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26/09/22
Fronteras de Paz, fronteras de vida
Por Miguel Ernesto Salazar

En el marco del Encuentro Binacional de Poetas de Venezuela y Colombia, celebrado hace unas semanas atrás, la “Declaración de Cúcuta y San Cristóbal” marca lo que debe ser la línea de acción de los gobiernos de Colombia y Venezuela en el contexto del restablecimiento de las relaciones diplomáticas, económicas, culturales y militares. La Declaración suscrita por los ministros de Cultura de ambas naciones, Ernesto Villegas y Patria Ariza, respectivamente, acompañados de poetas venezolanos, William Osuna, Luis Alberto Crespo, Joel Linares, Alejandro Vivas, Homero Vivas, Leonardo Ruíz y Vielsi Arias Peraza y poetas de Colombia, Fernando Rendón, Yorlanda Ruiz, Rómulo Bustos, Vito Apüshana, Saúl Gómez, expresa una línea política: “Las delegaciones de poetas de Colombia y Venezuela, reunidas en Cúcuta y San Cristóbal el 17 y 18 de septiembre de 2022, expresan su absoluto respaldo al proceso de restablecimiento de relaciones plenas, seguras y duraderas entre los gobiernos de ambos países, (…) El Encuentro Binacional de Poetas de Colombia y Venezuela es consciente del gran impacto que ejerce en el preámbulo de la apertura de la frontera y de la dimensión social y humana, sustantiva que ha suscitado. Hemos decidido constituirnos como equipo promotor para producir el proyecto cultural «Fronteras de paz, fronteras de vida», que tribute, desde la experiencia poética, a la integración del pueblo colombo-venezolano,…”.

Fronteras de paz, fronteras de vida, como preámbulo a cualquier otra forma de relación, sea esta económica o militar. Fernando Rendón, Director del Festival Internacional de Poesía de Medellín y uno de los firmantes de la Declaración afirmaba que “la hermandad de nuestros países esta signada por la lucha y la vida de ellos, por la literatura y por la poesía y por el espíritu de la unidad, la libertad, la capacidad de disolver las fronteras y recuperar la unidad originaria de América y de nuestras dos naciones”. Rendón ha marcado con antelación la ruta de la integración y la reapertura de la frontera entre ambos países, es parte de ese reencuentro entre pueblos que tienen a Simón Bolívar como un padre común, una bandera común. No solo es un barco venezolano de la filial de PDVSA, Pequiven, que remonta las aguas del Caribe para proveer de fertilizantes a una nueva Monómeros recuperada o unas góndolas provenientes desde el mismo sur de Venezuela transportando materia prima para Colombia, conlleva no solo la integración binacional de países latinoamericanos sino la unidad e integración de toda la región con la mirada hacia al Sur, tal como señalara el Presidente de Colombia, Gustavo Petro en su cuenta de tuiter: “Que un camión colombiano ojalá sin restricciones desde Guyana hasta la Patagonia por toda la comunidad andina ampliada pueda llevar nuestros productos y traer lo que necesitamos. Que una familia que quiera conocer nuestra América lo pueda hacer”.

Después de 7 años de incertidumbres, especialmente en los pueblos de frontera, parece despejarse la ecuación de la convivencia. Según cifras oficiales en 2006, el intercambio comercial entre Venezuela y Colombia llegaba casi a los 2.000 millones de dólares. En el 2008, en una breve y tímida de apertura de fronteras, las actividades de intercambio generaron unos 5.000 millones de dólares. En 2021, según el ministro del Comercio, el intercambio comercial cerró en 394 millones de dólares. El propio embajador de Colombia, Armando Benedetti, recientemente designado por Petro a su llegada señalado que actualmente el intercambio comercial bilateral no supera los 300 millones de dólares. Él mismo lanzo el desafío de superar los 10.000 mil millones de dólares una vez se normalicen las actividades económicas entre ambos países. ¿Ilusorio? Según algunos expertos en la materia, unos 6.500 mil millones de dólares pudieran marcar el camino en los próximos 6 meses.  

Pero las relaciones comerciales entre ambos países van de la mano con lo que pueda Petro lograr con respecto a la paz en Colombia. Las negociaciones con el ELN, con las Disidencias de la FARC y con grupos criminales vinculados al narcotráfico son tan importantes como la apertura del tránsito del transporte de carga por el puente Simón Bolívar. La “paz total” es una condición para avanzar hacia una frontera de paz, una frontera de vida. El propio Comisionado de Paz, Danilo Rueda, designado por Gustavo Petro ha puesto la visión del nuevo gobierno, paz con justicia social: “La paz total nace en los diversos procesos de negociación que han ocurrido en los últimos 30 años en Colombia, y muestran dos asuntos fundamentales: uno, las garantías de la vida de quienes firman los acuerdos, y las garantías jurídicas; y dos, la posibilidad de que haya justicia social. Si no hay justicia social simultáneamente a las garantías para quienes dejan las armas, los procesos de paz fracasan”. Y sobre la paz, no es menos simbólica la reunión entre los ministros de Defensa de ambos países, el GJ Wladimir Padrino Lopez e Ivan Velásquez, bajo la premisa de un amplio y renovado diálogo binacional. Atrás ha quedado la estrategia de Washington ejecutada por Ivan Duque de utilizar a las Fuerzas Armadas de Colombia como punta de lanza para la intervención militar sobre Venezuela y la utilización del territorio neogranadino como centro de operaciones para el entrenamiento y soporte logístico de grupos armados vinculados con la oposición venezolana para derrocar al Gobierno Bolivariano.

Pero el establecimiento de las relaciones bilaterales en Venezuela y Colombia no solo tiene sus detractores sino sus enemigos. No falta quienes definan la “Paz Total”, por ejemplo, como una camino hacia la pesadilla y la ingobernabilidad. Son los mismos sectores colombianos que organizados en lo que han denominado “una nueva oposición” se movilizaron contra los Acuerdos de La Habana y que este 26 de septiembre se han movilizado bajo la bandera de la “reforma tributaria”. ¿Es casual que el 26 de septiembre Álvaro Uribe Vélez realizará una actividad del Centro Democrático (Foro “Las Regiones Vuelven al Centro”) en Cúcuta? Uribe en su línea de reconstruir su fuerza política se convierte en la gran amenaza para la paz, es la mano firme que no suelta “la horqueta en el pescuezo” sobre la paz.

La nueva dinámica a partir de la apertura de la frontera le impondrá una nueva realidad a los sectores que se oponen a la integración de los pueblos de Colombia y Venezuela. Esa misma que golpeo a la oposición venezolana en el Táchira en las pasadas elecciones a gobernadores y gobernadoras y que a estas alturas siguen sin poder descifrar. Y nuevamente en una cita de Fernando Rendón encontramos los espacios de reconciliación y hermandad entre los pueblos bolivarianos que siempre retorna a su cauce originario: “El autoritarismo intenta golpear a la cultura porque ella es en sí misma un poder, ya que está configurada por los valores y símbolos con los que los pueblos se identifican en un momento determinado de la historia humana. Cuando se ponen de relieve los valores transformadores y los símbolos culturales emancipadores, la unidad de los pueblos sobreviene, y se afirman sus vías de pensamiento, sus percepciones, sus creaciones, el ser mismo de su identidad y su vocación histórica.

Cabe entonces recordar las palabras de Gustavo Petro en su discurso de toma de posesión en la plaza Bolívar de Bogotá: Hoy necesitamos estar más juntos y unidos que nunca. Como dijo alguna vez Simón Bolívar: «La unión debe salvarnos, como nos destruirá la división si llega a introducirse entre nosotros». Pero la unidad latinoamericana no puede ser una retórica, un mero discurso”. En Bolívar encontramos las fronteras de paz, la frontera para la vida.

¡Viva la Patria Grande!

Fuente:
Pueblo en Armas

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