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28/08/22
Rusia y China se preparan para los ataques de Occidente
Por Telma Luzzani

¿Se están entrenando Rusia y China para una guerra global?

La pregunta, inquietante, contamina los medios europeos en las últimas semanas. Usan como argumento la práctica de ejercicios militares ruso-chinos Vostok 2022, que tendrán lugar entre el 30 de agosto y el 5 de septiembre, en el oriente de Rusia (Vostok en ruso significa “Este”), y en el que además de China participarán India, Bielorrusia, Mongolia y Tayikistán.

¿Puede entenderse como una demostración de poder y un mensaje político y militar para Occidente? Sí. Y los avisos más importantes son dos: que la alianza entre Beijing y Moscú se fortalece cada vez más y que hay una evidente nueva correlación de fuerzas a nivel mundial. 

¿Son estos “juegos de guerra una amenaza” como dicen los medios de la anglósfera? No. Primero, porque el plan de operaciones afirma que el objetivo es demostrar “la capacidad de resistencia a ataques enemigos”, es decir, es defensivo y no agresivo, a diferencia de los ejecutados por el Pentágono. Segundo -también a diferencia de Estados Unidos-, estos ejercicios se realizan en áreas bajo soberanía rusa. Las maniobras militares ordenados por Washington abarcan todo el planeta: se realizan en el Amazonas y el Mar Caribe con explícito objetivo de invadir Venezuela o junto a Corea del Sur en la vecindad de Corea del Norte como sucede con la actual operación “Escudo de Libertad Ulchi” que comenzó el 22 de agosto y terminará el próximo jueves 1º de septiembre. Los ejercicios Vostok 2022 se llevarán a cabo en 12 lugares diferentes dentro del Distrito Militar del Este (uno de los cinco distritos militares de Rusia), que incluye el Lejano Oriente ruso cerca de la frontera con China, y comprende las regiones hasta el Óblast de Sajalín y las islas Kuriles (reclamadas por Japón).

Tercero, los operativos Vostok no son novedad. Ya se realizaron en 2018 y fueron suspendidos en época de pandemia. Vostok 2018 fue el primer ensayo militar masivo desde la disolución de la Unión Soviética. (En 1981, en plena Guerra Fría, el gobierno de Leonid Brezhnev realizó el último). 

Desde la perspectiva rusa y china, los ejercicios son un mensaje, pero también una prevención ante las crecientes provocaciones de Washington. Además de Europa, los Balcanes y el Báltico, los analistas consideran posibles zonas de tensión en Asia Central y en el Indo-Pacífico sobre todo el Mar de China y el Mar de Filipinas».  

De Pearl Harbour a Guam

No hay dudas de que China ha entrado en el foco de las campañas de demonización motorizadas por EEUU. Ahora los medios estadounidenses sugieren que “podría producirse un nuevo Pearl Harbour” (en referencia al ataque japonés a esa base norteamericana que permitió al Pentágono justificar su entrada a la Segunda Guerra Mundial en 1941), es decir, sugieren que el Ejército Popular de Liberación chino podría realizar “un ataque furtivo en la isla de Guam”, donde EEUU tiene una de las más importantes bases militares (de las casi mil que el imperio tiene distribuidas en la Tierra).

Este virtual ataque justifica, una vez más, el aumento desmesurado de armamento norteamericano en la región de Asia Pacífico ya que consideran que las defensas actuales de Guam son «insuficientes para hacer frente a una ofensiva con misiles a gran escala”. El vicealmirante de la Marina Jon Hill, director de la Agencia de Defensa de Misiles, ya presentó el cronograma de las nuevas “defensas” que estarán listas en 2026.

Los chinos temen que Guam, a casi 10.000 kilómetros de Washington, pero a 2.700 kilómetros Taipei (Taiwán), sea utilizada como plataforma de provocación o agresión contra ellos.

Guam, la isla más grande y meridional del archipiélago de los Ladrones o Marianas, fue “descubierta” por Fernando de Magallanes el 6 de marzo de 1521 durante su extraordinaria aventura de dar, por primera vez en la historia, la vuelta al mundo. Allí fondeó y se aprovisionó de víveres. En 1565, por orden del rey Felipe II, el Prudente, la corona española se apropió de esa isla estratégica en el Pacífico y la integró a la Capitanía General de las Filipinas. Desde entonces fue para el reino una escala imprescindible en la ruta Acapulco-Manila. En 1898 pasó al poder de EEUU luego de que España fuera derrotada en Cuba en la guerra hispano-estadounidense. Como parte de su capitulación, Madrid renunció no sólo a Cuba y Puerto Rico sino también a Filipinas y Guam.

Durante la guerra de Vietnam, las bases militares en esa isla fueron fundamentales para que el Pentágono pudiera bombardear día y noche, durante años, al pueblo vietnamita. En Guam, se almacenaban los millones de toneladas de bombas que llegaban en barco desde EEUU y que luego se cargaban en los B-52. Según el historiador norteamericano Greg Grandin de la Universidad de Nueva York, el objetivo de declararle la guerra a España en 1898 fue quedarse con Cuba, pero también con sus posesiones asiáticas de manera de tener un punto de apoyo en el Pacífico. Por entonces China estaba siendo saqueada y colonizada por británicos, franceses portugueses y alemanes, en lo que los chinos llaman “el siglo de la humillación”.

Rusia y su nueva doctrina militar

El pasado 31 de julio, en el marco de otro impresionante despliegue militar –en este caso un desfile naval, en San Petersburgo, a orillas del río Neva, con la estatua ecuestre de Pedro el Grande como respaldo-, Vladimir Putin anunció la nueva doctrina naval de Rusia.

Para el Kremlin, la principal amenaza a su seguridad es la aspiración de EEUU de “dominar los océanos a través de una hegemonía incontestable». Según el texto: “La potencia estadounidense quiere alcanzar una superioridad abrumadora en el poder naval para controlar el acceso a los recursos de todos los océanos y a las rutas de transporte marítimo vitales, al tiempo que busca impedirle el camino al resto de los países».

Según el documento, se han incrementado los operativos y los conflictos militares en las zonas estratégicas para Rusia y en las áreas marítimas cercanas a ella. “Las principales potencias mundiales que poseen una importante capacidad marítima y un sistema desarrollado de bases siguen aumentando su presencia naval en zonas geopolíticamente significativas de los océanos del mundo, incluidas las zonas limítrofes con el territorio de la Federación de Rusia» dijo Putin al presentar la doctrina en San Petersburgo. Y agregó: “Nuestra flota es capaz de fulminar como un rayo a cualquiera que se atreva a amenazar nuestra soberanía y libertad. La situación actual en el mundo requiere que Rusia tome acciones adecuadas, prontas y decisivas. Estoy convencido de que la actual generación de marineros y oficiales es un pilar fiable e indestructible de la Patria. Para todos nosotros la Patria es una noción sagrada, y su defensa es el alto deber y el sentido de la vida de cada uno de nosotros”.

Rusia tiene 37.650 kilómetros de costas que se extienden desde el Mar de Japón hasta el Mar Blanco (incluye el Mar Negro y el Mar Caspio). Por eso la nueva doctrina naval destaca seis regiones a las que Rusia dará su mayor atención: el Ártico; el océano Pacífico; el Atlántico (que incluye los mares Báltico, Azov, Negro y Mediterráneo bajo su dominio); el mar Caspio; el océano Índico y la región Antártica.

El objetivo explícito del Kremlin es defensivo y apunta a fortalecer sus capacidades militares y recuperar la presencia de Rusia en la escena mundial. Al mismo tiempo reconoce las falencias: un rol muy limitado en las actividades de transporte marítimo; bajo número de buques que operan bajo bandera rusa (en términos porcentuales); mal estado y tamaño reducido de la flota de investigación científica y una insuficiente red de bases de apoyo fuera del país, entre otros. Rusia abandonó su base en Cuba en 2001 y la de Vietnam en 2004. Recién en 2008 reanudó el patrullaje de sus naves por todo el mundo.

En relación a las bases, Moscú planifica crear nuevos centros de transporte marítimo y logística a gran escala en varios los puertos, así como puntos de abastecimiento desde el Mediterráneo Oriental hasta la zona de Asia Pacífico, el Océano Pacífico y el Golfo Pérsico. Proyectan abrir sitios de mantenimiento naval «en territorio de otros países de la región», incluido África y Oriente Medio. La doctrina destaca además el interés por incrementar la cooperación militar-naval con la India, Irán, Arabia Saudí e Irak y, desde ya, garantiza su permanencia en el puerto de Tartus, en Siria. 

Rusia se ve a sí misma como una gran potencia marítima que debe fortalecer su status entre las naciones. Igual que China cree que debe defenderse de la expansión estadounidense y, simultáneamente, cumplir un rol en la preservación de la estabilidad mundial. Los pasos que las potencias se preparan a dar augura, sin duda, tiempos turbulentos.

Fuente:
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