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21/03/22
Regiones: El Salvador
24/03/1980 | San Arnulfo Romero
Por Fernando Bossi Rojas

Se decía que El Salvador era el país de las “14 familias”. Y era cierto, una oligarquía mínima usufructuaba las riquezas del país, mientras la inmensa mayoría de los salvadoreños se debatía entre la pobreza y la extrema pobreza. Y para conservar ese orden de cosas, la oligarquía no dudaba en recurrir a la represión más cruel. El Salvador era el país de las “14 familias”, y también el país de los “Escuadrones de la muerte”.

Solo en los meses de enero y febrero de 1980 fueron asesinadas por el Ejército y los Escuadrones de la Muerte más de seiscientas personas. La oligarquía, apoyada por los Estados Unidos, sembraba el terror ante el avance de las fuerzas populares.

El domingo 23 de marzo de 1980, Arnulfo Romero, en su homilía dominical dijo: «Yo quisiera hacer un llamamiento, de manera especial, a los hombres del ejército. Y en concreto, a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles… Hermanos, son de nuestro mismo pueblo. Matan a sus mismos hermanos campesinos. Y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: ‘No matar’. Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia, y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado. La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la represión».

Al otro día, el lunes 24 de marzo, mientras oficiaba misa en la colonia Miramonte, Romero fue asesinado a balazos.

Pero los esbirros no pudieron con él. Hoy, San Arnulfo engrosa el panteón de los héroes nuestramericanos. Dijo el mártir salvadoreño: «He sido frecuentemente amenazado de muerte. Debo decirle que, como cristiano, no creo en la muerte sin resurrección: Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño.»

Fuente:
Portal Alba

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