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23/08/21
Regiones: Cuba
23/08/1906 | El General Quintín Banderas
Por Fernando Bossi Rojas

Hace apenas unos años, en una finquita de El Calvario, La Habana, un viejo de 107 años, Silvio Banderas Cosme, contaba: “Los norteamericanos de las minas de Nicaro, Oriente, me propusieron en 1959 irme de Cuba, pero yo les dije que un hijo de un primo de Quintín Banderas, moriría en su patria”. El nombre de Quintín Banderas, en Cuba, sigue siendo sinónimo de patriotismo e independencia.

El general José Quintino Bandera Betancourt, «Quintín», nació en 1834, en una barriada pobre de Santiago de Cuba, donde vivía la mayoría de los negros libertos. Quintín no fue a la escuela, y a los 11 años de edad se embarcó como polizonte en un buque que lo llevó hasta Santander, España. Allí pasó mil peripecias, hasta que sus padres lo ubicaron y lo regresaron a Cuba en 1847.

Trabajando de albañil conoció a “Guillermón” y otros patriotas, incorporándose como soldado raso a la lucha anticolonialista cuando éstos revolucionarios se lanzaron al combate. Guillermón era José Guillermo Moncada Veranes, un negro que por su estatura era apodado de esa manera y que por su patriotismo, lealtad y valentía ascendió hasta general de las fuerzas revolucionarias.

Quintín combatió en las tres guerras de independencia (Guerra Grande, en la Chiquita y en la del 95) y estuvo junto a Maceo en la Protesta de Baraguá, hecho por el cual marcó su compromiso con la causa nacional y social, al no aceptar la paz sin independencia ni abolición de la esclavitud. Para estos revolucionarios la independencia iba de la mano con la redención social del pueblo esclavizado, tanto por la España colonialista como por la oligarquía cubana.

Quintín era negro y por tal motivo había sufrido en carne propia las más crueles discriminaciones, aunque nunca se dejó humillar. Su carácter rebelde y su fuerte personalidad fueron la causa por la cual dos veces fue degradado. Sin embargo, por su valentía y firmeza en el combate, rápidamente recuperó sus galones.

Terminada la guerra el gobierno cayó en manos de Tomás Estrada Palma, un singular personaje que terminó siendo un traidor y vendepatria. Quintín, como tantos de sus compañeros mambises, pasó a engrosar la franja mayoritaria del pueblo pobre. El General, que había ganado su rango en cientos de cargas al machete, se encontraba sin dinero, ni ahorros, ni propiedades, ni nada. Con su puro orgullo de patriota acudió al palacio de gobierno a reclamar lo que le correspondía por sus servicios prestados. El presidente Estrada Palma le ofreció una limosna. Con toda la dignidad de un consecuente revolucionario Quintín rechazó el ofrecimiento y se retiró como había llegado.

Así, con sus años a cuesta, Quintín siguió trabajando de promotor de una jabonería, publicitando sus jabones entre las lavanderas pobres, quienes lo respetaban y reconocían como un verdadero prócer.

En 1906 se sumó a la suble¬vación contra la reelección del presidente vendido. Estrada Palma al enterarse de la insubordinación del mambí, lo mandó a matar. El 23 de agosto de ese año fue asesinaron por una partida gubernamental comandada por el Capital Ignacio Delgado, que había sido ascendido a ese rango por el propio General Quintín en la época de la Guerra del 95.

Por orden del primer mandatario lo enterraron en una fosa común, sin ningún nombre que identificara la tumba. Un sacerdote fue quien entregó los restos de Quintín a su familia.

Maceo llegó a decir de él: “Yo, solo con el nombre del compadre Quintín, soy capaz de tomar La Habana”. En sus Memorias, el General había escrito: “siempre he tenido por único y exclusivo lema luchar por la libertad de nuestra Cuba”.

Quintín es un ejemplo de revolucionario que supo dar todo por la independencia de su patria, consiente que esa tarea incluía la lucha por la justicia social y la igualdad.

Fuente:
Portal Alba

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