comisión debía hablar de los Negros en EE UU, de los casos de Irlanda y China. A manera general sobre la situación mundial volvió a su concepto del libro arriba mencionado. Aseguró que el planeta estaba dividido entre “naciones oprimidas, dependientes y sometidas, y las naciones opresoras, explotadoras y soberanas. Esclavización colonial y financiera de la mayoría de la población del mundo, por una minoría insignificante de los países capitalistas más ricos y avanzados, rasgo característico de la época del capital financiero y el imperialismo” (pág. 114, tomo VI. Obras Escogidas).

Lenin recomendó la unidad de obreros y masas oprimidas, una alianza de la Rusia soviética y el Movimiento de Liberación Nacional. Pidió la unidad entre el proletariado europeo comunista y el movimiento campesino revolucionario en el Este, en las colonias y los países oprimidos en su conjunto.

Propuso que la Internacional Comunista realice una alianza temporal con la democracia burguesa en los países coloniales y atrasados, pero no fusionarse con ella: “tiene que mantener en todas las circunstancias la independencia del movimiento, aunque se halle en sus formas embrionarias”.

Esta orientación leninista no fue atendida por algunos partidos, que si lo hubieran hecho habrían ahorrado mucha sangre propia derramada por acciones contrarrevolucionarias de sectores de la burguesía nacional que traicionaban la causa nacional democrática. Fue el caso del Partido Comunista de China, que entre 1923 y 1927 mantuvo una alianza, necesaria, con la burguesía del Kuomintang, pero que hizo seguidismo de este movimiento y bajó la guardia, lo que facilitó que el liderazgo reaccionario de Chiang Kai shek diera un golpe de Estado. Eso produjo una campaña de aniquilamiento contra las filas comunistas, con decenas de miles de muertos. Como se sabe, Mao Tsé tung, que no estaba en la máxima dirección del PC Chino en ese entonces, reflexionó sobre la desviación oportunista de derecha del partido, que facilitó esa durísima derrota a manos del Kuomintang. Mao pudo reagrupar a los restos del partido y su fuerza militar en las montañas de Ching Kang y resistir, realizando luego la Larga Marcha hacia Yenán y el objetivo liquidacionista del Kuomintang no tuvo éxito.

Volviendo a las tesis de Lenin para la IC, afirmaron que la I Guerra Mundial había impactado en la India y África. Textual: “Avanza la revolución, pero no serán allí soviets obreros sino soviets campesinos o soviets de trabajadores” (Pág. 140. Tomo VI).

Ya en el seno de la Comisión Nacional del II Congreso de la IC, el 26 de julio de 1920, el jefe de los bolcheviques insistía: “¿Cuál es la idea más importante en que se basan nuestras tesis? La diferenciación entre naciones oprimidas y opresoras”. Afirmaba que el 70 por ciento de la población mundial, unos 1.250 millones de personas, correspondía a naciones oprimidas, colonias y semicolonias.

En esos debates, tras analizar en forma crítica las conductas de varios movimientos burgueses en Asia y África, los delegados acordaron con Lenin en reemplazar la expresión “movimiento democrático burgués” por el de “movimiento nacional revolucionario”, refiriéndose al aliado que los comunistas buscaban en los países oprimidos. Esa precisión fue correcta en cuanto a la aspiración de los marxista-leninistas, pero no supuso una ruptura ni menos aún condenas a los movimientos nacionales poco revolucionarios, como ahora verán con algunas citas de Stalin. Más allá de las denominaciones, lo que verdaderamente importa es si esos movimientos nacionales están en contradicción o no con el imperialismo, si lo debilitan o lo fortalecen, si en forma directa o indirecta sirven a la revolución mundial que por entonces tenía su faro central en Moscú.

CONTRA EL DOGMATISMO

Recién les mencionaba que Lenin pronosticaba que los nuevos soviets en la India y Africa no serían iguales a los de Petrogrado y Moscú sino “soviets campesinos o soviets de trabajadores” (no proletarios). El maestro del proletariado internacional estaba llamando la atención contra el dogmatismo y mecanicismo de los que creían que la solución era copiarse de los rusos.

Por eso les agrego su reflexión del IV Congreso de la Internacional Comunista, en noviembre y diciembre de 1922, justo cuando nacía la URSS como resultado de la unión en una primera federación de la Rusia Soviética más Transcaucasia, Bielorrusia y Ucrania. Luego se irían uniendo otras nacionalidades.

En ese IV Congreso de la III Internacional el líder soviético dijo que la resolución del congreso anterior de la Internacional “es demasiado rusa, está penetrada por completo del espíritu ruso, es letra muerta para los demás”. Agregaba: “los camaradas extranjeros han firmado sin leerlo, sin comprenderlo”.

Y bajaba esta línea para unos (PCUS) y otros (el resto de los partidos miembros de la IC): “lo más importante que comienza es el estudio. Nosotros estudiamos en sentido general pero ellos deben estudiar en sentido particular, para que comprendan realmente la organización, la estructura, método y contenido de la acción revolucionaria”. (Pág. 463 y 464. Tomo VI).

Quiere decir que había dos desviaciones posibles y reales dentro de los partidos de la Internacional Comunista, incluido el partido soviético. Una desviación era la negativa a reconocer el rol de los campesinos y pueblos más atrasados del interior del viejo imperio ruso, así como de Asia, África y América Latina (esta última no era mencionada siquiera en los primeros cuatro Congresos de la IC).

Esa desviación, de negar ese rol de los campesinos y naciones oprimidas, fue algo propio del trotskismo, cristalizado en su teoría de la “revolución permanente”, negadora de la existencia de etapas en las revoluciones, a diferencia de los marxista-leninistas y maoístas que siempre lo tuvimos en cuenta. Ya volveré sobre este tópico al final de la charla.

Y la otra desviación, que afecta a quienes están de acuerdo en participar de las luchas nacionales y democráticas en los países dependientes, es regalar la dirección política y militar a la burguesía nacional. Eso es oportunismo de derecha. Es lo que hizo el PC Chino entre 1923 y 1927 y lo pagó en forma sangrienta, pudiendo luego corregir esa desviación y salir adelante, rumbo a la victoria del 1 de octubre de 1949.

Contra esas desviaciones de uno y otro tipo alertaba Lenin en sus escritos e intervenciones en los Congresos partidarios y los primeros cuatro Congresos de la Internacional Comunista de los que pudo participar. Murió en 1924.

APORTES DE STALIN

“El marxismo y el problema nacional y colonial”, fue escrito por José Stalin y publicado en Viena en enero de 1913. Es un texto relativamente corto, 80 páginas, donde el nacido en Georgia dejó plasmadas las tesis fundamentales del marxismo-leninismo sobre esa temática, por vez primera. Es un libro excelente. Hasta los mayores críticos del autor, los trotskistas, admitieron que “fue lo único bueno que escribió Stalin”, aunque le bajaron el precio diciendo que Lenin se lo dictó íntegro.

Que Stalin sabía mucho de esta problemática lo muestra no sólo este trabajo, sino que por algo Lenin y el partido bolchevique lo distinguieron con el cargo de Comisario de las nacionalidades en el primer gobierno soviético. Era el que más sabía de esa materia.

En ese libro el autor critica a los socialdemócratas y mencheviques de la II Internacional diciendo que se ocupaban sólo de “nacionalidades cultas”, como húngaros y polacos, pero no de negros, asiáticos y africanos. El leninismo sí se ocupaba de todos. También planteaba la autodeterminación de las naciones, con el derecho a la autodeterminación de las mismas, su separación y la formación de nuevos estados. La II donde estaban los mencheviques sólo admitían la “autonomía cultural”, dejando la política y economía en manos de la gran burguesía del imperio o nación dominante.

En “Cuestiones del leninismo”, 1924, en su capítulo sobre la Cuestión Nacional, Stalin plantea que el elemento decisivo para apoyar o no una lucha nacional es si fortalece o debilita al imperialismo.

Por ejemplo, afirma: “la lucha del emir de Afganistán por la independencia de su país es una lucha objetivamente revolucionaria, a pesar de las ideas monárquicas del emir y sus partidarios, porque esa lucha debilita al imperialismo, lo descompone, lo socava (…) La lucha de los comerciantes y de los intelectuales burgueses egipcios por la independencia de Egipto es, por las mismas causas, una lucha objetivamente revolucionaria a pesar del origen burguesa y de la condición burguesa de los líderes del movimiento nacional egipcio, a pesar de que estén en contra del socialismo (…) Y no hablo ya del movimiento nacional de otras colonias y países dependientes más grandes como la India y China, cada uno de cuyos pasos por la senda de la liberación, aun cuando no se ajuste a los requisitos de la democracia formal, es un terrible mazazo asestado al imperialismo, es decir un paso indiscutiblemente revolucionario” (Pág. 77 de “Fundamentos del leninismo”. Acercándonos Ediciones).

O sea, ratifica lo suyo y lo de Lenin de que el criterio principal es si una lucha nacional debilita al imperialismo o no. Eso es lo que tuvimos en cuenta respecto a los justos reclamos argentinos por Malvinas.

En “Cuestiones” Stalin hablaba de avances en China, India, etc. Desarrollaba que la I Guerra Mundial y la Revolución de Octubre dieron una nueva dimensión al problema: la cuestión nacional se hizo extensivo a las colonias. Y en ambos casos, el gobierno soviético llevó a la victoria de los obreros, campesinos y pueblos de nacionalidades oprimidas. Lo hizo el marxismo- leninismo, no el movimiento nacionalismo burgués (caso del peronismo en Argentina). ¡Así triunfaron las causas nacionales! El comunismo y no el nacionalismo burgués fue capaz de unir a las 60 nacionalidades de la vieja Rusia. Como dije, a la Federación Rusa se sumaron en 1922 Transcaucasia, Bielorrusia y Ucrania. Luego se fueron sumando las demás.

Eso no se logró sin problemas. En 1922 hubo muchos líos dentro del Partido Comunista de Georgia y en Transcaucasia, que se integraba a la URSS. Lenin cuestionó al dirigente bolchevique Orzkonikidze que se tomó a golpes con alguien del sector nacionalista estrecho de Georgia, que quería entrar en la URSS en forma directa, sin pasar por el filtro de Transcaucasia. En notas al XII Congreso del PCUS, 1923, Lenin criticó por eso a la misión enviada a Georgia, encabezada por el camarada Dzerzhinski y también a Stalin.

De todos modos, con problemas y fricciones, los bolcheviques fueron capaces de llevar a la victoria a obreros, campesinos y nacionalidades, unirlos en un mismo estado federativo y elevarlos política, cultural y económicamente. Así la URSS se convirtió durante más de 70 años en la segunda potencia mundial, la que puso un hombre en el espacio, la que derrotó al nazismo en la II Guerra Mundial y salvó a la humanidad, etc.

Un logro similar viene consiguiendo China, también con sus 60 nacionalidades. Ese país atrasado, “el gigante dormido de Asia” según Napoleón se despertó con la revolución democrática primero y la revolución socialista después, para convertirse en la segunda potencia mundial. La economía china es ahora la segunda del mundo, o la primera según cómo se mida el PBI. Tuvo grandes avances tecnológicos y científicos como la Internet en 5G, saboteada y perseguida mundialmente por Estados Unidos.

Por supuesto que esas uniones y federaciones y revoluciones socialistas no fueron ni son perfectas. En su interior, por ejemplo en la URSS, hubo problemas causados por el nacionalismo o chauvinismo gran ruso, para colmo potenciado en tiempos de la Nueva Economía Política (NEP) entre 1921 y 1929. Ese chauvinismo gran ruso era el peligro principal para el futuro soviético, según Lenin y Stalin. Estos también advirtieron contra la desviación secundaria o sea el chovinismo de otras nacionalidades menores, como el de Ucrania, Georgia, etc.

En el caso chino, el PC Chino siempre alertó contra el chauvinismo de la nacionalidad mayoritaria, han. De todos modos, Beijing es la capital de todas las 60 nacionalidades que pueblan China y lo que predomina es la unidad y el respeto de todas. Es falso lo que pregonan los medios y gobiernos de EE UU y la Unión Europea de que los comunistas chinos están oprimiendo a la nacionalidad uigur y al Tíbet. Sólo un país unido como China pudo haber afrontado la pandemia de la manera excelente como lo hizo, con rapidez, solidaridad, organización, disciplina, unión nacional, inyección de recursos del Estado, hospitales, vacunas, etc.

Un par de estadísticas lo ilustrará mucho mejor. Al día de hoy China tiene sólo 90.575 contagios de COVID-19 y 4.636 muertos, siendo el país donde ese virus hizo su primera aparición. En cambio, Argentina hoy registra 2.86 millones de contagios y 61.644 fallecidos. Si tomamos en cuenta las diferentes poblaciones, será aún más abrumador el contraste: China tiene 1.400 millones de habitantes y Argentina 44 millones.

A pesar de estas grandes virtudes del socialismo, y precisamente por eso, el imperialismo lo combate con mentiras como la de los uigures supuestamente oprimidos. Allí han fracasado, pero lamentablemente triunfaron alentando la separación de Croacia y Bosnia en la guerra de los Balcanes, separándolas de Yugoslavia; convirtieron a Kosovo en un protectorado de la OTAN, etc.

Los yanquis que se llenan la boca con los derechos de todos y con la democracia son los que mantienen mil bases militares en todo el mundo. En casa maltratan con racismo y crímenes a los afroamericanos. Someten a Puerto Rico, ocupan Guantánamo, invadieron a Cuba (1961), Santo Domingo (1965), Grenada (1983), Panamá (1989), etc, y a nivel mundial lo hicieron en Corea (1950), Vietnam (1964), Afganistán (2001), Irak (2003), Libia (2011) y un largo etcétera.

Y los ingleses fueron los opresores de la India, los colonialistas que rapiñaron Hong Kong en 1842 luego de imponerle a China las Guerras del Opio (1839-1842 y 1856-1860), usurparon antes nuestras Malvinas, fueron los sostenes del apartheid y racismo en Sudáfrica, los verdugos de Irlanda, etc.

REVOLUCIÓN NACIONAL DEMOCRÁTICA Y POPULAR CAMINO AL SOCIALISMO CON PECULIARIDADES ARGENTINAS

El tema Malvinas es sólo una pequeña parte de la revolución nacional, democrática y popular, hacia el socialismo en nuestro país y hacia el comunismo en el mundo entero. Eso demanda flexibilidad y peculiaridades, más en una Argentina con tanta influencia del peronismo y el nacionalismo burgués, con sus aspectos positivos que no vio la desviación gorila del PC de Codovilla y Ghioldi entre 1945-1955 ni los vio el trotskismo en todas sus versiones, desde entonces hasta hoy, en lo que podemos calificar como “desviación gorila”.

El PL tampoco está de acuerdo con el seguidismo al nacionalismo burgués ni al peronismo en ninguna de sus fracciones actuales (kirchnerismo, fernandismo y mucho menos el massismo). Las llamamos desviaciones “furgonetas”, por ser furgón de cola de una locomotora que maneja la gran burguesía nacional. Allí viajan el PC, PCCE, PCR, Patria Grande y otros cultores del posibilismo, la teoría del mal menor y la subordinación al Frente de Todos.

La contradicción principal en la Argentina es con la oligarquía, los monopolios y el imperialismo, sobre todo el yanqui. Nuestra lucha nacional queremos resolverla en forma revolucionaria, con un gobierno popular revolucionario. Y somos parte de la revolución mundial. Ratificamos que la parte se subordina al todo: si la lucha nacional acumula y debilita al imperialismo yanqui, vale la pena apoyarla. Si no, no.

Las etapas de la revolución, democrático burguesa primero y socialista después, tienen muchísimo que ver con este tema nacional antiimperialista, del que Malvinas es una parte insular. Si nuestra revolución fuera socialista desde el inicio no tendríamos que andar buscando unidad con campesinos, pueblos originarios y nacionalidades varias, etc. El PL tiene la concepción de las etapas, que otorga importancia estratégica y táctica a la unidad del proletariado y la intelectualidad revolucionaria con los campesinos y pueblos que viven en la periferia.

Eso lo dejó claro Lenin en tres trabajos clásicos: “Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática”, “La revolución proletaria y el renegado Kautsky” y “Las tesis de abril”, etc. Esta concepción de unidad obrero-campesina se remonta al Manifiesto Comunista de 1848 de Marx y Engels (primero unidad con la burguesía contra el feudalismo, después cambiamos de hombro el fusil y enfrentamos a la burguesía). Marx en su carta a Engels, en 1856, especula sobre “una revolución obrera en Alemania apoyada por una segunda edición de la guerra campesina” (citado por Lenin, pág. 509. Tomo VI.).

Por todo lo expuesto los del PL somos malvineros. Y no nos limitamos a un reclamo “histórico” o nostálgico, sino que exigimos a los sucesivos gobiernos argentinos que adopten medidas fuertes contra las empresas y bancos ingleses en nuestro país, para forzar a Londres a negociar la cuestión de la soberanía. Por eso reclamamos multas y expropiaciones al banco HSBC, la petrolera Shell, laboratorios Glaxo, etc.

Somos malvineros, pero nos oponemos al nacionalismo estrecho, al nazionalismo con zeta de los neonazis de Alejandro Biondini. Por nuestras concepciones internacionalistas, pero también ayudados por la coyuntura mundial, en este caso la pandemia, hacemos agitación por el socialismo y el comunismo, un frente mundial antiimperialista, la solidaridad con Cuba y China, la defensa de la paz mundial, la lucha contra el cambio climático, etc. Lo sintetizamos en la opción de “socialismo o barbarie” que acuñó Rosa Luxemburgo.

También debemos analizar otros casos para conocer mejor la postura del PL. Si nos preguntan sobre la independencia de Puerto Rico, la apoyamos. No así la “independencia” de Hong Kong, que es parte de China lo mismo que Taiwán. En los años ‘90 no estuvimos de acuerdo con la separación de Croacia y Bosnia de Yugoslavia. Sí apoyamos a la República Árabe Sarahui en su independencia de Marruecos. Por supuesto nos oponemos a la continuidad de Guantánamo en manos yanquis y a su “independencia”; debe volver al regazo cubano. No apoyamos la separación de Santa Cruz de la Sierra en Bolivia, como intentaron los fascistas en 2008. Sí estamos de parte del pueblo vasco, para su independencia de España. Lo mismo con Irlanda del Norte respecto a Inglaterra, para posteriormente ver de unificarse con la otra parte de Irlanda. Defendemos el derecho de los palestinos a tener su propio estado con capital en Jerusalén.

LOS PUEBLOS ORIGINARIOS

Quiero terminar mi intervención con una autocrítica partidaria, referida a los pueblos originarios que viven en Argentina, cuya importancia no siempre tuvimos en cuenta.

Es un tema apasionante en nuestro país y por lo que alcanzo a leer, también en Chile, con la problemática en común de los mapuches. En Argentina hubo un genocidio con la “Campaña del Desierto” (1877-1885), un desierto que no era tal, sino que estaba habitado por pampas, tehuelches, mapuches y otros pueblos originarios. Primero una campaña militar de Rosas, en 1833-1834, desde la provincia de Buenos Aires hacia el norte de la Patagonia. Y después con la campaña criminal del general Julio A. Roca, se les arrebataron sus tierras, les segaron miles de vidas y destruyeron las familias, reduciendo a la servidumbre a sus mujeres e hijos.

En esto tampoco el peronismo dio ninguna solución, como se puede apreciar en el documentado libro “El Malón de la Paz”, de Marcelo Valko. Los indígenas caminaron 2000 kilómetros, en 1946, desde Orán, Salta, hasta la Plaza de Mayo. Más allá de gestos demagógicos iniciales, el presidente, general Perón, terminó confinándolos en un hotel en Retiro. Luego los reprimió con la policía y Prefectura, fuerza que los embarcó de prepo en un tren de vuelta a sus lares, sin tierra ni las reivindicaciones que fueron a buscar.

Hoy siguen sus reclamos porque no tienen tierra y son discriminados en forma racista. Cuando recuperan tierras ancestrales en Río Negro o Neuquén, son reprimidos con la policía, Gendarmería y Prefectura, que en 2017 asesinó por la espalda al joven mapuche Rafael Nahuel. En contraste, grandes latifundistas como los Benetton, Joe Lewis y propietarios “argentinos” tienen centenares de miles de hectáreas.

Argentina se cree un país “europeo” hecho sólo con gente que “descendió de los barcos”. Esa es sólo una parte de la verdad. Y la mitad de una verdad es una mentira completa. La otra gran parte de los compatriotas proviene de pueblos originarios, que son muchos. En el Registro Nacional de Comunidades Indígenas (Re.Na.C.I.) hay registrados 34: Atacama, Chané, Charrúa, Chorote, Chulupí, Comechingón, Diaguita, Guaraní, Guaycurú, Huarpe, Iogys, Kolla, Kolla Atacameño, Lule, Lule Vilela, Mapuche, Mapuche Tehuelche, Mocoví, Mbya Guaraní, Ocloya, Omaguaca, Pilagá, Quechua, Ranquel, Sanavirón, Selk’Nam (Ona), Tapiete, Tastil, Tehuelche, Tilián, Toba (Qom), Tonokoté, Vilela y Wichí. El mencionado Re. Na.Ci. Registró 1.456 Comunidades Indígenas.

Esto lo leo porque por supuesto no conocía a todos esos pueblos ni menos podía citarlos de memoria.

La autocrítica del PL es porque llegamos tarde a esta problemática indígena, quizás debido a que en los últimos años hemos sido un partido “demasiado urbano”, con un trabajo limitado en grandes ciudades y sin presencia orgánica en el campo y provincias con fuerte presencia de pueblos originarios.

Tenemos posición tomada a favor de esos pueblos; sobre todo consideramos que sus tierras les deben ser reintegradas y promover formas de asociación entre ellos, nuevas cooperativas y un nuevo Estado plurinacional. En esto último debemos aprender de la experiencia del MAS boliviano y el ex presidente Evo Morales. Atender la cuestión de la tierra, con ser lo primero, no puede ser lo único: hay mucho por respetar de su cultura, lenguas, medicina y organización social.

El PL no es partidario de retrotraer la Argentina al año 1877, pero sí cree que la Argentina del futuro cercano, que tiene que ser socialista, debe contemplar como un protagonista muy importante a los pueblos originarios. También como actor político, con su wiphala a la par de la celeste y blanca como un símbolo de otras cosas tanto o más importantes. Esa sería una de las tantas peculiaridades argentinas de nuestro socialismo. Esos cambios demandan una solución revolucionaria y antiimperialista, democrática, una Asamblea Constituyente y una nueva Constitución, para que esos derechos de los originarios, como los de todos los argentinos, no queden en un enunciado vacío o mera letra de una ley. Dentro del capitalismo dependiente no habrá derechos de originarios ni del resto de los habitantes, cualquiera sea su origen, en la medida que pertenezcan al pueblo trabajador.

Hasta ahora hemos creído que conocer la historia era saber de la Comuna de París, el cruce de los Andes, los soviets de Petrogrado, la Larga Marcha a Yenán, la batalla de Ayacucho, la de Stalingrado y la Guerra Patria, las de Sierra Maestra y Playa Girón, la Vuelta de Obligado, la huelga de los peones de la Patagonia, Malvinas, el Cordobazo y la Generación del ‘70. Error. Esa es una gran parte de la historia, pero no es toda. La historia tiene que incluir también a nuestros pueblos originarios, sus tragedias, luchas y logros, sus caudillos y referentes.

Por eso les pido a los camaradas y amigos del PL que a partir de ahora hagamos un gran esfuerzo por extender la organización partidaria a regiones como Río Negro y Neuquén, en el sur, al resto de la provincia de Salta y a Jujuy en el noroeste, a Chaco, Formosa y Misiones en el noreste, donde es más fuerte la problemática indígena. Y a hacer más trabajo de masas en las barriadas del sur de CABA, gran Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Salta, etcétera, donde viven y trabajan muchos compañeros y compañeras venidos de esas provincias del interior con más presencia originaria y porque ellos mismos reconocen ese ADN. Esa conclusión práctica, política y organizativa me gustaría sacar de esta charla de formación.

Muchas gracias.

Fuente:
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